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El pastor vagabundo

550973_10152127041502468_1037167906_nSe cuenta la historia de un pastor quien se disfrazó de mendigo y fue a la iglesia de 10 mil miembros donde iba a ser presentado como pastor principal en la mañana. Caminó alrededor de la iglesia por 30 minutos en cuanto esta se llenaba de personas para el culto. Solamente 3 de cada 7 de las 10,000 personas decían “hola” al mendigo. A algunas personas, Él les pidió monedas para comprar comida. Nadie en la Iglesia le dio algo. Entró en el templo e intentó sentarse en la parte de adelante, pero los diáconos le pidieron que se sentase en la parte de atrás de templo. Él saludaba a las personas, las que le devolvían miradas sucias y de desprecio al mirarlo de los pies a la cabeza.

En cuanto estaba sentado en la parte de atrás del templo, escuchó los anuncios del culto y luego en seguida el liderazgo subió al altar y anunciaron que se sentían emocionados en presentar al nuevo pastor de la congregación: “Nos gustaría presentarles a ustedes a nuestro nuevo pastor”. Las personas miraron alrededor aplaudiendo con alegría y ansiedad. Fué entonces cuando el hombre sin hogar, el mendigo que se sentaba en los últimos bancos, se colocó en pie y comenzó a caminar por el pasillo central. Los aplausos pararon. Y todos lo observaban. Él se aproximó al altar y agarró el micrófono. Se contuvo por un momento y dijo:

“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Después de haber leído el texto de Mateo 25:34-40, miró a la congregación y les contó todo lo que había pasado aquella mañana. Muchos comenzaron a llorar, muchas cabezas se inclinaron por la vergüenza. El pastor dijo entonces: “Hoy he visto una reunión de personas, y no a la Iglesia de Jesucristo. El mundo tiene suficientes personas, pero no hay suficientes discípulos. ¿Cuándo ustedes se convertirán en discípulos?”. Luego después, encerró el culto y se despidió: “¡Hasta la semana que viene”!

Ser cristiano es más que algo que usted defiende. Es algo que se vive y se comparte con otras personas.

¿Verdadera o ficticia esta historia? No importa. Pero si hay algo de importancia es que esta historia encierra una gran lección general para cada “así llamado discípulo de Cristo”, no sólo se refiere a que debemos de ayudar a los pobres y necesitados del mundo, aunque ésta es la idea principal y más poderosa sino que también debemos de ayudar a la causa de Dios en general en todos los aspectos.

Dios no depende de los hombres para promover su causa. Podría convertir a los ángeles en embajadores de su verdad. Habría podido revelar su voluntad por medio de su propia voz cuando proclamó la ley desde el Sinaí. Pero ha elegido emplear a los hombres para que hagan su obra a fin de cultivar en ellos el espíritu de liberalidad.

Cada acto de abnegación realizado en bien de otros fortalecerá el espíritu de generosidad en el donante, y lo vinculará más estrechamente con el Redentor del mundo, quien “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. 2 Corintios 8:9. Y la vida puede ser una bendición para nosotros únicamente en la medida en que cumplimos el propósito divino para el cual fuimos creados. Todas las buenas dádivas que Dios hace al hombre constituirán una maldición a menos que éste las emplee para hacer felices a sus semejantes y para promover la causa de Dios en el mundo.—The Review and Herald, 7 de diciembre de 1886 

Como una familia misionera estamos dedicados a ayudar a los necesitados en áreas remotas y sin recursos con sus necesidades médicas y otras áreas de sus vidas, llevándoles alivio y esperanza abriendo así sus corazones al mensaje del evangelio.

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Dios le bendiga.
Ministerio En Los Pasos De Enoc


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Hay quienes reparten, y les es añadido más: y hay quienes son escasos más de lo que es justo, mas vienen a pobreza. El alma liberal será engordada: y el que saciare, él también será saciado. Proverbios 11:24, 25

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 2 Corintios 9:7

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