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Escudriñando cada día las escrituras


Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.
 Hechos 17:11-12

Primero que nada queremos compartir con usted la siguiente ilustración:

Si usted sale a su jardín y arroja al suelo un poco de aserrín, los pájaros no se fijarán en él; pero si en cambio arroja migajas de pan, en seguida verá cómo los pajaritos bajan de los árboles para comerlas. El que es realmente hijo de Dios conoce bien la diferencia, por así decirlo, entre el aserrín y el pan. Muchos que se dicen cristianos están comiendo del aserrín del mundo, en lugar de ser alimentados por el Pan que desciende del cielo. Lo único que puede satisfacer los anhelos del alma es la Palabra del Dios viviente.

Después del 22 de octubre de 1844, Elena de White escribió:

Mi esposo, el pastor José Bates, el Hno. Pierce, el Hno. Edson, hombre inteligente, noble y leal, y muchos otros cuyos nombres ahora no recuerdo, se encontraban entre los que, después que pasó el tiempo [22 de octubre] en 1844, se dedicaron a buscar la verdad. Estos hombres se juntaban en nuestras importantes reuniones para escudriñar la verdad como si fuera un tesoro escondido. Yo me reuní con ellos, y estudiamos y oramos fervientemente, porque sentíamos que debíamos aprender la verdad de Dios. A menudo nos quedábamos orando hasta tarde, y a veces la noche entera, para recibir luz y estudiar la Palabra. Al ayunar y orar recibíamos gran poder. Pero yo no podía comprender los razonamientos de los hermanos. Mi mente estaba cerrada, por así decirlo, y no podía entender lo que estábamos estudiando. Entonces el Espíritu de Dios descendía sobre mí y me llevaba en visión, y se me daba una clara explicación de los pasajes que habíamos estado estudiando, con instrucciones relativas a la actitud que debíamos asumir con respecto a la verdad y el deber. – Manuscrito 135, del 4 de noviembre de 1903

Estos fueron los inicios de la iglesia profética para el tiempo del fin. Desde sus mismos inicios, su fe se cimentó en la búsqueda de la verdad bíblica.

¿Cuál ha de ser nuestra actitud ante las Sagradas escrituras en el tiempo en que estamos viviendo?

Recibiendo la Palabra

Hechos 17:10-12, dice:

Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.

El relato ocurrió en Berea, una pequeña ciudad macedónica a 80 km., al suroeste de Tesalónica. Hasta allí llegaron Pablo y Silas. Fueron enviados a esta ciudad con el propósito de compartir el evangelio. Al llegar a la ciudad, el apóstol Pablo, como era su costumbre, y era lo primero que hacía porque ese era su foco, comenzaba su trabajo evangelístico de predicación en la sinagoga.

Cuando llegaron a esta iglesia se encontraron que los hermanos, a diferencia de los de tesalónica, eran más nobles. Lo que significaba literalmente “bien nacidos”. Término que se aplicaba a la lealtad y generosidad que idealmente se suponía que caracterizaba a los que eran de cuna aristocrática. Esta cualidad de benevolencia y amplitud de criterio fue la que el apóstol y Lucas admiraron en los judíos Bereanos, quienes, en contraste con los judíos de la sinagoga de Tesalónica, no eran esclavos de los prejuicios, sino que con mentes bien dispuestas estaban listos para estudiar las verdades que Pablo presentaba.

En 1 Tesalonicenses 2:13, dice:

Por eso también damos gracias a Dios sin cesar, de que cuando recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros, la aceptasteis, no como palabra de hombres, sino según es en realidad, la Palabra de Dios, que obra en vosotros los que creéis.

La Biblia es la voz de Dios hablándonos tan ciertamente como si pudiéramos oírlo directamente.  La palabra del Dios viviente no está sólo escrita, sino que es hablada. ¿Recibimos la Biblia como el oráculo de Dios?  Si nos diésemos cuenta de la importancia de esta Palabra, ¡con qué respeto la abriríamos, y con qué fervor escudriñaríamos sus preceptos! La lectura y la contemplación de las Escrituras serían consideradas como una audiencia con el Altísimo.

Elena de White escribió:

La vida de Cristo, que da vida al mundo, está en su Palabra.  Por su palabra Jesús sanó enfermedades y echó demonios; por su palabra calmó el mar y resucitó a los muertos; y la gente daba testimonio de que su palabra era con poder. El hablaba la palabra de Dios como fue hablada por todos los profetas y maestros del Antiguo Testamento. La Biblia entera es una manifestación de Cristo. Es nuestra fuente de poder… Sí, la Palabra de Dios es el pan de vida. Los que comen y digieren esta palabra, y la hacen participar de cada acción y de cada atributo del carácter, se fortalecen en la fuerza de Dios. Da un vigor inmortal al alma, perfecciona la experiencia cristiana y proporciona gozos que perdurarán eternamente. – Review and Herald, 11 de junio, 1908

Cuando el apóstol Pablo habla de que “recibisteis la Palabra de Dios”, es porque está usando la traducción de dos verbos diferentes. El primero, paralambán, que significa “la recepción externa, el escuchar el mensaje”; y el segundo, déjomai, que se refiere a la “recepción interior, a la aceptación del mensaje, que tiene el sentido de recibir, acoger, de abrazar”.

De la misma forma los Bereanos cuando comenzaron a recibir el mensaje de Pablo y Silas lo recibieron con prontitud. Pablo les impartió la misma enseñanza bíblica que él había dado a los judíos en Tesalónica. Solo que en éste caso, los Bereanos solicitaron más y más conocimiento. Ellos anhelaban, y a la vez deseaban intensamente más de ese conocimiento.

¡Qué ejemplo de celo por las cosas de Dios! ¡Qué ejemplo de querer aprender a conocer más de su Salvador! Así como ellos, usted y yo hemos de querer y desear poder dedicar más tiempo al estudio de las Sagradas Escrituras.

Elena de White escribió:

El dinero, el tiempo y las energías son sacrificados a la ostentación y al egoísmo; pero pocos son los momentos dedicados a la oración, al estudio de las Sagradas Escrituras, a la humillación del alma y a la confesión de los pecados. – Dios nos cuida

Además ella agrega:

Bien sabe Satanás que todos aquellos a quienes pueda inducir, a descuidar la oración, y el estudio de las Sagradas Escrituras serán vencidos por sus ataques”. De aquí que invente cuanta estratagema le es posible para tener las mentes distraídas. El Conflicto de los Siglos, p. 573, 1888

Este no era el caso de los abnegados cristianos Bereanos y tampoco debiera ser nuestro caso ¿De qué depende? Sólo depende de usted.

Escudriñando cada día las Escrituras

Hechos 17:11 dice:

Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.

Los Bereanos usaron una inteligencia santificada al estudiar las Escrituras, y encontraron que las palabras inspiradas hablaban de un Mesías que sufriría y resucitaría.

Una vez que examinaron la evidencia y la encontraron verdadera, demostraron su sinceridad aceptando la nueva enseñanza.

Los Bereanos constituyen un buen ejemplo para imitar, por su disposición para examinar lo que les fue presentado como verdad, verificarlo comparándolo con la venerada autoridad de las Escrituras y, finalmente, para seguir la verdad tal como la encontraron.

Este estudio de comprobación era diario. De hecho, la permanencia de Pablo con los Bereanos fue por lo menos suficientemente larga para dirigir a los investigadores en un estudio extenso de las Escrituras.

El salmista oró:

Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. Salmo 119:18

El Señor lo escuchó, porque David dijo:

¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Más que la miel a mi boca! Salmo 119:103

 “Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que la miel, y que la que destila del panal. Salmo 19:10

Como resultado de la búsqueda diligente y diaria de las Escrituras, muchos creyeron el mensaje del Evangelio.

La Biblia aún continúa produciendo convicción y conversión en aquellos que con sinceridad buscan la verdad en sus páginas. Por lo tanto, el estudio de la Biblia no es solo para el enriquecimiento personal sino para compartir la verdad adquirida con aquellas personas que están en el desconocimiento de estas.

Elena de White escribió:

La mente de los Bereanos no estaba estrechada por el prejuicio. Estaban dispuestos a investigar la verdad de la doctrina presentada por los apóstoles. Estudiaban la Biblia, no por curiosidad, sino para aprender lo que se había escrito concerniente al Mesías prometido. Investigaban diariamente los relatos inspirados; y al comparar escritura con escritura, los ángeles celestiales estaban junto a ellos, iluminando sus mentes e impresionando sus corazones. – Hechos de los apóstoles

Ella también añade:

Deseo que todos entiendan bien que un estudio ocasional de la Escrituras no es suficiente. Debemos investigar con todo lo que la expresión implica. El minero explora la tierra con avidez para hallar las vetas de oro. Del mismo modo, debemos rastrear los tesoros escondidos de la Palabra de Dios que Satanás ha tratado de ocultar del hombre desde hace tanto tiempo. El Señor dijo: ‘El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios’ (Juan 7:17).  – Recibiréis poder

Creyeron muchos de ellos

El texto bíblico en Hechos 17:12, dice:

De ese modo, creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas distinguidas, y no pocos hombres.

Muchas personas creyeron por el testimonio de estas personas. Pero para poder compartir les era necesario conocer. Y este conocimiento de la Palabra de Dios, llevó a hermosos resultados y llevará siempre a hermosos resultados de vida para vida eterna.

Muchas mujeres griegas aceptaron entregar sus vidas a Jesús. Pero no solo mujeres, sino que hombres que fueron tocados por el Espíritu Santo a través de otros hombres que sabían lo que estaban diciendo.

Así como hace muchos años atrás, hoy hay mucha gente que necesita conocer esas mismas verdades que Pablo y Silas compartieron de Jesús. Pablo y Silas fueron y compartieron la verdad que conocían. Los Bereanos también compartieron esa verdad que conocían. Usted también, como miembro y discípulo del Señor puede compartir lo mucho o poco que sabe de Jesús con sus vecinos, amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc. Eso que comparta puede ser lo que ellos necesitan para que se encienda la luz del deseo de conocer más de Jesús. Mi querido hermano(a) Dios proveerá para esas personas lo que les falte saber acerca de las verdades del cielo.

La mensajera del Señor escribió:

Tenemos una grandiosa obra que hacer por el Maestro, la de abrir la Palabra de Dios a los que están en las tinieblas del error. Jóvenes amigos, obrad como si tuvierais un cometido sagrado. Debéis ser estudiosos de la Biblia, siempre listos para dar a todo hombre que os lo demande razón de la esperanza que hay en vosotros. Por medio de una verdadera dignidad cristiana dad evidencia de que sabéis que tenéis una verdad que a la gente le interesa escuchar. Si esta verdad está grabada en el alma, se manifestará en el semblante y en el comportamiento, en un noble y tranquilo dominio propio, y en una paz que sólo el cristiano puede poseer. – Testimonios, tomo 5, p. 401, 1885

Conclusión

Elena de White escribió:

Si en las escenas finales de la historia terrenal, aquellos a quienes se proclaman las verdades probatorias siguieran el ejemplo de los Bereanos, escudriñando diariamente las Escrituras, comparando con la Palabra de Dios los mensajes que se les dan, habría un gran número de leales a los preceptos de la ley de Dios donde ahora hay comparativamente pocos. – Hechos de los apóstoles

 

 

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