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¿Afecta el régimen alimenticio nuestra espiritualidad?

La Reforma Pro Salud es más abarcante de lo que muchos de nosotros cree; prácticamente tiene que ver con cada actividad en nuestras vidas; podemos decir con toda certeza que tiene que ver con la forma en que hagamos cada cosa. Tan cierto es esto, que el Apóstol Pablo en 1 Corintios 10:31 nos insta:

Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios.

Sin embargo, encontramos muchas personas (inclusive en nuestras iglesias) que tienen la idea errónea de que lo que uno coma o beba no tiene importancia… que nada tiene que ver con nuestra práctica religiosa… que nada tiene que ver con nuestra ESPIRITUALIDAD, y por ende, con nuestra SANTIFICACIÓN.

Antes de seguir adelante sería bueno que comprendiéramos que entre los diversos temas de la Reforma Pro Salud, el tema del Régimen Alimenticio es de la mayor importancia, tanto que ustedes podrán notar que este tema de la Alimentación será tratado con mucha mayor frecuencia y amplitud que todos los demás.

La aseveración de que lo que uno coma, beba o haga es cosa de poca importancia, no es sino un argumento baladí con el cual algunas personas quieren justificar una debilidad suya al hacer algo que saben les hace daño y no tienen la fuerza de voluntad necesaria para dejar de hacerlo. Es por ello que muchas personas en las diferentes congregaciones e iglesias presentan un feo cuadro de deterioro físico en sus vidas y esto los incapacita para trabajar para el Señor en integridad y con fuerzas suficientes en la obra que se les ha asignado en la ganancia de las almas para Cristo. Yo personalmente creo que no es necesario estar postrado en cama para negarle al Señor la ayuda de nuestro servicio por las almas, sino que hasta con la intemperancia al hacer las cosas y con el descuido en nuestros hábitos de vida, en cualquier grado, nos estamos descalificando para dicho servicio. Se cometen excesos en el comer, en el beber, en el trabajar, en el descansar, etc. y como resultado se reduce la vitalidad y llega el dolor y el sufrimiento.

La mayor parte de nuestras enfermedades son el resultado de la violación de las leyes de nuestro organismo  (la ley física, las leyes de la salud); el hombre se está matando por su desobediencia a las leyes naturales, las leyes que gobiernan todo nuestro ser. Sin embargo, todos quisiéramos ser saludables, fuertes y vivir durante muchos años, pero conseguir esto es tarea bien difícil, pues la enfermedad acecha a nuestra puerta todo el tiempo. Vemos dolor y agonía física por doquiera, aun cuando la ciencia médica hace cada día grandes conquistas.

Nos preguntamos la razón por la que perdemos esta dura batalla contra la enfermedad, aun cuando anhelamos más que ninguna otra cosa terrenal gozar del bienestar y alegría de una buena salud.

Una de las luchas mas fuertes que como seres humanos libramos es la que sostenemos por nuestra salud; esto lo podemos palpar, no solamente en los Centros de Salud y Sanatorios, sino hasta en nuestros propios hogares. Cada persona anhela mas que ninguna otra cosa recuperar su salud perdida y estaría dispuesta al mayor de los sacrificios con tal de volver a experimentar el intenso gozo de una buena salud.

El Profeta Oseas, en las Sagradas Escrituras, nos presenta este cuadro y nos explica la razón de ello. Oseas 4:6 nos dice:

Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.

Debemos recordar que las leyes de nuestro organismo ( las leyes que gobiernan nuestro cuerpo, las leyes de la salud, las leyes físicas ) fueron dadas para nuestro bienestar por el mismo Dios que nos dio  la Ley de los 10 Mandamientos en el Monte Sinaí. El Espíritu de Profecía nos dice que estas leyes físicas (o de nuestro organismo) son una parte del Mensaje del Tercer Ángel, y que se halla tan estrechamente relacionada con él como el brazo y la mano lo están con el cuerpo. (Consejos sobre el Régimen Alimenticio, página 87 )

Oseas nos dice que nos ha faltado sabiduría…..que desechamos la sabiduría porque nos olvidamos de las leyes que Dios nos ha dejado. NO TENEMOS EXCUSA ALGUNA PARA ELLO. Nuestro Dios Todopoderoso nos legó todo un caudal de enseñanzas  en su Palabra Santa, y ampliadas en los escritos del Espíritu de Profecía, para nuestro completo conocimiento. Solo debemos estudiar y practicar en nuestras vidas estos principios del sano vivir y a la vez compartirlos con nuestros semejantes.

Dios tiene un especial interes por la salud de cada uno de nosotros sus hijos, y es que nuestro estado de salud, bueno o malo, está estrechamente relacionado con nuestra ESPIRITUALIDAD. Pensemos por un momento y nos daremos cuenta de que una persona con una salud precaria ( emfermo ) es imposible que pueda ofrecer al Señor un servicio eficiente en su obra de ganancia de almas para Cristo. Esa persona, amen de presentar un deplorable cuadro físico que hablaria muy mal de la Reforma Pro- Salud,  no tendria las fuerzas y el ánimo necesarios para trabajar en integridad por las almas.

Todo esto nos dice que es necesario que pensemos muy seriamente en comenzar una verdadera Reforma en nuestra Salud. Nuestro Dios Todopoderoso, en su gran amor y sabiduria nos ha dejado en su Palabra Santa y en el Espiritu de Profecia material suficiente para nuestro conocimiento en ese sentido. En nuestras próximas entregas iremos estudiando con ustedes estos temas de la Reforma Pro- Salud, con miras a que cada uno de nosotros comience a practicar estos principios de salud en sus vidas, principios que nos llevarán a una vida de plena ESPIRITUALIDAD, que nos ayudarán a trillar el camino de la SANTIFICACIóN EN CRISTO.

La salud, la espiritualidad y la santidad van unidas de la mano muy íntimamente. Nuestro Dios nos dice:

Santos seréis, porque Santo soy yo Jehová vuestro Dios. Levítico 19:2

El libro de Levítico nos ofrece importantes instrucciones sobre la salud y su relación con la santidad y nuestro bienestar. Dios diseñó un “plan de salvación” para restaurar la imagen del Hacedor en los pecadores arrepentidos. La santidad no es arrobamiento (éxtasis, embelesamiento) …es una entrega completa de la voluntad a Dios …es hacer la voluntad de nuestro Padre celestial… es confiar en Dios y descansar en su amor.

En Levítico, un aspecto de la vida de santidad es la salud física del pueblo de Dios. Dios anhela un pueblo santo y feliz. La instrucción religiosa que Dios le dió al antiguo Israel incluía la salud tanto física como mental. Dios se preocupa por nuestra salud. Vivimos en un mundo de enfermedades y dolencias, pero Dios desea que tengamos salud (3 San Juan 2).

La religión está muy relacionada con nuestra naturaleza física, con lo que comemos, con la higiene y la limpieza. Todo lo que sucede en nuestros cuerpos afecta también nuestra vida espiritual.

Cuando el pueblo de Israel salió de su esclavitud en Egipto, el Señor le prometió que si era obediente y observaba sus mandamientos y estatutos, El lo bendeciría físicamente; les dijo:

Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, he hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador. Éxodo 15:26

En este sentido podemos notar que el Señor, tratando de conservar la salud y la santidad de su pueblo, en sus leyes físicas ‘prohibió’ el uso de la sangre y la grasa como alimento. La grasa y la sangre de los animales sacrificados eran utilizadas en los sacrificios del Santuario. En la mayoría de los sacrificios, la grasa era quemada en el altar y la sangre asperjada proporcionaba expiación. Es notorio y muy significativo que al preservar la grasa y la sangre como elementos sagrados destinados al ritual, el Señor estaba eliminando una causa potencial de enfermedad para su pueblo.

Es bueno que sepamos que en tanto que la sangre transporta elementos nutritivos para la vida de las células de nuestro organismo, también conduce desechos y es vía de transporte de muchos gérmenes productores de enfermedades. En cuanto a la grasa, la mayoría de nosotros sabe que sus uso conduce a una de las grandes causas de enfermedades cardíacas y vasculares, especialmente en los países industrializados. El uso de grasas saturadas contenidas en los productos de origen animal que se consumen, es la principal causa del incremento del nivel de Colesterol en la sangre; es bueno recordar que este incremento del nivel de Colesterol en la sangre está ligado directamente a la frecuencia de ataques al corazón y muerte súbita.