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El paralelo profético

LA ABOMINACIÓN DESOLADORA – ANTES Y AHORA
Un análisis del Espíritu de Profecía respecto a la advertencia de salir de las ciudades.

Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de nuestra nación [los Estados Unidos], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas. — Testimonios para la Iglesia, vol. 5, p. 439

La cita de Elena G. White que acabamos de ver referente al sitio de Jerusalén, señala una profecía dada por el mismo Jesús. Él le dijo a sus discípulos:

Y cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. — Lucas 21:20

Cuando los ejércitos romanos sitiaron la ciudad, plantaron (clavaron – pusieron) en el suelo sus estandartes o banderas, las cuales tenían pintados sus dioses paganos. Esos estandartes o banderas fueron clavados en un área del suelo alrededor de las murallas de la ciudad conocida como “tierra santa” o “el lugar santo” – este lugar no debe confundirse con “el lugar santo” en el templo. Por lo tanto, este es el mismo evento que se encuentra en el libro de Mateo:

Cuando viereis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda) Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. — Mateo 24:15-16

El área pintada de azul representa el “suelo sagrado” o “lugar santo”. Este no debe confundirse con el “lugar santo” en el templo.

Aquí vemos que la “Abominación Desoladora” puesta en el lugar santo se refiere a cuando los ejércitos romanos clavaron sus estandartes o banderas paganas en “la tierra santa” alrededor de las murallas de la ciudad de Jerusalén. Note la descripción de la Sra. White:

Tan pronto como los estandartes del ejército romano idólatra fuesen clavados en el suelo sagrado, que se extendía varios estadios más allá de les muros, los creyentes en Cristo debían huir a un lugar seguro. — El Conflicto de los Siglos, p. 25

Note una vez más, la comparación de la Sra. White de este evento con su aplicación en los tiempos modernos (en sus días, 1888):

Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de nuestra nación [los Estados Unidos], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas. — Testimonios para la Iglesia, vol. 5, p. 439

En base a esta declaración, muchos aseguran que no será necesario dejar las grandes ciudades hasta que se apruebe oficialmente la ley dominical nacional. Sin embargo, un estudio cuidadoso de las frases usadas en esta cita junto con una comparación del uso de frases similares que la Sra. White usa en otros lugares revela una conclusión muy diferente.

A continuación examinemos cuidadosamente cada frase clave de esta declaración, con el siguiente principio, para llegar a una comprensión correcta:

Los testimonios mismos serán la clave que explicará los mensajes dados, a medida que se explique un texto con otro. — Mensajes selectos, vol. 1, p. 47

Empecemos a analizar esta cita frase por frase:

1. “Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea…”

Ésta frase establece las bases para lo que la Sra. White continúa diciendo en el resto del párrafo (Testimonios para la Iglesia, vol. 5, p. 439). La mensajera del Señor es quien apunta a los eventos paralelos que debemos considerar. La palabra “Así” indica que la señal en nuestra época sería como la señal en la época de los discípulos. Ya hemos visto que la señal en Jerusalén se produjo cuando los ejércitos romanos, al mando del general Cestio, plantaron sus estandartes paganos en “la tierra santa” o “lugar santo”. Ese sitio duró muy poco, y no llegó a desolar (o destruir) la ciudad ni el templo en aquel momento:

Después que los soldados romanos, al mando del general Cestio Galo, hubieron rodeado la ciudad, abandonaron de pronto el sitio de una manera inesperada y eso cuando todo parecía favorecer un asalto inmediato. Perdida ya la esperanza de poder resistir el ataque, los sitiados estaban a punto de rendirse, cuando el general romano retiró sus fuerzas sin motivo aparente para ello. La previsora misericordia de Dios había dispuesto los acontecimientos para bien de los suyos. Ya estaba dada la señal a los cristianos que aguardaban el cumplimiento de las palabras de Jesús, y en aquel momento se les ofrecía una oportunidad que debían aprovechar para huir, conforme a las indicaciones dadas por el Maestro. — El Conflicto de los Siglos, p. 29

Luego de la retirada de los ejércitos, pasaron varios años, entonces los ejércitos romanos regresaron bajo el mando del general Tito. Fue este segundo sitio el que condujo a la desolación (destrucción) de la ciudad y el templo.

Tenga en cuenta que el primer sitio de Jerusalén solo fué una amenaza. Cuando los ejércitos romanos plantaron sus banderas en la “tierra santa”, solo estaban dando a conocer sus intenciones, así como hacer una demostración de su poder aparente. Sin embargo, lo que los ejércitos romanos planeaban no llegó a concretarse en ese momento. Por el contrario, se produjo un retiro, dejando la puerta abierta a los discípulos para que pudieran obedecer la advertencia.

En 1897, la Sra. White escribió una declaración notable en la cual ella dijo que el cumplimiento de esta profecía en nuestra época ya había tenido lugar:

El mundo protestante ha establecido un día de reposo idolátrico en el lugar donde debería estar el sábado de Dios, y va en pos de las pisadas del papado. Por esta razón veo la necesidad de que las familias del pueblo de Dios se trasladen fuera de las ciudades, a lugares apartados del campo. — De la Ciudad al Campo, p. 20

Ahora volvamos a ver esta cita que acabamos de leer, pero esta vez en comparación con la cita que describe el sitio de Jerusalén. Observe las frases casi idénticas de estas dos declaraciones a continuación:

Tan pronto como los estandartes del ejército romano idólatra fuesen clavados en el suelo sagrado, que se extendía varios estadios más allá de los muros, los creyentes en Cristo debían huir a un lugar seguro. — El Conflicto de los Siglos, p. 25

El mundo protestante ha establecido un día de reposo idolátrico en el lugar donde debería estar el sábado de Dios, y va en pos de las pisadas del papado. Por esta razón veo la necesidad de que las familias del pueblo de Dios se trasladen fuera de las ciudades, a lugares apartados del campo. — De la Ciudad al Campo, p. 20

¿Es sólo una coincidencia que la Sra. White usó frases prácticamente idénticas en los dos casos? ¿Es mera coincidencia que ella haya usado estas frases para señalar la razón por la que se había convertido en una “necesidad” para el pueblo de Dios el salir de las ciudades? Algunos sugieren que sí es coincidencia. El espíritu de la profecía nos revela claramente y decímos: “No, esto no es una coincidencia!”

¿A qué puede estar refiriéndose la Sra. White cuando habla de que se “ha establecido un día de reposo idolátrico” de una manera tan significativa, y apunta a este evento como la razón para salir de las ciudades? Resulta que durante el siglo 19 hubo algunos avances notables en cuanto a una ley dominical nacional en los Estados Unidos. De importancia particular es un proyecto de ley que fue presentado en el Congreso de los Estados Unidos de Norte América por el senador H.W. Blair de New Hampshire (1888), hoy en día conocido simplemente como el “Blair Bill”. Este fue el primer intento en la historia de aprobar una ley dominical federal. Antes de esto, había habido leyes dominicales estatales, pero este proyecto de ley, de haber sido aprobado como ley, podría haber hecho del domingo el día legal de culto en todos los territorios federales (estados). Debido en parte a los esfuerzos de A.T. Jones en audiencias ante un comité del Congreso, el proyecto de ley del senador Blair no se convirtió en ley. Durante finales de 1880 y principios de 1890 continuó la agitación sobre la legislación del domingo, y en 1892 hubo incluso una ley del Congreso para mantener la feria mundial de Chicago cerrada en domingo. Con el tiempo, el problema desapareció.

Pero antes de que podamos señalar inequívocamente estos acontecimientos como el cumplimiento de la “Señal” para salir de las ciudades en nuestra época, debemos tener en cuenta el resto de las frases usadas en la cita de Testimonios para la Iglesia, vol. 5, p. 439.

2. “…así la asunción de poder por parte de nuestra nación [los Estados Unidos]…”

Con referencia a esta frase, algunos aseguran que no hubo tal toma de poder en los acontecimientos relacionados con el proyecto de ley del senador Blair. Necesitamos probar la veracidad de esa conclusión mediante el uso de los testimonios para que sean los testimonios mismos los que expliquen, al igual que se explique un texto con otro.

En primer lugar, observe los siguientes usos de las mismas frases y otras similares:

Pero no debe haber ninguna toma del poder por parte del pueblo escogido de Dios. Los que toman las órdenes de Cristo no deben tratar de obligar a otros a obedecer la ley de Jehová. — Signs of the Times, 22 de noviembre 1899

Nótese aquí, que incluso el tratar de convencer a los demás constituye una “toma del poder”. De hecho, de acuerdo con la Sra. White, hacer a un lado el Séptimo Día Sábado, poniéndo otro día en su lugar, es una “Asunción” de la autoridad de Jehová. Observe la siguiente declaración:

El Creador con su propia autoridad nos dió su sábado para que lo guardáramos; y sin embargo los agentes humanos tratarían de echar a un lado el Séptimo Día Sábado, que conmemora la santa obra de Dios de la creación del mundo en la cual trabajó seis días y descansó en el séptimo día. ¿Cómo pueden los hombres atreverse asumir la autoridad de Jehová, y presentarse a sí mismos como Dios, en cambiar los tiempos y las leyes? — Manuscript Releases, vol. 21, 88

Siendo este el caso, sería sin duda una “toma del poder” el tan solo considerar la idea de aprobar una ley dominical. Por lo tanto, las audiencias sobre el proyecto de ley Blair en sí serían una toma del poder por parte de nuestra nación. No debe sorprendernos entonces que al final del siglo 19, la Sra. White declaró que esa “asunción” ya había tenido lugar:

Así es que será de nuevo. Pero esta vez será por el Séptimo Día Sábado que se peleará la batalla. Las autoridades de este mundo se levantarán con su orgullo y poder y harán leyes para restringir la libertad religiosa. Asumirán el derecho que pertenece únicamente a Dios, y, como Nabucodonosor, pensarán que pueden forzar la conciencia, que sólo Dios puede controlar. Incluso, ahora están haciendo un comienzo, pero seguirán adelante hasta que lleguen al punto en el cual no podrán parar. Entonces Dios se interpondrá en nombre de sus fieles, los que guardan sus mandamientos. — Review and Herald, 20 de diciembre 1898

Note la frase, “Incluso ahora están haciendo un comienzo…”. Nos preguntamos: ¿Un comienzo de qué? La respuesta es simple: un comienzo de “toma” del poder. Un derecho que pertenece sólo a Dios. Algunos insisten en que no hubo tal toma de poder en los eventos de la ley dominical hace más de un siglo, pero vemos en la declaración anterior que la Sra. White deja claro que, efectivamente, esta “asunción de poder” ya había comenzado.

Sin embargo, de acuerdo con la Sra. White, las cosas empeorarían. Aquí vemos destellos de ese paralelo, es decir, los dos sitios alrededor de Jerusalén. A la luz de este paralelismo, podríamos también esperar “dos sitios” en nuestra época. Note esta declaración:

La presión de la ley dominical ha venido y viene. …Podemos ver que lo que hemos estado hablando durante los últimos treinta y cinco años, esta ley que ha causado que el domingo sea exaltado y que ha hecho que inventos humanos ocupen el lugar del día santo de Dios se está cumpliendo. — Manuscript Releases, vol 10, 275

Si alguna vez hubo evidencia de que habría “dos sitios” en los últimos días, aquí está! ¿Qué mejor manera de describir la situación de que la presión de la ley dominical “ha venido y viene”! Esto sirve como evidencia alarmante de que realmente estamos viviendo entre estos dos asedios.

Esto también explica el por qué la Sra. White habló de una crisis que se avecina, incluso después de los acontecimientos relacionados con el proyecto de ley dominical del senador Blair en 1888.

3. “…el decreto que imponga el día de descanso papal…”

Una vez más, algunos aseguran que en la crisis de la ley dominical hace más de un siglo atrás, la ley dominical no se puso en vigencia (no se aprobó), por lo tanto, sólo cuando se apruebe la ley entonces se cumplirán las condiciones descritas en la declaración anterior. Pero que dice la mensajera de Dios al respecto? ¿Qué quiere decir con la frase, “el decreto que imponga el día de descanso papal”? Por otra parte, ¿Alguna vez ella indicó que dicho decreto había ocurrido?

En primer lugar, es interesante notar que la Sra. White se refirió a la “ley dominical” como tal a pesar de que aún no había sido aprobada oficialmente. Note las siguientes declaraciones:

En el tiempo mismo en que vivimos, el Señor ha llamado a su pueblo y le ha dado un mensaje para presentar. Lo ha llamado a exponer la maldad del hombre de pecado, que ha hecho de la ley del domingo un poder distintivo, que ha pensado en cambiar los tiempos y la ley, y ha oprimido al pueblo de Dios que se mantiene firme para honrarlo y guardar el único verdadero día de reposo, el sábado de la creación, como santo para el Señor. — Testimonios para los Ministros, p. 117. (1903)

Deberíamos estar haciendo ahora lo mejor que podemos para derrotar esta ley dominical. La mejor manera de hacerlo es exaltar la Ley de Dios y destacarla en toda su santidad. Esto se debe hacer si la verdad ha de triunfar. — Carta 58, 1906 — El Otro Poder, p. 98

Pero la Sra. White fue más allá, señalando que el “decreto que imponga el día de descanso papal” estaba ya siendo visto:

El decreto que imponga el culto de este día (entiéndase el domingo) ha de ir a todo el mundo. Hasta cierto punto, ya ha salido. En varios lugares ya el poder civil está hablando con la voz de un dragón, al igual que el rey pagano habló a los cautivos hebreos. — Signs of the Times, 06 de mayo 1897

Una vez más, vemos una clara evidencia de que la señal ya llegó. Así como el primer ataque de los ejercitos romanos sólo se limitó a una mera amenaza fuera de los muros de la ciudad de Jerusalén, pero luego, varios años más tarde la destrucción llegó, así mismo la ley dominical nacional no se completó en la época de la Sra. White, pero se completará.

4. “…será para nosotros una amonestación…”

¿Acaso la Sra. White dió alguna indicación de que esta advertencia debe ir adelante? La respuesta es un rotundo “Sí” y con claridad! Observe la siguiente cita:

Antes de destruir a Sodoma, Dios mandó un mensaje a Lot: ‘Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.’ La misma voz amonestadora fué oída por los discípulos de Cristo antes de la destrucción de Jerusalén: “Y cuando viereis a Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes.” — Lucas 21:20, 21. No debían detenerse para salvar algo de su hacienda, sino aprovechar lo mejor posible la ocasión para la fuga. Hubo una salida, una separación decidida de los impíos, una fuga para salvar la vida. Así fué en los días de Noé; así ocurrió en el caso de Lot; así en el de los discípulos antes de la destrucción de Jerusalén, y así será en los últimos días. De nuevo se oye la voz de Dios en un mensaje de advertencia, que manda a su pueblo separarse de la impiedad creciente. — Patriarcas y Profetas, 162

¿Acaso este mensaje de alerta se refiere específicamente al mensaje de salir de las ciudades? La respuesta la encontramos en la siguiente declaración:

Esta madrugada no pude dormir después de las dos. Durante la visión de la noche me veía a mí misma en una junta. Rogaba a varias familias que aceptasen las instrucciones establecidas por Dios y saliesen de las ciudades para salvar a sus hijos. Algunas de ellas dejaban pasar el tiempo sin tomar una determinación. Los ángeles de la misericordia apresuraron a Lot, a su esposa y sus hijas tomándolos de las manos. Si Lot se hubiera apresurado tal como el Señor lo deseaba, su esposa no se habría convertido en una estatua de sal. Lot adolecía de un marcado espíritu de dilación. No seamos como él era. La misma voz que amonestó a Lot a que saliese de Sodoma, nos ruega: ‘Salid de en medio de ellos, y apartaos… Y no toquéis lo inmundo’. — 2 Corintios 6:17. Aquellos que obedezcan esta amonestación encontrarán un refugio. Que cada hombre esté bien despierto y procure salvar a su familia. Que se ciña para realizar el trabajo. Dios revelará punto por punto qué debe hacer después. — Review and Herald, 11 de diciembre 1900 — De la Ciudad al Campo, p. 5

La mensajera del Señor deja claro que al igual que los discípulos fueron advertidos antes de la destrucción de Jerusalén, y al igual que Lot estaba advertido para que saliera de Sodoma, así mismo el pueblo de Dios recibiría la misma advertencia en su época. Ella es la que hace la comparación. Ella es la que hace el paralelo.

5. “…Entonces será el tiempo…”

Antes de esto, la Sra. White había ya escrito declaraciones sobre las ventajas de vivir en el campo, en comparación con la vida en las ciudades. Pero si las palabras “Entonces será el tiempo”, tienen algún significado, debemos comprender que sin duda en el momento de su escritura (1885), se produjo un cierto sentido de que “aún no era el momento” para que el mensaje fuese presentado con tal urgencia. De acuerdo con el principio: “Los testimonios mismos serán la clave que explicará los mensajes dados, a medida que se explique un texto con otro”, vamos a ver si los mismos testimonios nos indican si ese tiempo alguna vez llegó. Considere lo siguiente:

Ha llegado el tiempo cuando, a medida que Dios abra el camino, las familias deberían salir de las ciudades. Los niños deberían ser llevados al campo. Los padres deberían conseguir un lugar tan apropiado como lo permitan sus recursos. — Manuscrito 50. 1903 — De la Ciudad al Campo, p. 24

Note aquí la frase “ha llegado el tiempo”. Una vez más, si las frases usadas significan algo, entonces estas palabras significan un cambio en las circunstancias. Si las razones para abandonar las ciudades en aquel momento en que se escribieron estas declaraciones simplemente se hubiesen limitado a las razones dadas todo el tiempo en el ministerio de Elena G. de White, entonces no habría ningún sentido en el uso de las palabras, “ha llegado el tiempo”. Por otra parte, estas palabras responden a ésta frase que la Sra. White había usado anteriormente: “Se acerca el tiempo”, o más específicamente, “Entonces será el tiempo”.

Ya vimos anteriormente otra declaración que apunta claramente a un evento en el mundo protestante, el cual provocó la “necesidad” de salir de las ciudades. Veamos esa declaración una vez mas:

El mundo protestante ha establecido un día de reposo idolátrico en el lugar donde debería estar el sábado de Dios, y va en pos de las pisadas del papado. Por esta razón veo la necesidad de que las familias del pueblo de Dios se trasladen fuera de las ciudades, a lugares apartados del campo. — De la Ciudad al Campo, p. 20

En esta declaración vemos un cambio en las circunstancias el cual ha traído la necesidad de que el pueblo de Dios preste especial atención a la reubicación.

Pero hay aún más evidencia de un cambio en las circunstancias provocadas por sucesos que ocurrieron en los días de la Sra. White, sobre todo relacionados con la cuestión de la ley dominical. Observe la siguiente declaración sobre los acontecimientos relacionados con el proyecto de ley (el Blair Bill) de 1888. Tenga en cuenta que la “Asociación Nacional de la Reforma” fue el principal patrocinador del proyecto de ley, y que las audiencias del proyecto de ley acababan de tener lugar al momento en que se publicó esta declaración en enero de 1889:

Tenemos que demostrar al mundo que reconocemos, en los eventos que se están llevando a cabo en relación con el “Movimiento Nacional de Reforma”, el cumplimiento de la profecía. Lo que hemos, durante los últimos treinta o cuarenta años, anunciado que vendría, ya está aquí, y la trompeta de cada vigilante en los muros de Sión debe dar la alarma. — Review and Herald, 1 de enero de 1889.

Recuerde que en 1885 la Sra. White se refirió a la “señal” para salir de las ciudades con las palabras: “Entonces será el tiempo” (Testimonios para la iglesia, Vol.5, p. 439). Fíjese ahora, en 1889 ella dijo que los acontecimientos que se había dicho “vendrían” ahora “están aquí”. Es evidente que ella está hablando de un cambio de circunstancias en relación con el tema de la ley dominical, y el punto clave para ese cambio en las circunstancias está en los acontecimientos relacionados con el proyecto de ley (Blair Bill) de 1888. Algunos sugieren que, dado que el proyecto de ley no fue aprobado oficialmente, es asunto de poca importancia. Si eso es cierto, ¿por qué entonces la Sra. White se refiere a los acontecimientos relacionados con el Blair Bill como un “cumplimiento de la profecía”?

6. “…abandonar las grandes ciudades…”

Aquí vemos la instrucción de la Sra. White de que el primer paso a tomar cuando viniere la “señal” sería dejar las grandes ciudades. Más tarde, el pueblo de Dios tendría que dejar las ciudades más pequeñas y, finalmente, pasar a “hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas.” Al comparar lo que ella dijo más tarde en su ministerio, nos encontramos con una claro y urgente llamado a dar este primer paso y salir de las ciudades “grandes”:

¡Fuera de las grandes ciudades tan pronto como sea posible! — Testimonios para la Iglesia, vol. 6, 199 (1900)

Que sea su estudio el seleccionar y construir sus hogares, tan lejos de Sodoma y Gomorra como sea posible. Manténganse fuera de las grandes ciudades. Si es posible, construyan sus hogares en el tranquilo retiro del campo… — Lake Union Herald, 7 de abril de 1909 (Nota del autor: Note aquí que la mensajera del Señor es clara en mantenerse fuera de las grandes ciudades, ademas también anima a que si es posible, el pueblo de Dios debe estar buscando ir más allá de las ciudades pequeñas, a lugares tranquilos y retirados en el campo.)

La sabiduría humana ha destacado las ventajas de permanecer en Battle Creek, cuando el Señor había dicho: “Id y construid plantas en diversos lugares cerca de las ciudades, pero no dentro de ellas”. — Manuscrito 76, 1905 — El Ministerio de Publicaciones, p. 206

He recibido abundante instrucción concerniente a la ubicación de los sanatorios. Deberían de estar unas pocas millas de las ciudades grandes. — Mensajes selectos, vol. 2, 334 (1903)

Buscad tales lugares justo fuera de las ciudades, donde también se puedan adquirir edificios apropiados, como donaciones de sus propietarios, o comprados a un precio razonable con las ofrendas de nuestro pueblo. No erijáis edificios en las ciudades ruidosas. — El Ministerio Médico, p.410 (1909)

Algunos dicen que este consejo se refiere específicamente a nuestras instituciones. Sin embargo, dos de las declaraciones citadas anteriormente están dirigidas hacia las personas y no las instituciones. Por otra parte, ¿qué diferencia haría si en verdad el consejo se refiriera a las instituciones. ¿Hemos de creer que Dios está más preocupado por la ubicación de los edificios que de su pueblo escogido?

7. “…y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas…”

Esta frase debe dejar una cosa bien en claro. La Sra. White NO enseñó que el paralelo “Cuando vieres la abominación desoladora en el lugar santo” era la señal de abandonar el trabajo en las ciudades. Por otra parte, tampoco apoyó la idea de una “huida repentina” directamente a las montañas. Más bien, esta señal indicaría el momento de iniciar un proceso de salida, “con cuidado y prudencia”, primeramente de las grandes ciudades, después de las pequeñas y finalmente mudarse a hogares retirados en las montañas. (Nota: Dado la proximidad del regreso de Jesús y el avance en la Ley Dominical ya estamos en una fase donde deberíamos salir directamente a lugares retirados entre las montañas, Dios ha prometido que nos ayudará a encontrar esos lugares).

Por esto es que la mensajera del Señor usa expresiones como “Siempre que sea posible”, “Lo más rápido posible”, y “Como Dios abra el camino”, nótese el orden usado. Aquí vemos el paralelismo entre cómo el pueblo de Dios debía responder en el momento del primer sitio de Jerusalén, y cómo hemos de responder en estos últimos días. Incluso en el sitio de Jerusalén, los discípulos de Jesús no podían salir de la ciudad hasta que “Dios abrió el camino” con la retirada de los ejércitos romanos. Así mismo hoy tenemos que mantenernos en oración y estar pendientes a cuando Dios en su providencia abra el camino para nosotros. Sin embargo, aunque debemos movernos sólo cuando y como Dios abra el camino, no debemos bajo ningún caso utilizar este consejo para racionalizar la falta de seriedad en el seguimiento de las instrucciones claras de Dios en cuanto a salir de las ciudades e irnos al campo o las montañas:

Durante años hemos recibido la instrucción de que nuestros hermanos y hermanas, y especialmente las familias con hijos, deberían planear salir de las ciudades a medida que puedan hacerlo. Muchos tendrán que trabajar laboriosamente para ayudar a abrir el camino. — Review and Herald, 27 de septiembre 1906 (Eventos de los Últimos Días, p. 122)

La única manera que podemos saber que estamos saliendo “Lo más rápido posible”, es si en realidad estamos realizando esfuerzos en ese sentido. Por esto es que debemos alentar a nuestro pueblo a que haga esto ahora, ¡no seguir dejándolo para después! (Nota: Cabe mencionar aquí que en la destrucción de la ciudad de Jerusalén ni un solo cristiano murió, ¿Porqué ni un solo cristiano murió?, La respuesta es simplemente por que TODOS al ver la señal hicieron caso a la advertencia de Dios y salieron de la ciudad antes que la destrucción llegara.)

Este consejo de moverse en la providencia de Dios es especialmente importante ya que nos advierte a que NO nos movamos de una manera apresurada, presuntuosa e impulsiva. (Nota: Lamentablemente este fue el caso en el pasado cuando hubieron ciertos grupos de personas que dejaron la ciudad y se movieron a los campos de una manera apresurada y luego tuvieron que regresar a la ciudad trayendo una mala experiencia (esto sucedió en la década de los 80). Esto ha quedado impregnado en la mente de muchos hermanos que conocieron de estos movimientos y han quedado vedados y reacios al mensaje en estos días) Por supuesto, esto se basa en un principio bíblico, el apóstol Pablo dice:

Pero hágase todo decentemente y con orden. — 1 Corintios 14:40

En 1893 Elena de White escribió a un hermano en Battle Creek una advertencia en contra de hacer movimientos apresurados y presuntuosos. Tenga en cuenta la siguiente cita:

Hermano mío, su carta me dice que en Battle Creek hay muchos que están decididos a salir de ese lugar. Existe una gran necesidad de que ahora se lleve a cabo tal cosa. Los que por fin han decidido salir, que no lo hagan en forma apresurada como respuesta a un movimiento de agitación, en forma imprudente, o de un modo tal que después tengan que arrepentirse profundamente de haber salido… No deben realizarse movimientos imprudentes motivados por el consejo de salir de Battle Creek. No hagáis nada sin buscar la sabiduría de Dios, quien ha prometido darla liberalmente a todos los que se la pidan, sin reconvenir a nadie. — Carta 45, 1893. (De La Ciudad Al Campo, p. 24)

Tenga en cuenta aquí que a pesar de que ella advirtió a que no se hicieran movimientos apresurados, etc., no obstante, dejó claro que es necesario, muy necesario, que este trabajo se realiza, y ahora.

¿Pero cómo trabajaremos las ciudades?

Otra razón para evitar movidas apresuradas, imprudentes e impulsivas es que si se hace de esta manera esto tendría un impacto muy negativo en la obra de evangelización en las grandes áreas metropolitanas. El consejo inspirado NO dice que dejemos el trabajo de evangelización por salir de las ciudades (o sea, que dejemos las ciudades desatendidas cuando nos movamos al campo). Más bien, la Sra. White instó a que se hiciera una cuidadosa investigación y planificación para que el pueblo de Dios pueda reubicarse sin dejar de hacer el trabajo de evangelización en estos centros importantes. Note las siguientes declaraciones:

Durante años hemos recibido la instrucción de que nuestros hermanos y hermanas, y especialmente las familias con hijos, deberían planear salir de las ciudades a medida que puedan hacerlo. Muchos tendrán que trabajar laboriosamente para ayudar a abrir el camino. Pero hasta que sea posible salir, durante todo el tiempo que permanezcan en ellas, deberían ocuparse activamente en el trabajo misionero, por muy limitada que sea su esfera de influencia. — Review and Herald, 27 de septiembre 1906 — Eventos de los Últimos Días, p. 122

Que se elijan hombres de juicio, no para publicar sus intenciones, sino para buscar tales propiedades en los distritos rurales, con acceso fácil a las ciudades, aptas para el establecimiento de pequeñas escuelas de formación profesional de obreros, y donde también haya instalaciones para tratar a enfermos y almas enfermas y cansadas que no conocen la verdad. — El Ministerio Médico, p. 410 (1909)

Si bien vemos que no es el plan de Dios que el trabajo en las ciudades se abandone cuando su pueblo salga de ellas, la pluma de la inspiración deja bien en claro que su plan era, y es, que se trabajen las ciudades, pero no viviendo en ellas. Considere las siguientes declaraciones:

El mensajero de Dios dijo: “¿No serán amonestadas las ciudades? Sí; pero no por el pueblo de Dios que viva en ellas, sino mediante sus visitas realizadas para advertirlas de lo que acontecerá sobre la tierra. — Manuscript Releases, vol. 1, 253 (1902) — Eventos de los Últimos Días, p. 85 — Mensajes Selectos Tomo 2, p. 410-411

Como pueblo que guarda los mandamientos de Dios, debemos salir de las ciudades. Tal como lo hizo Enoc, debemos trabajar en las ciudades pero no vivir en ellas. — Manuscrito 85, 1899 — El Evangelismo, p. 61

En la más notable y evidente contradicción a este consejo inspirado, algunos declaran que Dios está llamando a sus obreros a vivir en las grandes ciudades. Ya hemos visto que a los que trabajan en las grandes ciudades se les aconseja seguir trabajando, pero que empiecen a hacer planes sabios para mudarse fuera de ellas, una vez fuera de las ciudades deben continuar su trabajo de evangelización visitándolas desde puestos de avanzada. No debemos promover el que un buen trabajo que se esté realizando en alguna ciudad debiera descuidarse. Tampoco hay que aconsejar a salir apresuradamente y sin planeación. Sin embargo, tampoco hay que tergiversar lo que nos dice el espíritu de profecía, al sugerir que el Señor está llamando a los que trabajan en su obra a vivir en las ciudades.

La Inspiración nos da una serie de maneras de como alcanzar a las ciudades de nuestros días, que incluyen: literatura evangelística, trabajo en restaurantes, evangelismo público, y estudios bíblicos. Para facilitar este trabajo, Dios nos ha instruido a que tengamos nuestros propios restaurantes, incluso con pequeñas salas adjuntas para la obra médica misionera.

El Señor tiene un mensaje que dar en nuestras ciudades, y debe ser proclamado durante las reuniones campestres, mediante todo tipo de esfuerzos públicos, y también por medio de nuestras publicaciones. Además de esto, en las ciudades se deben establecer restaurantes vegetarianos que se dediquen a promover el mensaje de la temperancia. En conexión con estos restaurantes se deben hacer arreglos para la celebración de reuniones. Toda vez que se pueda, provéase una sala donde los clientes puedan asistir a pláticas acerca de la ciencia de la salud y la temperancia cristiana, y recibir instrucciones relativas a la preparación de alimentos sanos y sobre otros temas importantes. — Testimonios para la Iglesia, vol. 7, p. 114

Se me ha mostrado que en muchas ciudades es aconsejable que un restaurante funcione en conexión con las salas de tratamiento. Ambas instituciones pueden colaborar en la tarea de levantar en alto los principios rectos. Junto con éstas, a veces es aconsejable tener salas que sirvan como albergues para los enfermos. Estos establecimientos servirán como semilleros para los sanatorios localizados en el campo y es mejor que se los haga funcionar en edificios alquilados. — Testimonios para la Iglesia, vol. 7, 61

El consejo es también contar con casas de reunión (edificios de la Iglesia) que sirvan como monumentos a Dios en estas ciudades.

El Señor nos ha indicado repetidamente que debemos trabajar en las ciudades desde puestos de avanzada ubicados fuera de ellas. En esas ciudades debemos tener casas de culto, como monumentos de Dios, pero las instituciones destinadas a la publicación de la verdad, a la curación de los enfermos y a la preparación de los obreros deben establecerse fuera de las ciudades. Es especialmente importante que nuestra juventud sea protegida de las tentaciones de la vida en la ciudad. — Mensajes selectos, vol. 2, 411

Note en la cita anterior las instrucciones para trabajar las ciudades desde “puestos de avanzada”. Es interesante que la Sra. White habló de puestos de avanzada ubicados como “en” algunas ciudades, a pesar de que se encuentran fuera de ellas. Por ejemplo, se refirió a la obra del sanatorio (hospital) “en San Diego”, en referencia a un lugar que estaba ubicado a más de seis millas de la ciudad. (Ver: SpTB14 8.2, SpTB14 40.1 y PH094 en el CD oficial de los escritos de Ellen G. White o en el internet en: https://egwwritings.org/) Tenemos que tener en cuenta que una distancia de seis millas en carros tirados por caballos (como era es su época) podría tomar hasta una hora para recorrerse.

A pesar de estos claros consejos para trabajar en las ciudades pero desde puestos de avanzada, algunas personas hacen que los escritos de la Sra. White se contradigan a sí mismos por un mal uso de las siguientes afirmaciones.

Vemos la gran necesidad de obra misionera para llevar la verdad no solamente a los países extranjeros, sino a las personas que viven cerca de nosotros. A nuestro alrededor hay ciudades y pueblos en los cuales no se hace ningún esfuerzo para salvar almas. ¿Por qué no se establecen en estas ciudades y pueblos algunas familias que conocen la verdad presente, para implantar allí el estandarte de Cristo, trabajando con humildad, no según sus propios métodos, sino según los métodos de Dios para llevar la luz a los que no la conocen? — Servicio Cristiano, p. 225 (1891)

No es el propósito de Dios que sus hijos formen colonias o se establezcan juntos en grandes comunidades. Los discípulos de Cristo son sus representantes en la tierra, y Dios quiere que estén dispersados por todo el país, en pueblos, ciudades y aldeas, como luces en medio de las tinieblas del mundo. Han de ser misioneros para Dios, que por su fe y sus obras atestigüen que se acerca la venida del Salvador. — Testimonios para la Iglesia, vol. 8, 255 (1903)

A primera vista, podría parecer que las declaraciones en la cita que acabamos de leer contradicen el consejo que ya hemos visto. Pero vamos a encontrar la armonía perfecta si simplemente dejamos que los testimonios se explican ellos mismos. Recuerde, como ya hemos visto, que al pueblo de Dios se les instruyó explícitamente que saliera de las grandes ciudades, en primer lugar. Haría perfecto sentido entonces que por un algún tiempo hubiera sido conveniente vivir en ciudades más pequeñas fuera de las grandes. La única manera consistente de ver esto, es que la misma Sra. White hizo referencia a las ciudades más pequeñas. Sugerir otra alternativa sería sugerir una contradicción. Tenga en cuenta que las frases en esta cita se ajustan a esta interpretación perfectamente, colocando estas “ciudades pequeñas” en el contexto de las ciudades y pueblos. Note una vez más las frases utilizadas: “ciudades y pueblos”, “las ciudades y los pueblos” y “ciudades y aldeas”.

En resumen

Hemos visto una clara evidencia a través de los testimonios del Espíritu de Profecía de que, efectivamente, las condiciones para el cumplimiento de la predicción que encontramos en Testimonios para la Iglesia, vol. 5, página 439 se han cumplido. Repasemos los puntos una vez más:

1. La Sra. White hizo el paralelo entre el asedio de la ciudad de Jerusalén y la señal para salir de las ciudades al final de la historia (en nuestra época). Su descripción de los eventos que ocurrieron con el movimiento de la ley dominical de la década de 1800 fue casi palabra por palabra idéntica a la descripción del primer sitio alrededor de la ciudad de Jerusalén.

2. La inspiración deja claro que la “asunción” del poder se vió en los días de Elena de White.

3. Además la inspiración afirma que “el decreto que imponga el día de descanso papal” ya se dio, aunque en un grado limitado, lo cual es un recordatorio del primer sitio a la ciudad de Jerusalén hecho por los ejércitos de Roma, el cual también se limitó a sólo una amenaza. Es un paralelo.

4. La misma Sra. White comparó la advertencia en sus propios días a la señal de advertencia que se le dio a los discípulos en Jerusalén, así como el mensaje de advertencia enviado a Lot en Sodoma.

5. Siguiendo los acontecimientos del proyecto de ley dominical de la década de 1800, la mensajera del Señor declaró explícitamente que “ha llegado el momento”, en referencia a la necesidad de salir de las ciudades. Además, señaló específicamente estos acontecimientos como la razón para salir.

6. Tras los acontecimientos del proyecto de ley dominical de la década de 1800, la Sra. White dio el consejo explícito de dejar las “grandes ciudades” – El primer paso que fuimos instruidos a seguir cuando apareciera la “señal”.

7. El Señor dejó en claro que su plan era trabajar las ciudades desde puestos de avanzada. El mensajero de Dios dijo:

¿No serán amonestadas las ciudades? Sí; pero no por el pueblo de Dios que viva en ellas, sino mediante sus visitas realizadas para advertirlas de lo que acontecerá sobre la tierra. — Manuscript Releases, vol. 1, 253 (1902) — Eventos de los Últimos Días, p. 85 — Mensajes Selectos Tomo 2, p. 410-411

¿Alguien estará perdiendo el sueño por esto hoy?

Lamentablemente hoy en día se ha perdido el sentido de urgencia que se debe dar a los mensajes urgentes dados por la mensajera del Señor hace más de un siglo.

Esta madrugada no pude dormir después de las dos. Durante la visión de la noche me veía a mí misma en una junta. Rogaba a varias familias que aceptasen las instrucciones establecidas por Dios y saliesen de las ciudades para salvar a sus hijos. Algunas de ellas dejaban pasar el tiempo sin tomar una determinación. Los ángeles de la misericordia apresuraron a Lot, a su esposa y sus hijas tomándolos de las manos. Si Lot se hubiera apresurado tal como el Señor lo deseaba, su esposa no se habría convertido en una estatua de sal. Lot adolecía de un marcado espíritu de dilación. No seamos como él era. La misma voz que amonestó a Lot a que saliese de Sodoma, nos ruega: ‘Salid de en medio de ellos, y apartaos… Y no toquéis lo inmundo’. 2 Corintios 6:17. Aquellos que obedezcan esta amonestación encontrarán un refugio. Que cada hombre esté bien despierto y procure salvar a su familia. Que se ciña para realizar el trabajo. Dios revelará punto por punto qué debe hacer después. — Review and Herald, 11 de diciembre 1900 — De la Ciudad al Campo, p. 5

Deja las ciudades, y como Enoc vengan de su lugar de retiro para advertir a la gente de las ciudades. — Manuscript Releases, vol. 1, 250 (1902)

Una vez y otra el Señor ha instruido a los miembros de su pueblo a que saquen sus familias de las ciudades y las lleven al campo, donde puedan cultivar sus propias provisiones, porque en el futuro el problema de comprar y de vender será muy serio. Ahora deberíamos prestar atención a la instrucción que se nos ha dado vez tras vez: Salid de las ciudades e id a los distritos rurales, donde las casas no están apiñadas unas al lado de otras, y donde estaréis libres de la interferencia de los enemigos. — Carta 5, 1904 — De la Ciudad al Campo, p. 9

Los niños no deben estar expuestos por más tiempo a las tentaciones de las ciudades que están maduras para su destrucción. El Señor nos ha amonestado y aconsejado para que saliésemos de las ciudades. Por eso no debemos hacer más inversiones en ellas. Padres y madres, ¿cómo consideráis las almas de vuestros hijos? ¿Estáis preparando a los miembros de vuestras familias para ser trasladados a las cortes celestiales? ¿Los estáis preparando para que sean miembros de la familia real e hijos del Rey celestial? ‘Porque, ¿qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?’ Marcos 8:36. ¿Qué importancia tienen el ocio, la comodidad y la conveniencia, comparados con el valor de las almas de vuestros hijos? — Mensajes Selectos 2:407 — Manuscrito 76, 1905 — De la Ciudad al Campo, p. 12

¡Salid de las ciudades! ¡Salid de las ciudades! ¡Salid de las ciudades! Este es el mensaje que el Señor me ha dado. Se producirán terremotos e inundaciones; y no debemos establecernos en las ciudades impías, donde se sirve en todo sentido al enemigo, y se olvida con tanta frecuencia a Dios. — Review and Herald, 05 de julio 1906 — De la Ciudad al Campo, p. 30

Mi mensaje en este tiempo es: Salid de las ciudades. Tened la seguridad de que la instrucción para nuestro pueblo es de radicarse a kilómetros de distancia de las grandes ciudades. Una mirada al San Francisco de hoy hablaría a vuestras mentes inteligentes, mostrándoos la necesidad de salir de las ciudades… El Señor llama a su pueblo a establecerse lejos de las ciudades, porque en una hora como la que no pensamos, lloverán del cielo fuego y azufre sobre ellas. Su castigo será proporcional a sus pecados. Cuando una ciudad es destruida, que nuestro pueblo no considere este asunto como algo sin importancia, ni piense que pueden edificarse casas en esa misma ciudad, si se les ofrece una oportunidad favorable… Todos los que quieran comprender el significado de estas cosas, lean el capítulo 11 de Apocalipsis. Lean cada versículo, y entérense de las cosas que aún van a ocurrir en las ciudades. Lean también las escenas descritas en el capítulo 18 del mismo libro. — Eventos de los Últimos Días, p. 97

Todavía se da esta instrucción: ‘Salid de las ciudades’. — Carta 26, 1907 — De la Ciudad al Campo, p. 28

¿Quién será amonestado? Volvemos a decir: ‘Fuera de las ciudades’. — Manuscrito 85, 1908 — De la Ciudad al Campo, p. 14

Conclusión

Durante más de un siglo hemos estado viviendo en un lapso de tiempo misericordioso de oportunidad para actuar en base a estas advertencias dadas hace mucho tiempo. Si bien hay que tener en cuenta las precauciones para no hacer movidas apresuradas e impulsivas, recordemos también que es algo peligroso abusar de la misericordia de Dios. Tengamos en mente y recordemos esta siguiente declaración cada día:

Pero dentro de no mucho tiempo habrá tal contienda y confusión en las ciudades, que aquellos que deseen salir de ellas no podrán hacerlo. Debemos estar preparados para estos acontecimientos. Esta es la luz que el cielo me ha dado. — Boletín de la Conferencia General, 06 de abril 1903 — De la Ciudad al Campo, p. 10

Aún más importante, no olvidemos esta preciosa promesa de la pluma inspirada:

Dios ayudará a su pueblo a encontrar tales hogares fuera de las ciudades. — El Hogar Cristiano, p. 123