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La carne: ¿Es hora de dejar de comerla?

La ciencia lo comprueba. Hoy en día se han hecho un sin numero de investigaciones y pruebas, documentales y demás sobre los efectos dañinos de la carne de animales en el cuerpo humano. Todos comprueban lo que Dios ya había revelado y afirman que la mejor dieta es la que se le proveyó al hombre desde el principio.

Veamos algunas de estas declaraciones y evidencias médicas sobre esto:

El consumo de carne causa de ataques al corazón y muerte súbita

Su carne es veneno, y ha producido, en quienes la han consumido, calambres, convulsiones, apoplejía y muerte repentina. – Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, p. 461. (1866)

Tenéis carne, pero nos es buen material. Estáis en peor condición por esta cantidad de carne. Si cada uno de vosotros se restringiera a un régimen estricto, que os haría perder de 12 a 15 kilogramos de vuestro peso total, estarías mucho menos propenso a la enfermedad. El consumo de carne ha producido una calidad pobre de sangre y de carne. Vuestro organismo se halla en un estado de inflamación preparado para la enfermedad. Estáis propensos a ataques agudos de enfermedad y a una muerte repentina… – Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, p. 462. (1868)

El estudio hecho entre los Adventistas del Séptimo Día, sobre la salud, ha demostrado que los hombres que han llegado a los 40 años y consumen carne regularmente tienen cuatro veces más la probabilidad de morir de ataques al corazón que los vegetarianos. Los hombres que consumen carnes rojas tres veces por semana, duplican el riesgo de sufrir un ataque al corazón.

Los factores comunes que se hallan en una dieta que propicia la arterioesclerosis y las enfermedades del corazón son: las grasas saturadas, el colesterol, las fibras solubles, el beta caroteno y la obesidad. Dos terceras partes de las grasas saturadas en nuestra dieta provienen de productos animales. La carne carece de fibras. La carne es rica en grasa y duplica el riesgo de ser obeso, lo cual aumenta el riesgo de los ataques al corazón. Los que comen carne, generalmente comen menos frutas y verduras, reduciendo así el consumo de fibra y de beta caroteno.

La carne como causa del cáncer 

El cáncer, los tumores y todas las enfermedades inflamatorias son producidas mayormente por comer a base de carne. – El Ministerio Médico, p. 370

El régimen a base de carne es un asunto serio. ¿Vivirán los seres humanos a base de carne de animales muertos? La respuesta, por la luz que Dios me ha dado es: “No, decididamente no”. – Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 463, 464

En el estudio hecho sobre la salud de los Adventistas, se halló que las personas que consumen carne con regularidad, comparado con los vegetarianos, tienen un factor de riesgo del 41% más alto de sufrir cáncer de próstata, y un factor de riesgo de 66% de contraer cáncer de ovario. En el caso del cáncer de ovario hubo una relación directa entre el consumo de carne y la incidencia de este tipo de cáncer. Comparando los que comían mucha carne, leche, huevos y queso con los que consumían estos productos ocasionalmente, los primeros tenían un riesgo 3.6 veces mayor de contraer cáncer de próstata que los segundos. Los que comían mayormente carnes rojas, tenían un riesgo 2.5 veces mayor de contraer este tipo de cáncer que aquellos que ocasionalmente comen este tipo de carnes. Los que comen carne cinco veces por semana, comparados con aquellos que comen menos de una vez por semana, tienen 2.5 veces mayor riego de contraer cáncer de próstata. El uso de la carne duplica el riesgo de contraer el linfoma de Hodgkin. Comer carne de res, huevos, o pescado más de tres veces por semana duplica el riesgo de contraer cáncer de la vejiga. Hubo seis veces mayor riesgo de contraer cáncer del pulmón en las mujeres no fumadoras, pero que consumían grasas saturadas, que en las que no consumían este tipo de grasas. De 47,949 varones, profesionales de la salud estudiados, en los Estados Unidos, y que consumían carnes rojas, el riesgo relativo de contraer cáncer de colon era 1.71. Para los que comían bistec, cerdo, o cordero, como su plato principal, cinco veces por semana, el riesgo fue 3.57 veces. Las carnes rojas, y los alimentos ricos en proteínas estuvieron asociados con un alto riesgo de cáncer del riñón. El cáncer endometrial es más probable que ocurra en los que tienen un elevado consumo de proteínas de origen animal.

Los mecanismos comunes por los cuales la alimentación puede aumentar el riesgo del cáncer, entran en operación, cuando además de consumir carne, la dieta es pobre en fibras, hay virus, algunos químicos, la baja resistencia, el desequilibrio hormonal, y la abundancia de grasa (especialmente animal) etc. Así también entran en operación la mayoría de los factores que protegen contra esta enfermedad, cuando se consume fruta, verduras, fibras, y, además, no forman parte de la alimentación la grasa animal, los fitoquímicos, y los virus de origen animal.

La carne como una causa de la obesidad 

Los que usan carne en abundancia, no siempre tienen un cerebro despejado y una inteligencia activa, debido a que el uso de la carne tiende a causar una tosquedad o pesadez en el cuerpo, y  entorpece las facultades más delicadas de la mente.

Estudios entre los Adventistas demostraron, que el 16% de las mujeres vegetarianas estaban 130% veces o más en el peso ideal, en contraste con el 32% de las mujeres no vegetarianas que estaban en esa categoría. Para los varones, los porcentajes eran el 8% contra el 20% respectivamente. En los omnívoros, la proporción era de dos a dos, y el doble de riesgo de ser obesos.

Esto se explica por el hecho de que en la carne se halla una cantidad considerable de grasa en menor espacio. Esto la colocaría entre los alimentos de una alta densidad calorífica. Estudios basados en una alimentación líquida ya sea esta normal o un concentrado de una densidad de 1.8 veces mayor en fuerza, demostró que el consumo por persona es 57% mayor en calorías cuando se usó el alimento más concentrado.

La carne como una causa de la osteoporosis 

Les he mostrado que su régimen a base de carne, que creían que era esencial, no era necesario, y que puesto que ellos estaban formados de lo que comían, el cerebro, los huesos y los músculos se hallaban en una condición enferma, porque vivían a base de carne de animales muertos… – Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 463, (1896)

La dieta omnívora, resulta en huesos con mala constitución, y con el riesgo mayor de desarrollar osteoporosis.

En un estudio hecho con 320 varones lacto-ovo-vegetarianos quienes habían practicado esta dieta por 20 años, versus 320 omnívoros entre 20 y 29 años de edad, no había diferencia alguna en cuanto a la densidad ósea. Sin embargo, estudios hechos con mujeres, mostró una densidad mucho más pobre en las omnívoras que en las vegetarianas. Una dama de 80 años, vegetariana, tenía una densidad ósea igual que una dama de 60, pero cuya dieta era omnívora. Esto puede ser debido a un consumo más elevado de proteínas con más aminoácidos sulfúricos, lo cuales causan una reducción en la reabsorción tubular del calcio en el riñón. Aun cuando la excreción del calcio en la orina se aumentaba con un consumo mayor de proteína, la reabsorción intestinal también se aumentó.

Mujeres vegetarianas cuyas edades oscilaba entre los 50 y los 89 años, perdieron sólo el 18% de su masa ósea, mientras que las no vegetarianas perdieron el 35% de su masa ósea, aun cuando se administró la misma cantidad de calcio en sus dietas.

Se ha sugerido que una dieta ácida elevada, estimula la reabsorción osteoclástica en los huesos, y aumenta la excreción del calcio en la orina. La carne es un alimento elevado en ácidos. Ratas a las cuales se les alimenta prolongadamente con una dieta ácida elevada, les produce osteoporosis. A fin de proteger el cuerpo de la acidosis, el hueso es obligado a proveer más calcio y fósforo para mantener el pH de la sangre.

La carne tiene un bajo índice de calcio y de fósforo, lo cual podría ser otra razón del problema entre los no vegetarianos.

Otros estudios no muestran diferencia alguna entre vegetarianos y no vegetarianos respecto a la densidad ósea.

La carne como una causa del decremento en la resistencia

Es un error suponer que la fuerza muscular dependa de consumir alimento animal, pues sin él las necesidades del organismo pueden satisfacerse mejor y es posible gozar de salud más robusta. Los cereales, las frutas, las oleaginosas y las verduras contienen todas las propiedades nutritivas para producir buena sangre. Estos elementos no son provistos tan bien ni de un modo tan completo por la dieta de carne. Si la carne hubiera sido de uso indispensable para dar salud y fuerza, se la habría incluido en la alimentación indicada al hombre desde el principio. – Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 473, 474. (1905)

En un estudio hecho en Suecia con nueve atletas con una dieta de tres días alta en carbohidratos (tal como fue la dieta original), esta produjo casi tres veces más resistencia (167 minutos), mientras que una dieta alta en proteínas y grasa sólo produjo (57 minutos de resistencia) Esto se debió al aumento del glicógeno en los músculos, como resultado de la dieta alta en carbohidratos.

Los resultados de una dieta alta en grasa animal causó una reducción de 2.3 veces el difosfoglicerato (DGP) en los glóbulos rojos, lo cual indicó menos oxígeno disponible para las células de los tejidos, mientras que la grasas vegetales no redujeron el DGP.

La obesidad causa de enfermedad

Debemos mencionar aquí esta declaración que ya vimos al principio,

Tenéis carne, pero nos es buen material. Estáis en peor condición por esta cantidad de carne. Si cada uno de vosotros se restringiera a un régimen estricto, que os haría perder de 12 a 15 kilogramos de vuestro peso total, estarías mucho menos propenso a la enfermedad. El consumo de carne ha producido una calidad pobre de sangre y de carne. Vuestro organismo se halla en un estado de inflamación preparado para la enfermedad. Estáis propensos a ataques agudos de enfermedad y a una muerte repentina… – Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, p. 462. (1868)

Los estudios hechos en varones adventistas muestran que la obesidad duplica el riesgo de ataques al corazón. La obesidad aumenta el riesgo del cáncer de mama , cáncer del endometrio, cáncer de la próstata, cáncer del colon, así como otros tipos de cáncer.

Los efectos de una alimentación con carne sobre la mente y el alma

Los males morales derivados del consumo de la carne no son menos patentes que los males físicos. La carne daña la salud; y todo lo que afecta al cuerpo ejerce también sobre la mente y el alma un efecto correspondiente.

Un régimen a base de carne cambia la disposición y fortalece la animalidad. Nos componemos de lo que comemos, y el comer mucha carne disminuirá la actividad intelectual. Los estudiantes lograrían mucho más en sus estudios si nunca probaran la carne. Cuando la parte animal del agente humano es fortalecida por el consumo de carne, las facultades intelectuales disminuyen proporcionalmente.

Si hubo alguna vez un tiempo cuando la alimentación debía ser de la clase más sencilla, es ahora. No debe ponerse carne delante de nuestros hijos. Su influencia tiende a excitar y fortalecer las pasiones inferiores, y tiende a amortiguar las facultades morales.

Entre el pueblo que pretende esperar la próxima venida de Cristo, tendría que haber reformadores más grandes. La reforma pro salud debe realizar entre nuestro pueblo una obra que todavía no se ha llevado a cabo. Hay quienes debieran estar despiertos al peligro del consumo de carne, que todavía continúan comiendo la carne de animales, con lo cual ponen en peligro su salud física, mental y espiritual. Muchos que ahora están sólo convertidos a medias a la cuestión del consumo de carne, se apartarán del pueblo de Dios y ya no andarán más con él.

Los que pretenden creer la verdad han de custodiar cuidadosamente las facultades del cuerpo y la mente, de manera que Dios y su causa no sean de ninguna manera deshonrados por sus palabras o acciones. Los hábitos y las prácticas han de someterse a la voluntad de Dios. Por el empleo de la carne se fortalece la naturaleza animal, y la naturaleza espiritual se debilita.—Consejos para la Iglesia, p. 414-415

Los descubrimientos recientes

Además de estas declaraciones y estudios que acabamos de ver (los cuales son solo unos pocos de los muchos que se han hecho) basta con ver las noticias o investigar un poco sobre los peligros relacionados con la carne para darnos cuenta de que en efecto, SÍ, ya es hora de dejar de comer la carne de animales.

El Régimen Alimenticio Original

Nuestro primer deber hacia Dios y hacia nuestros semejantes es el desarrollo individual, cada facultad, conque el Creador nos ha dotado debemos cultivarla hasta el más alto grado de perfección para realizar la mayor suma del bien de la cual seamos capaces, por tanto, está bien invertido el tiempo que se usa en la adquisición y la preservación de la salud física y mental, no podemos permitirnos empequeñecer o inhabilitar ninguna función del cuerpo o de la mente, con la misma seguridad con que lo hagamos debemos sufrir las consecuencias. – Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, p. 15

La preservación y adquisición de la salud depende de muchos factores, la nutrición es uno de estos factores que debemos considerar, siendo de gran importancia pues nuestro cuerpo se construye y se compone a partir de lo que comemos, los alimentos que ingresan al organismo por medio de la dieta nos pueden ayudar a edificar saludablemente nuestros cuerpos, o por el contrario también pueden empujarnos hacia la pérdida de nuestras facultades físicas, así como  también de nuestras facultades mentales, puesto que la salud mental también se ve influenciada directamente o indirectamente por la dieta.

¿Cómo podemos conocer el régimen alimentario más correcto para el fomento y la preservación de la salud?

La Palabra de Dios constituye una fuente fidedigna de información también en este tema. Información que la ciencia hace tiempo atrás la contradecía en gran medida, y sin embargo en los últimos años se está ocupando de confirmar cada vez más.

Para saber cuáles son los mejores comestibles tenemos que estudiar el Plan original de Dios para la alimentación del hombre. Él creó al hombre y comprende sus necesidades. Indicó a Adán cual era su alimento diciendo:

He aquí que os he dado toda planta que da semilla y todo árbol en que hay fruto y que da semilla os será para comer. Génesis 1:29

Al salir del Edén para ganarse el sustento labrando la tierra bajo el peso de la maldición del pecado el hombre recibió permiso para comer también “plantas del campo”.

Por tanto:

Los cereales, los frutos carnosos, los frutos oleaginosos, las legumbres y las hortalizas constituyen el alimento escogido para nosotros por el Creador. Preparados de modo más sencillo y natural posible, son los comestibles más sanos y nutritivos. – El Ministerio de Curación p. 227, 228

Dios dio a nuestros primeros padres el alimento que él había diseñado para la raza humana. El fruto de los árboles en el huerto era el alimento para las necesidades del hombre (Génesis 1:29; y después, cosechas del campo, Génesis 3: 17-18). Dios no dio permiso para el consumo de alimento a base de carne animal hasta después del diluvio. Todo alimento para el hombre había quedado destruido, y por tanto el Señor, previendo la necesidad del hombre, dio a Noe permiso de comer de los animales limpios que él había introducido al arca (Génesis 9:3).

La gente que vivió antes del diluvio comía alimentos de origen animal y gratificaba su apetito hasta que se colmó la copa de la iniquidad, y Dios limpió la tierra de su contaminación moral mediante el diluvio. Entonces descansó sobre la tierra la tercera maldición terrible. La primera maldición se pronunció sobre la posteridad de Adán y sobre la tierra, a causa de la desobediencia. La segunda maldición vino sobre la tierra después que Caín mató a su hermano Abel. La tercera y más terrible maldición de Dios vino sobre la tierra con el diluvio.

Después del diluvio la gente comía mayormente alimentos de origen animal. Dios vio que las costumbres del hombre se habían corrompido, y que él estaba dispuesto a exaltarse a sí mismo en forma orgullosa contra su Creador y a seguir los dictámenes de su propio corazón. Y permitió que la raza longeva comiera alimentos de origen animal para abreviar su existencia pecaminosa. Pronto después del diluvio la raza humana comenzó a decrecer en tamaño y en longevidad. [Compare Génesis 5: 3-32 con 11: 10-26]. —Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 445-446

Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demostró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseñó la misma lección. (Salmo 105: 37). Sacó a los israelitas de Egipto, y emprendió la tarea de educarlos para que fueran su pueblo. Por medio de ellos deseaba bendecir y enseñar al mundo. Les suministró el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino el maná, “el pan del cielo”. (Éxodo 16; Salmo 78: 24). Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carne de Egipto les fue concedido alimento animal, y esto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. (Números 11: 4-12, 31-33; Salmo 78: 17-37). Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Esto siguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y en privado, de modo que nunca revistió carácter permanente.—Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 446

Si ellos hubieran estado dispuestos a negarse la satisfacción del apetito en obediencia a las restricciones divinas, la debilidad y la enfermedad habrían sido desconocidas entre ellos. (Éxodo 23: 25; Salmo 107: 4-9). Sus descendientes habrían poseído fuerza física y mental. Habrían tenido claras percepciones de la verdad y del deber, un discernimiento agudo, y un juicio sano. Pero no estaban dispuestos a someterse a los requerimientos de Dios, y dejaron de alcanzar la norma que él había establecido para ellos, y de recibir las bendiciones que habrían sido suyas. Murmuraron bajo las restricciones de Dios, y codiciaron las ollas de carne de Egipto. (Salmo 106: 13-15). Dios les permitió tener carne, pero esto les acarreó una maldición. (1 Corintios 10: 5-6). —Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 451

Instrucciones concernientes a un cambio en la alimentación

Es un error suponer que la fuerza muscular dependa de consumir alimento animal, pues sin él las necesidades del organismo pueden satisfacerse mejor y es posible gozar de salud más robusta. Los cereales, las frutas, las oleaginosas y las verduras contienen todas las propiedades nutritivas para producir buena sangre. Estos elementos no son provistos tan bien ni de un modo tan completo por la dieta de carne. Si la carne hubiera sido de uso indispensable para dar salud y fuerza, se la habría incluido en la alimentación indicada al hombre desde el principio. 

A menudo, al dejar de consumir carne se experimenta una sensación de debilidad y falta de vigor. Muchos insisten en que esto prueba que la carne es esencial, pero se la echa de menos porque es un alimento estimulante que enardece la sangre y excita los nervios. A algunos les es tan difícil dejar de comer carne como a los borrachos renunciar al trago; y sin embargo se beneficiarían con el cambio. 

Cuando se deja la carne hay que substituirla con una variedad de cereales, nueces, legumbres, verduras y frutas que sea nutritiva y agradable al paladar. Esto es particularmente necesario al tratarse de personas débiles o que estén recargadas de continuo trabajo.

Cocinar bien es un requisito esencial, especialmente cuando la carne no constituye el principal alimento. Algo debe prepararse para ocupar el lugar de la carne, y esos substitutos de la carne deben ser bien preparados de modo que no se la eche de menos. El alimento debe prepararse con sencillez, aunque en forma esmerada para que incite al apetito.

Es para el propio bien de la iglesia remanente por lo que el Señor le aconseja a ella que descarte el uso de la carne, el té, y el café, así como otros alimentos perjudiciales. Hay abundancia de otras cosas que podemos usar, para sostener nuestra vida, que son sanas y buenas.

Los que esperan la venida del Señor, con el tiempo eliminarán el consumo de la carne; la carne dejará de formar parte de su régimen. Siempre debiéramos tener este fin en cuenta, y esforzarnos para avanzar firmemente hacia él.

Las facultades intelectuales, morales y físicas quedan perjudicadas por el consumo habitual de la carne. El comer carne trastorna el organismo, anubla el intelecto y embota las sensibilidades morales. Os decimos, amados hermanos y hermanas, que la conducta más segura para vosotros consiste en dejar la carne.—Consejos para la Iglesia, p. 416-417