Skip to content

Dios está llamando a su pueblo

“El Sello de Dios”

Dios esta sellando a su pueblo, y lo esta llamando. Es terrible la crisis que hay en nuestro medio. El amor de muchos se esta enfriando, y necesitamos hacer cuanto podamos para alcanzarlos. A medida que iré colocando las citas, las estudiaremos detenidamente:

La levadura de la piedad no ha perdido todo su poder. En el tiempo en que son mayores el peligro y la depresión de la iglesia, el pequeño grupo que se mantiene en la luz estará suspirando y clamando por las abominaciones que se cometen en la tierra.  Pero sus oraciones ascenderán más especialmente en favor de la iglesia, porque sus miembros están obrando a la manera del mundo.

Hay un grupo en la iglesia que no doblo las rodillas a Baal. Somos pocos, pero Dios va a abreviar su obra en justicia. Jesús está esperando nuestras oraciones, que si bien parecieran no surtir efecto en esta época de tanto desprecio, ese incienso esta llegando a su Presencia. Los angeles las llevan en copas, que pronto rebalsarán, y darán cuenta a este mundo del desprecio terrible que han hecho a la Palabra de Dios y a sus mensajeros.

No serán vanas las oraciones de estos pocos fieles.  Cuando el Señor salga como vengador, vendrá también como protector de todos aquellos que hayan conservado la fe en su pureza y se hayan mantenido sin mancha del mundo. Será entonces el tiempo en que Dios prometió vengar a sus escogidos que claman día y noche, aunque sea longánime con ellos.

Esas oraciones serán nuestra protección en el tiempo de angustia que pronto nos va a sobrecoger. Muchos creen que es en vano orar por los lideres de nuestra iglesia, y se apartan de ella. Muchos son los que lo creen, y lo digo con tristeza de corazón. Si bien muchos lideres y pastores apostatarán de la fe, esa no es una escusa para no clamar a Dios por ellos. Jesús hoy te despertó para que estés leyendo esto y clames a Él. Pronto vendrá y hará justicia.

La orden es: “Pasa por medio de la ciudad, por medio de Jerusalem, y pon una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.” (Eze. 9: 4) Estos que suspiran y lloran han estado ofreciendo las palabras de vida; han reprendido, han aconsejado y suplicado.  Algunos de los que estaban deshonrando a Dios se han arrepentido y han humillado su corazón delante de él. Pero la gloria del Señor se ha apartado de Israel; aunque muchos perseveraban en las formas de la religión, faltaban el poder y la presencia de Dios.

Pueden ser muchos los programas que se hagan en la iglesia, muy bonitos y vistosos. Pero si lo que prima en nuestro medio es el orgullo y la vanagloria, si lo que realmente prevalece es un espíritu de soberbia y no de perdón, Dios abandona ese programa, y no tiene ningún efecto. Y si Jesús es quien abandona, es Satanás quien se hace cargo de aquellos miembros que ingresan a nuestras filas. Es increíble el desprecio que hay entre los miembros de nuestra iglesia por buscar el arrepentimiento y perdón, por hablar y acercarse al hermano para reconocer su falta con presteza, entendiendo que el tiempo se acaba, y pronto todo esto no tendrá mas sentido. Yo reconozco que deshonre a Dios, y busco con todas mis fuerzas arreglar mis cuentas con mis seres queridos y amigos todo el mal que les he hecho. Que ese sea también tu deseo antes de que todo esto termine.

En el tiempo en que su ira se manifieste con castigos, estos humildes y consagrados discípulos de Cristo se distinguirán del resto del mundo por la angustia de su alma, expresada en lamentaciones y lloros, reproches y amonestaciones.  Mientras que otros procuran arrojar un manto sobre el mal existente, y excusar la gran impiedad que prevalece por doquiera, los que tienen celo por el honor de Jehová y amor por las almas no callarán para obtener el favor humano.  Sus almas justas se afligen día tras día por las obras y conversaciones profanas de los impíos.  Son impotentes para detener el torrente de la iniquidad; de ahí que se llenen de pesar y alarma.  Lloran delante de Dios al ver la religión despreciada en los mismos hogares de aquellos que han tenido gran luz. Se lamentan y afligen sus almas porque en la iglesia hay orgullo, avaricia, egoísmo y engaño de casi toda clase.  El Espíritu de Dios, que inspira la reprensión, es pisoteado, mientras triunfan los siervos de Satanás.  Dios queda deshonrado, la verdad anulada.

Es increíble la poca conexión que hay entre los que verdaderamente buscan a Dios y los que no, aun entre los miembros de la iglesia. El sábado a la mañana ya se escuchan en la escuela sabática conversaciones fuera de lugar, pensamientos de lo mas bajo y perversos que pueden habitar en el corazón. Las mujeres vestidas de una manera provocativa que incitan a los hombres a recordar toda esa basura acumulada en la semana en la televisión e internet. Dios ve todo eso, y nos recuerda que estamos siguiendo el mismo camino que nuestros padres los israelitas. Dios no cambió, lo que llamaba fornicación y perversión, lo que llamaba chusmerio, orgullo y codicia lo sigue llamando hoy en día también. Si ofendimos a Dios, busquemoslo en oración. Si ofendimos a Dios y por consiguiente a otro hermano, por más que nos duela y cueste, arreglemos hoy nuestras cuentas. No hay felicidad mas grande en esta tierra, no existe, es imposible encontrar otra, que no sea la que nos da el Espíritu Santo obrando en nuestros corazones. Y lo digo porque lo estoy viviendo.

Aquellos que no sienten pesar por su propia decadencia espiritual ni lloran sobre los pecados ajenos quedarán sin el sello de Dios.  El Señor ordena a sus mensajeros, los hombres que tienen las armas de matanza en la mano: “Pasad por la ciudad en pos de él, y herid; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.  Matad viejos, mozos y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno: mas a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no llegaréis; y habéis de comenzar desde mi santuario.  Comenzaron pues desde los varones ancianos que estaban delante del templo.” (Eze. 9: 5, 6.)

Terrible, no quisiera ni pensarlo. El sello de Dios tiene que ser nuestra prioridad en esta vida. El carácter cristiano tiene que ser modelado por el Espíritu Santo, y aunque tengamos que dejarlo todo por Él, lágrimas y llantos, Él ya lo dió todo por nosotros.

Aquí vemos que la iglesia, el santuario del Señor, era la primera en sentir los golpes de la ira de Dios.  Los ancianos, aquellos a quienes Dios había brindado gran luz, que se habían destacado como guardianes de los intereses espirituales del pueblo, habían traicionado su cometido.  Habían asumido la actitud de que no necesitamos esperar milagros ni la señalada manifestación del poder de Dios como en tiempos anteriores.  Los tiempos han cambiado.  Estas palabras fortalecen su incredulidad, y dicen: El Señor no hará bien ni mal.  Es demasiado misericordioso para castigar a su pueblo.  Así el clamor de paz y seguridad es dado por hombres que no volverán a elevar la voz como trompeta para mostrar al pueblo de Dios sus transgresiones y a la casa de Jacob sus pecados.  Estos perros mudos que no querían ladrar, son los que sienten la justa venganza de un Dios ofendido.  Hombres, jóvenes y niñitos, todos perecen juntos.

Dos pecados grandes hay en nuestra iglesia: la incredulidad y el orgullo. Incredulidad, en el sentido de no creer que Dios es realmente poderoso. Nadie lo cree, incluso he escuchado una y otra vez la falacia de creer que Jesús no puede repetir las cosas que hizo en el antaño, que es cosa vieja, y que nos tenemos que conformar con el escaso poder del Espíritu Santo (producto de nuestra rebelión). Orgullo, en no buscar a Dios y al hermano para confesar nuestros pecados y arrepentirnos. Se esta clamando PAZ Y SEGURIDAD en nuestra iglesia, y seguimos como si nada, como si todavía quedara mucho tiempo más. Es hora de levantarnos.

 

Citas del capítulo “El Sello de Dios”. Joyas de los Testimonios Tomo 2

 

 

 

Comentarios de Facebook

Sé el Primero en Comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *