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¿Por qué debemos salir de las ciudades e irnos a vivir al campo?

Tiempos difíciles están ante nosotros. Ya fuimos advertidos por el Señor Jesús que así seria antes de su regreso a buscar a sus fieles.

Estando sentados en el Monte de Las Olivas Jesús les advirtió a sus discípulos sobre la abominación desoladora, Apocalipsis nos advierte de que vendrá un tiempo en el que no se podrá comprar ni vender, también la Biblia nos habla del tiempo de angustia de Jacob el cual si no estamos bien con Dios y con nuestros semejantes no podremos pasar. Además, nuestra prueba final, la ley dominical nacional pondrá a prueba a todos los que quieran guardar la ley de Dios.

Estos acontecimientos que acabamos de ver son de suma importancia, necesitamos comprenderlos en su totalidad y de manera correcta si queremos ser salvos. Y son las razones por las cuales Dios a dicho: ¡Salgan de las ciudades!… y trasladen a sus familias al campo…

Veamos las razones por las cuales el salir de las ciudades e irnos a vivir al campo es un asunto de vida o muerte. Algunos no lo consideran así, pero Dios nos amonesta a través de su profeta:

‘Fuera de las ciudades’. No consideréis que es una gran privación el tener que trasladaros a los cerros y las montañas, sino buscad un retiro donde podáis estar solos con Dios, para aprender su voluntad y sus caminos…

Insto a nuestro pueblo a que convierta la búsqueda de la espiritualidad en la obra de su vida. Cristo está a la puerta. Por esto digo a nuestro pueblo: ‘No consideréis que es una privación el ser llamados a dejar las ciudades para trasladarse al campo. Allí esperan abundantes bendiciones para los que deseen aprehenderlas. Al contemplar las escenas de la naturaleza, las obras del Creador, y al estudiar la obra de la mano de Dios, seréis transformados imperceptiblemente a la misma imagen’. — De la Ciudad al Campo, p. 14

Vivir rodeado de la naturaleza trae por consecuencia muchos otros beneficios, mejora la calidad de vida de las personas lo que resulta en múltiples mejoras para la salud.

Está demostrado que el aire puro, rico en oxígeno, porta consigo partículas vitalizantes que el cuerpo absorbe no solo a través de la respiración, si no también a través de las células de la piel. De esta forma contribuye considerablemente a la relajación y desintoxicación del cuerpo; incluso provoca una disminución de los pensamientos negativos y las preocupaciones.

Además las personas que viven en el campo:

  • Padecen menos de cáncer.
  • Padecen menos de hipertensión.
  • Desarrollan menos trastornos psicológicos (como ansiedad y depresión)

Entre otros notables beneficios.

El campo también permite un mejor desarrollo de la familia al proveer un ambiente donde se pueden realizar actividades al aire libre que requieren la colaboración de todos los miembros. El ritmo de vida mucho más tranquilo que el que encontramos en las ciudades atestadas de carros y personas, donde el ruido constante y la prisa mantienen a la mayoría en estrés, nos invita a pasar momentos de unión familiar a través de la realización de tareas que nos acercan más a nuestro creador. Por tanto, una mejor vida espiritual, la que no se puede desarrollar en medio del bullicio de las ciudades.

Algunos de los muchos beneficios de vivir en el campo

1. Una vida tranquila, sin prisa y más segura. Cuando se vive en la ciudad, desde la hora en que nos levantamos andamos en una carrera, de prisa todo el día. El tiempo no nos da para nada y pareciera como si necesitáramos días de 48 o para algunos hasta de 72 horas. Nunca hay descanso verdadero. Esta carrera diaria nos pone a veces en situaciones difíciles y peligrosas. La criminalidad y los peligros que corremos en las calles de la ciudad cada día aumentan más.

2. La educación de los niños. En un ambiente tranquilo y al aire libre los niños aprenden lecciones de la naturaleza, lecciones que serán de valor incalculable en el desarrollo de sus caracteres, pues están en contacto directo con las obras del Creador, nuestro mejor maestro. Al contrario en la ciudad muchas veces lo que aprenden son tendencias viles y malsanas las cuales no vale la pena mencionar ya que lo podemos ver con tan solo escuchar las noticias. Esta clase de educación que los sistemas de este mundo ofrecen es contraria a la Verdadera Educación establecida por nuestro Creador.

3. Aire puro. Cuando se vive en la ciudad es imposible respirar aire sin que este contaminado, ya sea que estés afuera en la calle o dentro de algún edificio, es simplemente imposible. Afuera, los miles de autos que constantemente sueltan monóxido de carbono hasta las grandes fábricas con sus chimeneas que no paran de contaminar el ambiente y encima de todo la falta de naturaleza, la cual purifica el aire, hacen del aire que respiramos un aire viciado y maligno para la salud. ¿Cuantas personas con problemas respiratorios hay hoy en día?

4. Un trabajo digno y bendecido. Al trabajar en las tareas diarias del campo, al igual que trabajar la tierra y cosechar nuestras propias provisiones ejercitamos nuestros cuerpos naturalmente. Algo que tanto le hace falta a la mayoría de los que viven en la ciudad. Al vivir en la ciudad desde que despiertan en la mañana están de prisa y lo más lamentable es que la mayoría pasan todo el día sentados; sentados en el carro camino al trabajo, sentados en el trabajo en sus cubículos, luego sentados de vuelta a la casa y al fin en casa sentados frente al televisor hasta la hora de dormir. ¿Dónde quedó el ejercicio?. Para los que se toman el tiempo, la única opción es ir a un gimnasio en alguna localidad o hacer ejercicio en casa, pero ¿cuantos personas lo hacen?, son pocas, la prisa no les deja tiempo para ejercitar sus cuerpos. El trabajo sedentario está causando muchas enfermedades e incluso muertes.

5. Una alimentación más sana. Cuando se vive en el campo podemos cultivar nuestras propias frutas y vegetales, de una manera más limpia y saludable. Al vivir en la ciudad la dependencia de otros no aporta a una buena calidad ya que lo que comemos en la gran mayoría de los casos es comida enlatada, procesada, comida genéticamente modificada, llena de químicos, causante de tantas enfermedades a corto y largo plazo.

6. Paz, descanso físico y mental. En la ciudad no hay silencio, todo es un bullicio, ruido por dondequiera, en contraste los sonidos de la naturaleza son placenteros y relajantes.

7. El contacto con la naturaleza. Al estar en contacto directo con las obras de nuestro Creador poco a poco nuestros caracteres son transformados a su misma imagen. Las plantas, los árboles y los animales que Dios creó nos imparten un sentido de gozo que jamás se experimenta en las ciudades. Los niños apreciarán esta vida mucho más que los placeres que encuentran en las ciudades donde todo es artificial.

8. La comunión con Dios. El más importante de todos los beneficios. “Todos los que están en la escuela de Dios necesitan de una hora tranquila para la meditación, a solas consigo mismos, con la naturaleza y con Dios. En ellos tiene que manifestarse una vida que en nada se armoniza con el mundo, sus costumbres o sus prácticas… Cuando toda otra voz calla, y tranquilos en su presencia esperamos, el silencio del alma hace más perceptible la voz de Dios. El nos dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios. Esta es la preparación eficaz para toda labor para Dios.” Y esto solo se puede conseguir en un ambiente tranquilo como el del campo.

Beneficios de una vida activa al aire libre

Sería bueno para ustedes que dejaran a un lado sus preocupaciones y encontraran refugio en el campo, donde las influencias que corrompen la moral de la juventud no son tan fuertes.

Es verdad que en el campo no estarán totalmente libres de dificultades ni preocupaciones, pero podrán evitar muchos males y cerrar la puerta a un diluvio de tentaciones que amenazan dominar la mente de sus hijos.

Para ellos sería muy provechoso vivir en el campo; una vida activa y al aire libre les daría salud física y mental. Podrían cultivar una huerta, donde podrían encontrar distracción y ocupación útil. El cultivo de plantas y flores ayuda a mejorar el gusto y el juicio, al mismo tiempo que el contacto con las cosas útiles y hermosas que Dios ha creado, ejerce una influencia que refina y ennoblece la mente, y la dirige hacia el Hacedor y Señor de todo. — De la Ciudad al Campo, p. 16

El carácter cristiano se desarrolla mejor en los lugares apartados

Ni una familia de cada cien se beneficiará en el aspecto físico mental o espiritual, por residir en la ciudad. Es mucho más fácil obtener fe, esperanza, amor y felicidad en los lugares apartados, en medio de los campos, las montañas y los árboles. Alejad a vuestros hijos de las escenas y los sonidos de la ciudad, del bullicio y el estrépito de los tranvías y carros, y su mente se fortalecerá. Descubriréis que es más fácil que la verdad de la Palabra de Dios halle morada en sus corazones.

Enviad a los niños a las escuelas ubicadas en la ciudad, donde cada faceta de la tentación está lista para atraerlos y desmoralizarlos, y la tarea de edificar su carácter será diez veces más difícil tanto para los padres como para los hijos. — De la Ciudad al Campo, p. 13 

Ahora veamos unas cuantas declaraciones y advertencias de suma importancia, las cuales tienen que ver directamente con la salvación de nuestras familias.

La vida en las ciudades no cumple el propósito de Dios

En el mundo entero, las ciudades se vuelven semilleros del vicio. Por doquiera se ve y se oye el mal. En todas partes se encuentran incentivos a la sensualidad y a la disipación. La marea de la corrupción y del crimen sube de continuo. Cada día se registran actos de violencia: robos, asesinatos, suicidios y crímenes indecibles.

La vida en las ciudades es falsa y artificial. La intensa pasión por el dinero, el torbellino y el afán de los placeres, la fiebre de ostentación, el lujo y la prodigalidad son otras tantas fuerzas que impiden a la mayoría de la humanidad que cumpla el verdadero fin de la vida. Abren la puerta a una infinidad de males y ejercen sobre la juventud un poder casi irresistible.

Una de las tentaciones más sutiles y peligrosas que asaltan a los niños y a los jóvenes en las ciudades es el afán de placeres. 

El ambiente físico de las ciudades es muchas veces un peligro para la salud. La exposición constante al contagio, el aire viciado, el agua impura, el alimento adulterado, las viviendas oscuras, malsanas y atestadas de seres humanos, son algunos de los muchos males con que se tropieza a cada paso.

No era el propósito de Dios que los hombres vivieran hacinados en las ciudades, confinados promiscuamente en estrechos alojamientos. Al principio Dios puso a nuestros primeros padres entre las bellezas naturales en medio de las cuales quisiera que nos deleitásemos hoy. Cuanto mejor armonicemos con el plan original de Dios, más fácil nos será asegurar la salud del cuerpo, de la mente y del alma. — De la Ciudad al Campo, p. 4-5

Los peligros de las ciudades

Pocos comprenden la importancia que tiene el rehuir, hasta donde sea posible, todas las compañías que no favorecen la vida religiosa. Al elegir su ambiente, pocos son los que dan la primera consideración a la prosperidad espiritual.

Los padres acuden con sus familias a las ciudades, porque se imaginan que allí es más fácil ganarse la vida que en el campo. Los hijos, no teniendo qué hacer cuando no están en la escuela, se educan en la calle. De las malas compañías adquieren hábitos de vicio y disipación. Los padres ven todo esto, pero la corrección de su error requeriría un sacrificio y permanecen donde están, hasta que Satanás obtiene pleno dominio de sus hijos. Mejor es sacrificar cualesquiera consideraciones mundanales, o aun todas ellas, antes que poner en peligro las almas preciosas confiadas a vuestro cuidado. 

En vez de la ciudad atestada, buscad algún lugar apartado, donde vuestros hijos estén, hasta donde se pueda, protegidos de la tentación, y allí educadlos para ser útiles. El profeta Ezequiel enumera así las causas que condujeron al pecado y la destrucción de Sodoma: ‘Soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso’. Ezequiel 16:49. Todos los que quieran escapar a la suerte de Sodoma, deben rehuir la conducta que trajo los juicios de Dios sobre aquella ciudad perversa. — De la Ciudad al Campo, p. 4

Lecciones que nos enseñan Enoc y Lot

Como pueblo que guarda los mandamientos de Dios, debemos salir de las ciudades. Tal como lo hizo Enoc, debemos trabajar en las ciudades, pero no vivir en ellas.— Eventos de los Últimos Días, p. 98

Cuando la iniquidad abunda en una nación, siempre ha de escucharse una voz que dé la amonestación y la instrucción, como la voz de Lot fuera oída en Sodoma. Sin embargo, Lot pudo haber preservado a su familia de muchos males si él no hubiera hecho su hogar en esa ciudad malvada y corrompida. Todo lo que Lot y su familia hicieron en Sodoma podría haber sido hecho por ella, aun cuando hubieran vivido en un lugar a cierta distancia de la ciudad. Enoc caminó con Dios, y sin embargo no vivió en medio de ninguna ciudad mancillada, con toda clase de violencia y maldad, como lo hizo Lot en Sodoma. — De la Ciudad al Campo, p. 30

Salvación de los hijos versus comodidad y conveniencia

Los niños no deben estar expuestos por más tiempo a las tentaciones de las ciudades que están maduras para su destrucción. El Señor nos ha amonestado y aconsejado para que saliésemos de las ciudades. Por eso no debemos hacer más inversiones en ellas. Padres y madres, ¿cómo consideráis las almas de vuestros hijos? ¿Estáis preparando a los miembros de vuestras familias para ser trasladados a las cortes celestiales? ¿Los estáis preparando para que sean miembros de la familia real e hijos del Rey celestial? ‘Porque, ¿qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?’ Marcos 8:36. ¿Qué importancia tienen el ocio, la comodidad y la conveniencia, comparados con el valor de las almas de vuestros hijos? — Mensajes Selectos, Tomo 2, p. 407

La influencia del campo en la vida de los hombres nobles

Tal fue el caso también para la gran mayoría de los hombres mejores y más nobles de todas las edades. Leed las historias de Abrahán, de Jacob y de José, de Moisés, de David y de Eliseo. Estudiad la vida de los hombres que en tiempos posteriores desempeñaron cargos de confianza y responsabilidad, de los hombres cuya influencia fué de las más eficaces para la regeneración del mundo.

¡Cuántos de estos hombres se criaron en humildes hogares del campo! Poco supieron de lujos. No malgastaron su juventud en diversiones. Muchos de ellos tuvieron que luchar con la pobreza y las dificultades. Muy jóvenes aún aprendieron a trabajar, y su vida activa al aire libre dio vigor y elasticidad a todas sus facultades. Obligados a depender de sus propios recursos, aprendieron a luchar con las dificultades y a vencer los obstáculos, con lo que adquirieron valor y perseverancia. Aprendieron a tener confianza en sí mismos y dominio propio. Apartados en gran medida de las malas compañías, se contentaban con placeres naturales y buenas compañías. Sus gustos eran sencillos, y templados sus hábitos. Se dejaban dirigir por principios, y crecían puros, fuertes y veraces. Al ser llamados a efectuar la obra principal de su vida, pusieron en juego vigor físico y mental, buen ánimo, capacidad para idear y ejecutar planes, firmeza para resistir al mal, y todo esto hizo de ellos verdaderas potencias para el bien en el mundo. — De la Ciudad al Campo, p. 15

Mejor que las riquezas

Mejor que cualquier herencia de riquezas que podáis dejar a vuestros hijos será la dádiva de un cuerpo vigoroso, una mente sana y un carácter noble. Quienes comprendan lo que constituye el verdadero éxito de la vida serán sabios a tiempo. Al establecer un hogar recordarán las mejores cosas de la vida.

En vez de vivir donde sólo pueden verse las obras de los hombres y donde lo que se ve y se oye sugiere a menudo malos pensamientos, donde el alboroto y la confusión producen cansancio e inquietud, id a vivir donde podáis contemplar las obras de Dios. Hallad la paz del espíritu en la belleza, quietud y solaz de la naturaleza. Descanse vuestra vista en los campos verdes, las arboledas y los collados. Mirad hacia arriba, al firmamento azul que el polvo y el humo de las ciudades no obscurecieron, y respirad el aire vigorizador del cielo. Id adonde, lejos de las distracciones y disipaciones de la vida de la ciudad, podáis dar vuestro compañerismo a vuestros hijos y enseñarles a conocer a Dios por medio de sus obras y prepararlos para una vida de integridad y utilidad. — El Ministerio de Curación, p. 284

Antes que sobrevenga el azote

Antes que el azote venga como avenida de aguas sobre los habitantes de la tierra, el Señor exhorta a todos los que son israelitas de verdad a prepararse para aquel suceso. A los padres hace llegar este grito de alarma: Juntad a vuestros hijos en vuestros hogares; separadlos de aquellos que desprecian los mandamientos de Dios, que enseñan y practican lo malo. Salid de las grandes ciudades tan pronto como os sea posible. Estableced escuelas de iglesia. Dad a vuestros hijos la Palabra de Dios por fundamento de toda su educación.— Joyas de los Testimonios, Tomo 2, p. 454

El Señor me instruyó para que advierta a nuestro pueblo que no se congregue en las ciudades para habitar en ellas con sus familias. Se me indicó que diga a los padres y a las madres: Cuidad de mantener a vuestros hijos dentro de los límites de vuestro hogar. — De la Ciudad al Campo, p. 12

El peligro de permanecer innecesariamente en las ciudades

En armonía con la luz que me fue dada, insto a la gente a salir de los grandes centros poblados. La perversidad de nuestras ciudades aumenta, y cada vez resulta más evidente que los que permanezcan innecesariamente en ellas, correrán el peligro de perder sus almas. — De la Ciudad al Campo, p. 8

Nos esperan tiempos difíciles

No debemos ubicarnos donde seamos forzados a estar en contacto con quienes no honran a Dios… Pronto surgirá una crisis con respecto a la observancia del domingo…

El partido del domingo se está fortaleciendo en sus pretensiones falsas, y esto significará opresión para los que decidan guardar el sábado del Señor. Debemos ubicarnos en un lugar donde podamos cumplir plenamente con el mandamiento del sábado. El Señor declara: ‘Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna’. Éxodo 20:9, 10. Y debemos tener cuidado de no colocarnos en un lugar donde será difícil para nosotros y nuestros hijos observar el sábado.

Si en la providencia de Dios podemos conseguir lugares lejos de las ciudades, el Señor quiere que lo hagamos. Nos esperan tiempos difíciles. — De la Ciudad al Campo, p. 20

De suma importancia:

 

Dios ayudará a su pueblo a encontrar tales lugares fuera de las ciudades. — El Hogar Cristiano, p. 123