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Razones para una reforma

En estos próximos párrafos haremos un recorrido sobre la salud en nuestro mundo a través de los siglos de su existencia. Veremos algunos datos sobre el pueblo Adventista del Séptimo Día (en el principio), además veremos varias citas inspiradas del Espíritu de Profecía. Le invitamos a conocer más sobre el pueblo Adventista y sobre el Espíritu de Profecía, vea al final de esta página.

LA SALUD EN EL PRINCIPIO

Dios hizo al hombre y nos dice Génesis 1:26,27 que fue hecho a su imagen y semejanza. Su semejanza con el Creador era física, mental y espiritual, tan pronto salió de las manos de su Creador.

Todas sus facultades debían desarrollarse y su capacidad y vigor aumentar continuamente. La Educación, pags. 12 y 13

El hombre fue creado perfecto. Nos dice el Espíritu de Profecía en Testimonios Tomo 3, pag. 138 que el hombre fue dotado con fuerza vital 20 veces más potente que la que el hombre posee ahora. Spiritual Gifts Tomo 3 pag. 34 nos dice que cuando el hombre salió de las manos de su Creador era de elevada estatura y perfecta simetría. El hombre fue colocado en el Huerto del Edén en condiciones ideales y la obediencia era la condición de la vida. En poco tiempo el hombre perdió todo esto al incurrir en desobediencia a su Creador. La desobediencia trajo infelicidad, trabajo arduo para la subsistencia, dolor y al final la muerte. La semejanza con Dios se desfiguró, las facultades físicas se debilitaron, su capacidad mental disminuyó. La vida del hombre se acortó, disminuyeron su estatura y resistencia físicas y el mundo se llenó de miserias. Vinieron las enfermedades y el hombre quedó sujeto a la muerte.

Debemos notar que al ser expulsado del Huerto del Eden, el hombre recibió un cambio parcial en su dieta alimenticia, ya que tuvo que recurrir al uso de las hierbas para suplementar su alimento diario; ya la calidad y cantidad de los granos y frutas se había  reducido como consecuencia de la maldición. Otro cambio notorio fue en el trabajo. El hombre pasó de ocupación placentera y vigorizante, y del trabajo recompensador que les proporcionaba salud y contento, a luchar con una tierra obstinada, y para ganarse el pan de cada día.

Debemos advertir, sin embargo, que ese trabajo arduo le era una salvaguarda contra la tentación, y además, le era una fuente de felicidad y salud.

El Espíritu de Profecía nos dice, que luego de la caída, el trabajo ha sido conducivo a la salud y bienestar del hombre.

DESPUÉS DEL DILUVIO se efectuó otro cambio en la dieta del hombre. Hubo una destrucción temporal de toda vida vegetal y Dios afrontó esta emergencia permitiéndole al hombre agregar la carne a su régimen alimenticio. En este mismo sentido, el Espíritu de Profecía nos dice en el libro Consejos Sobre el Régimen Alimenticio pag. 446:

Dios permitió que la raza longeva comiera alimentos de origen animal para abreviar su existencia pecaminosa. 

Notamos cómo la raza humana inmediatamente comenzó a decrecer en tamaño y en longevidad.

EN EL TIEMPO DEL PUEBLO DE ISRAEL, después del éxodo, Dios dió a este pueblo de Israel instrucción completa sobre principios generales de Salud y del régimen alimenticio. El pueblo salía de una esclavitud en Egipto contagiado con hábitos contrarios a la Salud y fué instruído estrictamente en el desierto antes de entrar a Canaán; se le enseñaron principios de higiene y se le sometió a leyes sanitarias. El propósito de Dios para Israel era que fuese un pueblo sano, limpio y feliz; los sometió a un sistema de disciplina, que si lo hubiesen seguido, habría resultado en bien y bendición para ellos y para toda su posteridad. Les proveyó un régimen completamente vegetal (el maná) y completamente libre del daño que les causaban los alimentos cárneos que consumían en Egipto.

Interesante y de la mayor importancia es conocer sobre la Salud y la Medicina en el Siglo 19 y así darnos cuenta cómo en forma providencial Dios instruyó para ese tiempo a su pueblo, llevándolo hacia mejores remedios y un régimen alimenticio saludable que lo aliviara y librara de enfermedades y sufrimientos.

Existe un gran abismo entre la Medicina Moderna y la del Siglo pasado. Los más elementales conocimientos modernos en la medicina actual, eran desconocidos a mediados del Siglo pasado. Nuestros antepasados sufrieron días de muchas aflicciones, pues fueron azotados de muchas enfermedades.

Para aliviar a los enfermos, los médicos en ese tiempo usaban sustancias tales como el cálomel, la estricnina, el mercurio, la ipecacuana, la nuez vómica, la quina, el opio, el alcohol y el tabaco.

Se les prohibía al paciente beber agua o usarla externamente. Los médicos sangraban al paciente a menudo, y abundan las evidencias de que prescribían libremente las más fuertes drogas y narcóticos.

Y, ¿cómo era el régimen alimenticio en el Siglo 19? Era un régimen pesado, cargado de carnes (especialmente de cerdo), lleno de grasa y muy condimentado. Sobre las comidas se bebía cidra o whisky, té o café.

Ahora echemos un vistazo también a las condiciones de salud del Pueblo Adventista de esos días. Los Adventistas de aquel tiempo no entendían los principios de salud. Antes de 1863 (año en que fué presentado en visión a la Sra. Elena White el importante asunto de la Reforma Pro-Salud) se habían abstenido de algunas sustancias dañinas (tabaco, té, café, etc.) pero el progreso era muy lento.

Para esa época la mayoría de nuestros principales mensajeros o predicadores yacían enfermos. Las necrologías que aparecen en la Review & Herald (órgano oficial de la Iglesia Adventista) durante el Año 1862 informan de 63 fallecimientos. De estos, 18 correspondían a niños menores de 7 años, 9 a jóvenes hasta los 20 años, 14 a personas de 21 a 40 años de edad. Solo 22 pasaron de esa edad. Como podemos notar, una gran mayoría de nuestros hermanos morían muy jóvenes. La misma Hna. White había sobrevivido a tres ataques y si no hubiese sido salvada providencialmente de una grave dolencia cardíaca y de un incipiente cáncer al ojo, habría concluído su vida y su obra a la edad de 27 años.

Para este tiempo podemos notar que Dios obró en forma providencial en los primeros días de la Iglesia Adventista para poner a su pueblo en armonía con la ley física. El 6 de Junio de 1863, Dios presentó a la Sra. Elena White en visión el importante asunto de la Reforma Pro-Salud. Notemos que eso ocurrió menos de 2 semanas después de la clausura de la Primera Sesión de la Asociación General, celebrada en Battle Creek. La visión sobre la Reforma Pro-Salud fue dada providencialmente para que coincidiera con el tiempo de la organización de la Iglesia en un cuerpo.

Cristo observaba las multitudes que se agolpaban alrededor de Él y tenía gran compasión de ellas, a causa de las enfermedades, la tristeza, el dolor, y la degradación que los cubría. Jesús conocía todas las necesidades y desgracias del ser humano y sufría con ello. Hoy existe la misma necesidad. El mundo está lleno de enfermedad y sufrimiento, y hacen falta personas que trabajen como Cristo trabajó en favor de los dolientes. El mundo está lleno de personas que necesitan que se las atienda y ayude.

La raza humana ha ido degenerando a medida que pasa el tiempo y la enfermedad ha ido tomando terreno hasta llevar al hombre a una condición de desesperación. Las enfermedades del cuerpo afectan la mente y es ésta la mayor causa de la condición de miseria espiritual y moral en que se encuentra el hombre.

Se vive violando continuamente la ley física. Nos dice la Sra. White en su libro ‘Consejos sobre Salud’, pág. 19 :

A través de las sucesivas generaciones que siguieron a la caída del hombre, la tendencia ha sido continuamente hacia abajo. Las enfermedades se han transmitido de padre a hijo, una generación tras otra. Aún los niños sufren enfermedades causadas por el pecado de sus padres. 

Esta condición ha prevalecido durante tanto tiempo, que ha llegado a aceptarse como suerte natural de la humanidad. Sin embargo, estamos completamente seguros que Dios no creó a la raza humana para que llegara a ese estado de degradación y sufrimiento. Ese estado es producido por nuestros malos hábitos, es decir, por la violación de las leyes que Dios estableció para gobernar la existencia humana. Nos dice el Espíritu de Profecía:

La transgresión sostenida de las leyes de la naturaleza (la ley física, la ley que gobierna nuestros cuerpos) es una transgresión continua de la Ley de Dios.

Continuamente el hombre está practicando hábitos equivocados y debido a eso las leyes físicas y morales se han descuidado en forma tal que las prendas espirituales y morales han descendido mucho en la raza humana. La complasencia de los apetitos y pasiones ejerce una influencia poderosa sobre el sistema nervioso del individuo. Los órganos animales se fortalecen, entre tanto que las fuerzas morales van perdiendo su vigor. Esta es la razón por la cual es imposible que una persona intemperante pueda ser cristiana al mismo tiempo, ya que sus facultades superiores llegan a ser esclavas de sus pasiones.

Todo lo tratado aquí con anterioridad nos lleva a la conclusión de que se necesita una obra de reforma en la vida de cada individuo. Es casi imposible describir la corrupción prevaleciente en nuestro mundo. Notamos que toda persona desea ser fuerte, saludable y vivir durante muchos años, pero el conseguir eso parece una tarea bien difícil, ya que la enfermedad nos acecha todo el tiempo. Por esto vemos dolor y agonía física por todas partes. Aún cuando la ciencia médica hace cada día conquistas maravillosas, las enfermedades y el dolor se multiplican. Una de las luchas más fuertes que libramos es la que sostenemos por nuestra salud; esto podemos palparlo no solamente en los Centros de Salud y Hospitales, sino hasta en nuestros propios hogares. Cuando la enfermedad llega y la salud se pierde, cada persona está dispuesta al mayor sacrificio posible con tal de volver a tener el intenso gozo de una buena salud.

Entonces… ¿en qué estriba el problema en nuestros casos? Anhelamos la salud, pero no podemos conservarla; la perdemos y nuestra existencia se transforma en todo un calvario de sufrimiento y aflicciones. El Profeta Oseas nos presenta esta cuadro y la razón del por qué:

Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. Oseas 4:6

Muchas personas se están matando por la falta de conocimiento. Mucha gente, si supiera de antemano el daño a sufrir como resultado del fumar, ingerir bebidas alcohólicas, usar té negro o chino, café y bebidas carbonatadas a base de cola, nunca adquirirían esos hábitos.

Es necesaria una obra de Reforma Pro Salud en la vida de cada uno de nosotros. A nosotros corresponde conocer, practicar, y luego compartir con nuestros semejantes los principios del sano vivir. Nunca debemos olvidar que el más grande poder sanador es el amor de Cristo. Este amor imparte salud a cada parte de nuestro organismo (cerebro, nervios, corazón, etc.) y por su medio nuestras energías entran en actividad; esto hace que nos libremos de ansiedad, tristeza y enfermedades que agotarían nuestras fuerzas; así es implantado en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir… un gozo que dá salud y vida.

Entremos ahora de lleno a tratar el tema de las RAZONES principales que nos llevan a hacer una Reforma en nuestros hábitos de vida con la intención precisa de conseguir una mejor salud que nos produzca el ánimo y las fuerzas necesarias para trabajar con Cristo por la salvación de nuestros semejantes.

Este es un asunto de obediencia; al obedecer nosotros estos principios, tendremos mejor salud. Debemos comprender la obligación que tenemos para con Dios de presentarle nuestros cuerpos limpios. Existen reglas establecidas por nuestro Dios que, si se observan, nos librarán de enfermedad y muerte. Debemos entender que Dios es tanto el autor de las leyes físicas como lo es de la ley moral. Nos dice el Espíritu de Profecía: “El Creador del hombre ha dispuesto la maquinaria viviente de nuestro cuerpo. Dios se ha comprometido a conservar esta maquinaria humana marchando en forma saludable si el agente humano quiere obedecer las leyes de Dios y cooperar con él. Toda acción descuidada, todo abuso cometido con el maravilloso mecanismo del Señor, …es una violación de la ley de Dios”. “Es tan ciertamente un PECADO violar las leyes de nuestro ser (la ley física; la que tiene que ver con nuestro estado de salud) como lo es quebrantar las leyes de los 10 mandamientos. Los que transgreden la ley de Dios en su organismo físico, tendrán la inclinación a violar la ley de Dios pronunciada desde el Sinaí”. – Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág.18. Consideramos, además, que como hijos de Dios, nosotros no podríamos glorificarlo a Él con cuerpos y mentes enfermos. Es por eso que creemos que nuestro principal deber es dar a las leyes físicas un estudio cuidadoso y poder así practicar sus principios en nuestras vidas. El Espíritu de Profecía nos dice en C.R.A. págs. 19 y 20, que la ignorancia en estas cosas está penalizada, ya que estamos transgrediendo leyes que son divinas y las cuales Dios mismo las ha implantado en nuestro ser. El ser humano es responsable por todo rayo de luz recibido con respecto a su bienestar físico.

Dios nos ha tolerado durante el tiempo de nuestra ignorancia, pero tan pronto como la luz brilla sobre nosotros, él nos exige que cambiemos nuestros hábitos destructores de la salud, y que nos coloquemos en la debida relación con las leyes físicas. Consejos Sobre El Régimen Alimenticio, pág. 21 

Cuando dejamos de obedecer los principios de la ley física y nos enfermamos, le presentamos a Dios una ofrenda despreciable…una ofrenda que Él no puede aceptar; imponemos también a nuestros relacionados y familiares una carga pesada, y si morimos les acarreamos dolor y sufrimiento; por todo esto, debemos comprender que le quitamos a la familia el bienestar que pudiésemos darle, y al Señor el servicio que podríamos prestarle para el progreso de su obra. Nuestro Dios es todo amor, bondad y misericordia y nos dice el Espíritu de Profecía:

Y cuando la luz les llega a los que han perjudicado su salud por complascencias pecaminosas, y ellos se convencen de pecado y se arrepienten y buscan el perdón, Él acepta la pobre ofrenda que le presentan y los recibe. Consejos Sobre El Régimen Alimenticio, p. 24 

Otra razón de peso para imponer una Reforma Pro-Salud en nuestras vidas es que disminuirán en nosotros las enfermedades y escaparemos a muchos peligros que nos asechan. Leamos algunos párrafos y veamos cómo la Sra. White enfoca este tema en su libro Consejos Sobre El Régimen Alimenticio, en la pág. 24, ella nos dice:

El Señor ha permitido que su luz brillara sobre nosotros en estos últimos días, para que las tinieblas que se han juntado en las generaciones pasadas debido a una complascencia pecaminosa, pudieran ser en cierto grado despejadas, y para que el tren de los males (enfermedades) que han resultado debido a la intemperancia en el comer y en el beber, pudiera ser disminuído. 

Dios ha permitido que la luz de la Reforma Pro Salud brillara sobre nosotros en estos días finales, para que andando en la luz escapemos a muchos de los peligros a que estaremos expuestos.

Una razón de mucha importancia en nuestra vida de servicio cristiano que nos lleva a hacer una Reforma en nuestra Salud es la que nos lleva a comprender la relación estrecha que existe entre la práctica de dichos principios y la respuesta a nuestras oraciones por el enfermo. Una de las muestras fehacientes de nuestro amor por el prójimo es la que nos impulsa a orar frente al lecho de nuestros amigos, hermanos y familiares enfermos, compartiendo así con ellos su dolor y sufrimiento. Veamos algunos párrafos inspirados del Espíritu de Profecía sobre este tema:

El Señor me ha mostrado que cuando el Israel de hoy se humille delante de él y quite toda inmundicia del templo de su alma, Dios escuchará sus oraciones en favor de los enfermos… 

Dios no salvará milagrosamente de las consecuencias de sus faltas a aquellos que están resueltos a satisfacer a toda costa su apetito pervertido. 

Ví la razón por la cual Dios no escuchó más plenamente las oraciones de sus siervos en favor de los enfermos que hay entre nosotros, es que Él no podía ser glorificado al hacer tal cosa mientras estuviéramos violando las leyes de la salud.

Finalizando esta sección del tema, aquí les presentamos un párrafo que la Hna. White escribió en su libro C.R.A, y el cual, por su importancia, les pedimos lean con detenimiento y así comprendan por qué, muchas veces no son contestadas en forma positiva nuestras oraciones por restablecimiento de la salud:

Los que gratifiquen su apetito y entonces sufran por su intemperancia, y tomen medicamentos para aliviarse, pueden estar seguros de que Dios no intervendrá para salvar la salud y la vida que se puso en peligro en forma tan temeraria. La causa ha producido su efecto. Muchos, como último recurso, siguen la instrucción de la Palabra de Dios, y solicitan las oraciones de los ancianos de la Iglesia para la restauración de su salud. Dios no ve conveniente contestar oraciones ofrecidas en favor de tales personas, porque Él sabe que si su salud fuera restablecida, ellos la sacrificarían de nuevo sobre el altar de un apetito malsano. 

Existe en nosotros una falta notoria de preparación para el fuerte clamor. La Sra. White nos dice:

Me fue mostrado que la Reforma Pro-Salud es una parte del Mensaje del Tercer Angel y está tan estrechamente relacionada con él como el brazo y la mano lo están con el cuerpo. Como pueblo veremos un movimiento de avance en esta gran obra. Los hijos de Dios no están preparados para el fuerte clamor del Tercer Angel. Tienen una obra que hacer en favor de sí mismos que no deben dejar para que Dios la haga por ellos… limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu… A fin de estar listos para la traslación, los hijos de Dios deben conocerse a sí mismos. Deben tener siempre el apetito en sujeción a los órganos morales e intelectuales. El cuerpo debe ser siervo de la mente, y no la mente del cuerpo. 

Muchas más razones para comenzar una Reforma Pro Salud en nuestros cuerpos podríamos seguir citando en este estudio, pero solo le hemos presentado algunas de las más importantes y necesarias.

Para terminar, recordemos cuán hermosos son la alegría y el bienestar experimentados cuando se tiene una buena salud. ¡Que esto nos ayude a recuperar y mantener fuerzas cada día, para usarlas en forma íntegra en la causa del Señor.

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