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El Espíritu de Profecía

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. Apocalipsis 19:10

En el Antiguo Testamento y en el Nuevo testamento Dios habló a su iglesia por medio de sus profetas. (2 Crónicas 20:20; 2 Pedro 1:19-21; Hebreos 1:1-3)

Las enseñanzas impartidas por el don de profecía tienen su origen en el cielo; y son la voz de Dios a su pueblo. El Señor ha dado este don a su iglesia para que sea respetado y obedecido, y llega a nosotros bajo la dirección del Espíritu Santo.

Según Apocalipsis 12:17 y 19:10, el Señor ha prometido el don de profecía a la última iglesia que guarda los mandamiento de Dios; y en cumplimiento a esta profecía el Señor suscitó este don entre su pueblo. Desde el año 1844 Dios utilizó a Elena G. White como su mensajera para manifestar su voluntad a la iglesia y al mundo que perece. Por su obra oral y escrita, incontables personas han hallado el camino de la paz con Dios.

Todas las características que identifican a un profeta llamado por el Señor, como fidelidad a la Palabra de Dios, fe en Jesús como su Salvador, reconocimiento de los Diez Mandamientos y el fruto del Espíritu Santo, las encontramos en la vida y obras de esta mensajera de Dios; y su posición en relación a la Biblia la explica ella misma con las siguientes palabras:

Poco caso se hace de la Biblia, y el Señor ha dado una luz menor para guiar a los hombres y mujeres a la luz mayor.—Mensajes Selectos, Tomo 3 p. 32

En las Escrituras Dios ha establecido lecciones prácticas para gobernar la vida y la conducta de todos; pero aunque él ha dado detalles particulares y minuciosos con respecto a nuestro carácter, nuestra conversación y nuestra conducta, sin embargo, sus lecciones son descuidadas e ignoradas en gran medida. Además de la instrucción de su Palabra, el Señor ha dado testimonios especiales a su pueblo, no como una nueva revelación, sino que él desea presentar delante de nosotros las lecciones claras de su Palabra para que puedan corregirse errores, para que pueda señalarse el camino correcto, para que cada alma esté sin excusa.—Carta 63, 1893; véase Joyas de los Testimonios 2:270-271

La Palabra de Dios basta para iluminar la mente más obscurecida, y puede ser entendida por los que tienen deseos de comprenderla. Pero no obstante todo eso, algunos que profesan estudiar la Palabra de Dios se encuentran en oposición directa a sus más claras enseñanzas. Entonces, para dejar a hombres y mujeres sin excusa, Dios da testimonios claros y señalados, a fin de hacerlos volver a la Palabra que no han seguido. La Palabra de Dios abunda en principios generales para la formación de hábitos correctos de vida, y los testimonios, generales y personales, han sido calculados para atraer su atención más especialmente a esos principios.—Testimonies for the Church 5:663-664; Joyas de los Testimonios 2:278-279

En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. Constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa.

Toda la Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñanza, para reprensión, para corrección, para instrucción en justicia; a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, estando cumplidamente instruído para toda buena obra. 2 Timoteo 3:16

En la iglesia de Dios han habido épocas en las que no sólo los hombres fueron llamados, sino también mujeres fieles para transmitir al pueblo de Dios mensajes y amonestaciones de importancia para la vida y la salvación. Por ejemplo: María la hermana de Aarón (Exodo 15:20); Débora (Jueces 4:4), Hulda (2 Reyes 22:14-16), Ana (Lucas 2:36), las hijas de Felipe (Hechos 21:9).

Por lo tanto, la verdadera iglesia estimará altamente este don, recibirá y obedecerá con gratitud las enseñanzas que el Señor ha dado.

Cuando una iglesia desestima o menosprecia este don, menosprecia el camino por el cual Dios desea conducirla con seguridad y bendecirla. (Proverbios 29:18-19; 2 Crónicas 20:20)

Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Amós 3:7

Uno de los dones del Espíritu Santo es el don profético. Este don es una característica de la iglesia remanente y fué manifestado en el ministerio de Elena G. White. Como mensajera del Señor, sus escritos son una fuente continua y autoritativa de Verdad la cual provee para la iglesia consuelo, dirección, instrucción y corrección.

Estos versículos a continuación, nos revelan más sobre el Espíritu de la Profecía:

  • Joel 2:28, 29
  • Hechos 2;14-21
  • Hebreos 1:1-3
  • Apoc. 12:17; 19:10

¿Quién fue Elena G. White?