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Los Milleritas: un pueblo que seguía las enseñanzas de

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GUILLERMO MILLER

Heraldo del Segundo Advenimiento
15 de Febrero, 1782 – 20 de Diciembre, 1849

Cuando era un niño pequeño, Guillermo Miller vivía en una granja en la parte oriental del Estado de Nueva York. A la muerte de sus padres esta granja llegó a ser suya. De muchacho fue un estudiante diligente, prestándose libros y leyéndolos siempre que tenía una oportunidad. De noche, después que sus padres se habían retirado, él se levantaba silenciosamente, tomaba un libro y se echaba delante de la estufa para estudiar. Una noche su padre lo encontró y lo amenazó con azotarlo si no descansaba y dejaba sus necios hábitos de estudio.

Miller tenía fuertes antecedentes religiosos, pero llegó a unirse a la “multitud” equivocada. Sus amigos eran deístas. Esta gente dejaba de lado la Biblia y tenía ideas vagas acerca de Dios y su personalidad. Pero Miller fue siempre un hombre de elevado carácter moral. Lo que no lograba encontrar en la religión buscaba encontrarlo en logros elevados y patrióticos. Sirvió a su país como un oficial en la guerra de 1812. Sirvió con distinción. Después, sirvió como juez de paz en la localidad donde vivía.

Cuando Miller tenía treinta y cuatro años de edad, se sentía insatisfecho con sus puntos de vista. El Espíritu Santo impresionó su corazón, y retornó al estudio de la Palabra de Dios. En este libro Jesús le fue revelado como su Salvador. Encontró en Cristo la respuesta a todas sus necesidades. Se propuso estudiar la Biblia cuidadosamente y determinar, si pudiera, la respuesta a los muchos problemas que lo tenían perplejo. Su estudio lo condujo a las grandes profecías que apuntaban al primer y segundo advenimiento de nuestro Señor. Las profecías de tiempo lo interesaron, particularmente las profecías de Daniel y Apocalipsis.

En el año 1818, como resultado de su estudio de las profecías de Daniel 8 y 9, llegó a la conclusión de que Cristo vendría en algún momento en el año 1843 ó 1844. Él vaciló hasta 1831 antes de empezar a anunciar sus descubrimientos. Para entonces, la suerte estaba echada. A partir de su primer servicio público, podríamos marcar los inicios del movimiento adventista en Norteamérica. En los meses y años que siguieron, aproximadamente 100,000 personas llegaron a creer en la inminencia de la segunda venida de Cristo.

Después del chasco de 1844, Miller vivió por varios años. Descansó en Cristo en 1849. Una pequeña iglesia se estableció cerca de su hogar en Low Hampton, construida por Miller antes de morir. A despecho de su comprensión equivocada del evento que había de ocurrir en 1844, Dios lo usó para despertar al mundo a la proximidad del fin y para preparar pecadores para el tiempo del juicio.

Él yace sepultado en el pequeño cementerio de Low Hampton, Nueva York, aguardando el llamado del Dador de la Vida.

Una Historia acerca de Guillermo Miller

En 1818 Guillermo Miller llegó a la conclusión de que Cristo iba a retornar en 1843 ó 1844. Pero vaciló en hablar a las personas sobre esto, porque pensaba: “Yo sólo soy un granjero y ellos se reirán de mí”. Así que estudió el asunto quince años más. Luego, un sábado a inicios de agosto de 1831, prometió al Señor que si le abría el camino, él iría. Arthur Spalding cuenta la historia de cómo el Señor guió a su sobrino, Irving, a la casa de Miller con la invitación que él había puesto como condición.

“¿Qué quiere decir con abrir el camino?”

“Porque si alguien viniera sin que yo tome la iniciativa y me pidiera ir a anunciar el mensaje, yo diría que el camino estaba abierto”.

“Y luego, Irving [estaba] frente a la puerta, tocando y dando el mensaje de su padre [para ir y realizar un servicio de culto en la ausencia del predicador local]. ‘ Venga y enseñe a nuestra gente que el Señor viene…’”

“Guillermo Miller, fue sacudido por este repentino llamado. No respondió palabra alguna al muchacho, pero dándose vuelta, salió por la puerta trasera y descendió por la pequeña colina del lado oeste y luego subió nuevamente a un huerto de arces, donde él iba a menudo a orar. Pero a lo largo de todo el camino, una voz resonaba en sus oídos: ‘Ve y dilo, ve y dilo, ve y dilo al mundo”. En su huerto de arces (con algunos de los antiguos y patriarcales arces aún en pie, además de algunos arces más jóvenes) cayó sobre sus rodillas y clamó: ‘¡Señor, yo no puedo ir! ¡Yo no puedo! Soy sólo un granjero, no un predicador; ¿cómo puedo llevar un mensaje como Noé?’ Pero todo lo que podía oír era: ‘¿Quebrarás una promesa tan pronto, luego de haberla hecho? ¡Ve y dilo al mundo!’”

“Al final se rindió, clamando: ‘Señor, no sé cómo hacerlo, pero si tú vas conmigo, yo iré’”.

“De inmediato se levantó la carga que pesaba sobre él. Se llenó de ánimo, saltando se puso de pie — esto dicho de un antiguo granjero de edad madura — y saltaba arriba y abajo, aplaudiendo con sus manos y gritando: ‘¡Gloria! ¡Aleluya!’”.

“Lucy, su hija más pequeña, su más constante compañía, lo había seguido, mientras él se apresuraba camino abajo, y ahora, de pie a un lado, ella observó su oración y su triunfo. Sorprendida de tal explosión emocional como nunca la había visto en su padre, corrió de vuelta a la casa exclamando: ‘¡Madre, Madre, ven rápido! ¡Papá está abajo en el huerto y se ha vuelto loco!’ Esto fue lo que el mundo dijo de él después, pero Lucy llegó a reconsiderar su juicio y a seguir sus enseñanzas al final de sus días.”

Bien, esa es la historia del llamado de Miller para predicar la segunda venida de nuestro Señor. ¡Cuán poderoso predicador era él también! Directo, vigoroso. Miles fueron convertidos a través de su ministerio. Si nosotros esperamos que el Señor nos ayude a alistarnos para su venida y para ayudar a otros a estar listos, debemos ser acuciosos estudiantes de la Biblia y tan fieles en nuestra obra como lo fue Miller, allí por los años 1830´s y 1840´s.