Skip to content

El poder de la temperancia

Poder de temperancia

El ser “abstemio” significa ser moderado o ser mesurado en el uso de ciertas cosas, incluyendo aun el participar en exceso de una buena alimentación. La temperancia se relaciona con algo similar. Trata con la moderación o dominio propio.

La temperancia también puede significar el evitar totalmente ciertas substancias o actividades, como también lo indica la abstinencia.

Aquí estamos hablando de dominio propio. Para poder tener éxito físico, mental, y moral en la vida, debemos ser temperantes en cuanto a lo bueno y abstemios en cuanto a lo perjudicial.

Para poder preservar la salud, es necesaria la temperancia en todo, la temperancia en el trabajo, temperancia en el comer y el beber.—How to Live, página 57

La verdadera temperancia nos enseña a abstenernos enteramente de lo que es perjudicial, y a usar juiciosamente sólo artículos alimenticios sanos y nutritivos.—Health Reformer, 1 de abril, 1877

El evangelista, Pablo, nos aconseja a ser “temperantes en todo” (1 Corintios 9: 25). Ésto significa que debiéramos evitar aquello que es perjudicial, evitar los innecesarios extremos, y ser moderados en aquello que es lícito (bueno o permitido hacer). Salud de cuerpo, mente y alma es imposible sin un vivir cuidadoso y temperante.

Aun al comer de lo más sano, se puede ser desmesurado. Demasiado, aun de la mejor alimentación, es perjudicial. Demasiado sol puede resultar en severas quemaduras; demasiado ejercicio puede causar excesivo agotamiento, y así por el estilo todo lo que hacemos.

Seneca dijo: “El hombre no muere; ¡se mata a sí mismo!” Mucho del trágico acortamiento de la vida del hombre, como a menudo vemos, es innecesario. Hombres y mujeres violan las leyes de la salud, y la ley de la abstinencia es una de las más importantes.

El célebre escritor americano, William Cullen Bryant, vivió hasta una edad muy madura. Cuando se le preguntó la razón de su excelente salud a tan avanzada edad, él contestó: “Todo se suma en una palabra: moderación.” Si fuéramos temperantes en todo, debe ejercerse el dominio propio en nuestra conversación, nuestra dieta diaria, nuestros hábitos de trabajo, nuestra recreación, nuestros viajes, nuestro dormir, y nuestro estudio. A través de la vida, debiéramos siempre estar en guardia para no caer en la intemperancia. Las tensiones y perjuicio de la juventud se suman y se revelan en los años postreros. Vivid cautelosamente, y si no lo estáis así haciendo, entonces determinadlo así de inmediato, decidid que por la gracia de Dios viviréis una mejor vida. Afortunadamente, cuando empezamos a vivir de manera más sana, nuestra felicidad futura inmediatamente empieza a mejorar.

El poder de la voluntad para hacer los cambios necesarios puede encontrarse en Cristo, en humilde sumisión a él, y atenta obediencia a su inspirada Palabra. Es la voluntad de nuestro Padre Celestial que no sólo aprendamos y obedezcamos su Ley Moral, los Diez Mandamientos, sino que también aprendamos y obedezcamos las leyes físicas que gobiernan nuestro ser.

La moderación es algo que pocos valoran como se debiera. No obstante, es la cuerda que ata en conjunto muchos otros principios de salud.

La Biblia dice:

Todo aquel que lucha, de todo se abstiene. (1 Corintios 9: 25)

Como hemos mencionado antes, la verdadera temperancia incluye moderación en todo lo bueno al igual que abstinencia de todo lo perjudicial.

Algunas de las cosas perjudiciales que debieran evitarse: No uséis el tabaco en ninguna de sus formas, pues es un veneno lento y poderoso. Evitad totalmente las bebidas alcohólicas. Evitad las substancias venenosas y drogas tóxicas. Ésto incluye no sólo líquidos y sólidos, sino también vapores y humos. Guardaos de substancias adictivas y nunca participéis de ellas. Incluidos dentro de esta catergoría estarían no sólo bebidas alcohólicas sino productos cafeinados, tales como café, té negro, y las bebidas tipo Cola. Productos cafeinados perjudican los órganos y, además, las bebidas tipo Cola gradualmente destruyen la dentadura.

Las comidas muy endulzadas, tales como los confetis, los helados, los pasteles, y el chicle de masticar, mejor es que se los evite por completo.

La Biblia dice que no se debe comer la sangre o la grasa. Sin embargo, es prácticamente imposible preparar platillos de carne con sabor alguno después que toda la sangre, grasa, y ácido úrico (orina en los tejidos) hayan sido primero eliminados o hervidos.

No uséis alimentos grasosos. Ésto incluye la mantequilla, margarina, y grasa animal. Cualquier aceite que es sólido o semi sólido estando en temperatura normal, nunca debiera ser introducido al cuerpo. Guardaos de las grasas tipo tránsido o “trans”. Éstas son los aceites parcialmente hidrogenizados que han sido introducidos en la margarina y muchos otros alimentos. Un ejemplo de ésto es la mantequilla de maní que se vende en los supermercados. Notaréis que contiene nada de aceite que fluye libremente. Todo el aceite ha sido solidificado mediante la hidrogenización.

Químicamente, tal grasa tiene el mismo efecto sobre el cuerpo que la grasa animal. (Además, algunas fábricas eliminan el aceite de maní, y entonces añaden a la pulpa del maní un aceite barato que ha sido hidrogenizado). Este aceite barato es a veces una grasa animal, aunque está marcado en la etiqueta como “aceite vegetal.” La carne en la dieta tiene la tendencia de podrirse en el sistema. Ésto se debe al hecho de que nuestro tracto digestivo es más largo que el de los perros, tigres, y otros animales carnívoros.

No cocinéis o comáis alimentos en aluminio. Las sales alumínicas son venenosas al cuerpo. Evítense alimentos que han sido refinados, tales como la harina blanca, arroz blanco, azúcar blanca, pan blanco, etc. Mas bien, cómanse alimentos integrales: pan integral, y cereales integrales, arroz integral, miel, etc.

El bicarbonato de sodio y polvo de hornear no debieran ser usados en la preparación de alimentos, pues perjudican la delicada pared estomacal. El vinagre es un poderoso ácido y nunca debiera encontrarse en comida alguna.

El uso de especias y condimentos perturba al estómago, crea una sed que es difícil satisfacer con alimento, y que puede conllevar a hábitos adictivos; y se ha visto que provoca enfermedades. Por ejemplo, la pimienta blanca y negra puede causar cáncer intestinal.

Evítense los humos de los automóviles y del tabaco. Los gases de escape contienen plomo, y el humo del cigarillo tiene muchos químicos perjudiciales, además de la nicotina. Evítense las pinturas tipo rociadizas. La laca para metal (como la que se usa por los hojalateros de autos) es epecialmente dañina para los pulmones.

Agua clorurizada conlleva a la arterioesclerosis, y agua fluorizada perjudica los huesos, los dientes, y los nervios.

No se coman o beban cosas que sean demasiado calientes o demasiado frías. Ambas trastornan el estómago y debilitan el sistema digestivo.

Los preservativos de alimentos y los residuos de insecticidas son ambos peligrosos en los alimentos. Es mejor lavar la fruta fresca y los vegetales frescos antes de comérselos, para poder eliminar lo más posible los insecticidas. Tratad de evitar el uso de alimentos procesados que tienen preservativos.

Tanto el chocolate como el cacao, contienen substancias perjudiciales.

Aquello que es perjudicial debiera evitarse, y mucho de lo que es bueno debiera usarse en moderación. Maténgase un balance entre el descanso y el ejercicio; no demasiado trabajo ni muy poco. La regularidad en el horario y las rutinas cotidianas de la vida ayudarán en gran manera para mantenernos en la mejor salud. Procure tener un tiempo fijo para levantarse en la mañana, para el culto matutino, la oración, beber agua, tomar los alimentos, tiempo de salir del trabajo por la tarde, culto familiar, la caminata por la tarde, acostarse, etc. Manteniendo las rutinas sencillas simplifica la vida, relaja la mente, y nos ayuda a trabajar con más eficiencia.

La limpieza personal es, de hecho, otro tipo de moderación.

Limpieza corporal, de ropa, de las sobrecamas, y de la casa, son importantes para la buena salud. Abrid las ventanas y dejad entrar el sol purificador y el aire puro. El agua es el mejor agente purificador que la humanidad conoce. Es un don de Dios. Mantened vuestro ambiente limpio y vuestra vida será más feliz.

Muy cercano a lo de limpieza está lo de la pulcritud y el buen orden. Manteniendo las cosas limpias y bien ordenadas es tanto animador para la mente como alentador para la eficiencia mental.

El tener la cintura muy apretada, como cuando se usan las fajas, los corsets, etc., puede inducir la enfermedad del órgano pélvico. Deje que la ropa cuelgue desde los hombros. Use ropa que evitará el resfriado de los brazos y las piernas.

Rehuse vivir una vida de ansiosa inquietud. La preocupación desgasta las fuerzas vitales. Si no puedes resolverlo en cinco minutos, entrégaselo a Dios en oración y luego olvídalo. Después vendrán las soluciones a la mente.

Ténganse ciertas horas para trabajar y ciertas horas para el descanso; hágase lo mismo con la mente. Apáguela en ocaciones y sólo relájese. Sobre todo, manténgase alegre, y cerca de Dios y Su Palabra Escrita.

No deje que nada le mantenga continuamente deprimido o ansioso. La gente que es alegre y tranquila, siempre es más sana y vive una vida más larga y feliz.

Una actitud alegre, relajada, y tranquila; la confianza en Dios, la oración y obediencia a Su Palabra; moderación en los hábitos de vida, en el uso de los ocho remedios naturales; y una vida que evita substancias adictivas y venenosas; que procura ser una bendición y ayuda a los que la rodean (ya sea que aprecien o no nuestros esfuerzos); es la fórmula para una vida longeva, feliz, y satisfactoria.

Principios adicionales

Dios es el dueño de todo el hombre. Alma, cuerpo, y espíritu son de él. Dios dio a Su Hijo unigénito para salvar también el cuerpo al igual que el alma; y nuestro ser entero pertenece a Dios, para ser consagrado a Su servicio, para que mediante el ejercicio de cada facultad que él ha dado, podamos glorificarle.—Healthful Living, p. 9

El organismo vivo es propiedad de Dios; le pertenece por el derecho que le confieren la creación y la redención. Por lo tanto, por el empleo equivocado de cualquiera de nuestras facultades, despojamos a Dios del honor que le debemos.—Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 16

Nuestros mismos cuerpos no son nuestros, para tratarlos como nos plazca, para estropearlos mediante hábitos que conllevan a la decadencia, haciendo imposible rendir a Dios un servicio perfecto. Nuestras vidas y todas nuestras facultades le pertenecen. Él se preocupa por nosotros a cada momento; él mantiene en acción la maquinaria viviente; y si fuésemos dejados para sostenerla por un momento, moriríamos instantáneamente. Dependemos absolutamente de Dios.—El Miniserio Médico

Es nuestro deber estudiar las leyes que gobiernan nuestro ser, y conformarnos a las mismas. Ignorancia en estos asuntos es pecado.—Healthful Living, p. 13

Desde el mismo amanecer de la razón, la mente humana debería tener entendimiento acerca de la estructura física. Podemos contemplar y admirar la obra de Dios en el mundo natural, pero la habitación humana es la más admirable.—Consejos para los Maestros, p. 119

Ignorancia de la fisiología, y negligencia en observar las leyes de salud ha llevado a muchos a la tumba, que pudieran haber vivido para trabajar y estudiar inteligentemente.—Special Testimonies on Education, p. 98

Familiarizarse con el maravilloso organismo humano, los huesos, músculos, estómago, hígado, intestinos, corazón y los poros de la piel, y entender la relación de un órgano con otro para la acción saludable de todos, es un estudio en el cual la mayoría de las madres no se interesan. No saben nada de la influencia del cuerpo sobre la mente y de la mente sobre el cuerpo. Parecen no entender la mente, que vincula lo finito con lo infinito. Cada órgano del cuerpo fue hecho para servir a la mente. La mente es la capital del cuerpo. Por lo general a los niños se les permite comer carnes, especias, manteca, queso, puerco, pasteles grasosos y condimentos. También se les permite comer alimentos insalubres en forma irregular y entre las comidas. Estas cosas hacen su obra de trastornar el estómago, excitando los nervios para una acción antinatural, y debilitando el intelecto. Los padres no comprenden que están sembrando la semilla que producirá enfermedad y muerte.— Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 153

Estúdiese ese marvilloso organismo, el sistema humano, y las leyes mediante las cuales es gobernado.—Christian Temperance, p. 120

Si la gente razonara de causa a efecto, y siguiera la luz que brilla sobre ellos, seguiría un curso que aseguraría la salud, y la mortalidad sería mucho menos. Todo el que posee capacidades comunes debiera entender las necesidades de su propio organismo.How to Live, p. 51

El que tiene hambre y sed de Dios, buscará un entendimiento de las leyes que el Dios de sabiduría ha dejado impresas en la creación. Estas leyes son un trasunto de su carácter. Deben controlar a todo el que entra a la patria mejor y celestial.—Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

La ley de Dios está escrita por su propio dedo sobre cada nervio, cada músculo, y cada facultad que ha sido confiada al hombre.—Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

La transgresión de la ley física equivale a la transgresión de la ley de Dios. Nuestro Creador es Cristo Jesús. Él es el autor de nuestro ser. Él es el autor de la ley física como de la Ley Moral. Y el ser humano que es descuidado y destructivo en los hábitos y prácticas que conciernen su vida física y salud, peca contra Dios. Dios no es reverenciado, respetado o reconocido. Ésto se muestra mediante el perjuicio hecho al cuerpo en violación a la ley física.—Unpublished Testimonies, 19 de mayo, 1897 

La salud, la fortaleza, y la felicidad, dependen de leyes inmutables; pero estas leyes no pueden ser obedecidas donde no existe una ansia de llegar a conocerlas.—Health Reformer, 1 de septiembre, 1881, p. 11

Dios es muy deshonrado por la forma en que el hombre trata su organismo, y no obrará un milagro para contrarrestar las perversas violaciones de las leyes de la vida y la salud.—Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

El Señor ha hecho como parte de Su plan, que lo que el hombre cosecha será conforme a lo que haya sembrado.—Unpublished Testimonies, 19 de mayo, 1897

Dios pide reformadores que se levanten en defensa de las leyes que él ha establecido para gobernar el organismo y para mantener una norma elevada en la educación de la mente y el corazón.—Testimonios para los Ministros, p. 195 

Es el deber de cada ser humano, para su propio bien y para el bien de la humanidad, informarse tocante a la leyes de la vida orgánica, y obedecerlas a conciencia. Es el deber de cada persona educarse respecto a las enfermedades y sus causas. Debéis estudiar vuestra Biblia para poder entender el valor que el Señor da a los hombres que Cristo ha comprado a un precio tan infinito. Entonces debiéramos conocer las leyes de la vida, para que cada acción del agente humano esté en perfecta armonía con las leyes de Dios. Cuando existe un peligro tan grande por la ignorancia, ¿acaso no es mejor ser inteligentes respecto a la habitación humana que nuestro Creador ha formado, y sobre la cual Él desea que seamos fieles mayordomos?—Unpublished Testimonies, 4 de diciembre, 1896

La trangresión de la ley física es transgresión de la ley de Dios. Nuestro Creador es Cristo Jesús.Unpublished Testimonies, 19 de mayo, 1897

Cada ley que gobierna la maquinaria humana ha de ser considerada tan verdaderamente divina en su origen, en carácter, y en importancia, como lo es la Palabra de Dios. Cada acción descuidada, cualquier abuso puesto sobre el maravilloso mecanismo, al desatender Sus especificadas leyes de la habitación humana, es una violación de la ley de Dios. Esta ley abarca el trato de todo el ser.—Unpublished Testimonies, 11 de enero, 1897

Dios ha hecho leyes para gobernar cada parte de nuestra constitución, y estas leyes que él ha puesto en nuestro ser, son divinas; y por cada transgresión existe un castigo fijo, el cual tarde o temprano debe realizarse.—Healthful Living, p. 20

Nuestro primer deber, que le debemos a Dios, a nosotros mismos y a nuestros semejantes, es obedecer las leyes de Dios, lo cual incluye las leyes de la salud.—Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 184

Las leyes que gobiernen la naturaleza física son tan ciertamente divinas en su origen y carácter como lo es la ley de los Diez Mandamientos.

El hombre fue maravillosamente formado; pues Jehová ha inscrito su ley mediante su propia mano, en cada parte del cuerpo humano.—Unpublished Testimonies, 5 de agosto, 1896

Es tan pecado violar las leyes que rigen nuestro ser, como quebrantar uno de los diez mandamientos, porque no se puede hacer ninguna de las dos cosas sin quebrantar la ley de Dios.—Testimonios para la Iglesia, tomo 2, p. 64

La violación de estas leyes es una violación de la ley inmutable de Dios, y el castigo ciertamente seguirá.—Review and Herald, 16 de octubre, 1883 

Todos nuestros goces o sufrimientos pueden atribuirse a la obediencia o transgresión de la ley natural. —Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 180

Dios, el Creador de nuestros cuerpos, ha arreglado cada fibra y nervio y tendón y músculo; y se ha comprometido a guardar la maquinaria en orden si el agente humano coopera con Él y rehusa obrar contrario a la leyes que gobiernan el sistema humano.—Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

Cada abuso de cualquier parte de nuestro organismo es una violación de la ley que Dios ha diseñado para gobernarnos en estos asuntos; y al violar esta ley, los seres humanos se corrompen. El malestar, enfermedad de toda clase, constituciones arruinadas, decadencia prematura, muertes sin sentido, son el resultado de la violación de las leyes de la naturaleza.—Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

La enfermedad es causada por la violación de las leyes de la salud; es el resultado de violar la ley de la naturaleza.—Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 184

Todo lo que lucha contra la ley natural crea una condición enfermiza del alma.—Review and Herald, 25 de enero, 1881

Las facultades morales se debilitan porque los hombres y las mujeres no viven en obediencia a las leyes de la salud ni hacen de este gran tema un deber personal.—Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 157

Satanás sabe que no puede vencer al hombre a menos que domine su voluntad. Puede lograr esto engañando al hombre de tal forma que quiera cooperar con él en violar las leyes de la naturaleza en el comer y el beber, lo cual es transgresión de la ley de Dios.—La Temperancia, p. 15

Si innecesariamente perjudicamos nuestros cuerpos, entonces deshonramos a Dios, pues transgredimos las leyes de nuestro ser.—Healthful Living, p. 27

Si el apetito, que debiera ser estrictamente guardado y controlado, es complacido en perjuicio del cuerpo, el castigo de la transgresión seguramente resultará.—Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

La intemperancia de cualquier índole es una violación de las leyes de nuestro ser.—Review and Herald, 8 de septiembre, 1874

El comer meramente para complacer el apetito es una transgresión de las leyes de la naturaleza.Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

Nuestras facultades físicas, mentales, y morales, no son nuestras, sino prestadas por Dios para ser usadas en Su servicio.—Healthful Living, p. 29

La importancia de la salud del cuerpo ha de ser enseñada como requisito bíblico.—Unpublished Testimonies, 30 de agosto, 1896

Todos los que profesan ser seguidores de Jesús debieran considerar que tienen el deber de preservar su cuerpo en el mejor estado de salud, para que su mente pueda estar clara para comprender las cosas celestiales.—Testimonios para la Iglesia, tomo 2, p. 463

Dios no ha cambiado, ni se propone cambiar nuestro organismo físico, a fin de que podamos violar una sola ley sin sentir los efectos de esta violación. Pero muchos cierran voluntariamente sus ojos a la luz… Al complacer sus inclinaciones y apetitos, violan las leyes de la vida y la salud; y si obedecen a la conciencia, deben estar controlados por los principios en su comer y vestir, en vez de ser guiados por la inclinación, la moda y el apetito.—Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, p. 190

Si desearíamos tener salud, debemos vivir para la misma.—Health Reformer, 1 de diciembre, 1870

No se puede, sin cosechar las consecuencias, estropear ni disminuir una sola función de mente o cuerpo por el sobretrabajo, o por el abuso de cualquier parte de la maquinaria viviente.—Review and Herald, 23 de septiembre, 1884

Se requiere un cuerpo sano para tener un intelecto sano.—Christian Education, p. 17

La atenta conformidad a las leyes que Dios ha implantado en nuestro ser asegurará la salud, y no se verá un quebrantamiento de la constitución.Health Reformer, 1 de agosto, 1866

El comer en exceso impide el libre flujo del pensamiento y las palabras, y esa intensidad de convicción que es tan necesaria a fin de grabar la verdad en el corazón del oyente.—Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 340

El comer en exceso, aun de la mejor comida, producirá una condición mórbida de los sentimientos morales. Hábitos erróneos en el comer y el beber conllevan a errores en pensamiento y acción. La complacencia en el apetito fortalece las pasiones animales, proporcionándoles el dominio sobre las facultades mentales y espirituales. Todo lo que esta en guerra contra la ley natural crea una condición enfermiza del alma.—Review and Herald, 25 de enero, 1881

El fundamento de toda reforma duradera es la ley de Dios. Tenemos que presentar en líneas claras y bien definidas la necesidad de obedecer a esta ley. Sus principios deben recordarse de continuo a la gente. Son tan eternos e inexorables como Dios mismo.

Uno de los efectos más deplorables de la apostasía original fué la pérdida de la facultad del dominio propio por parte del hombre. Sólo en la medida en que se recupere esta facultad puede haber verdadero progreso.—El Ministerio de Curación, p. 91

Cuanto menos excitante sea nuestra alimentación, tanto más fácil será dominar las pasiones.—Testimonios para la Iglesia, tomo 2, p. 315 

El dejar de cuidar la maquinaria viviente es un insulto infligido al Creador. Existen reglas divinamente establecidas que, si se observan, guardarán a los seres humanos de la enfermedad y la muerte prematura.—Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, p. 17

Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma.—1 Pedro, 2:11

Con frecuencia los padres cometen el error de dar a sus hijos demasiado alimento. Esos niños se vuelven dispépticos. Es esenial la moderación en el consumo aun de buenos alimentos.—Conducción del Niño, p. 367

Irregularidad en el comer y el beber, y el vestir inapropiadamente, depravan la mente y corrompen el corazón, y hacen que los atributos nobles del alma queden esclavizados a las pasiones animales.Health Reformer, 1 de septiembre, 1871

Un cuerpo enfermizo provoca un cerebro trastornado, e impide la obra santificadora de la gracia sobre la mente y el corazón.—Health Reformer, 1 de septiembre, 1871

Si las personas estiman la luz que Dios en su misericordia les da sobre la reforma pro salud, pueden ser santificadas mediante la verdad y hechas idóneas para la inmortalidad.—Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 181

Cada órgano del cuerpo fue hecho para servir a la mente. La mente es la capital del cuerpo.—Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 153

El cerebro es la capital del cuerpo, el asiento de todas las fuerzas nerviosas y de la acción mental. Los nervios procedentes del cerebro controlan el cuerpo. Mediante los nervios del cerebro, las impresiones mentales son transmitidas a todos los nervios del cuerpo como por cables telegráficos; y controlan la acción vital de cada parte del sistema. Todos los órganos de movimiento son gobernados por las comunicaciones que reciben del cerebro.—Testimonios para la Iglesia, tomo 3, p. 79

Los nervios sensibles del cerebro han perdido su tonicidad por la excitación mórbida destinada a satisfacer un deseo antinatural de complacencia sensual. Los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el Cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima. Cualquier cosa que perturbe la circulación de las corrientes eléctricas del sistema nervioso, disminuye la fuerza de las potencias vitales, y como resultado se atenúa la sensibilidad de la mente.—Testimonios para la Iglesia, tomo 2, p. 311

Un cerebro tranquilo y lúcido, y nervios estables, depende de una circulación sanguínea bien balanceada.—Healthful Living, página 194

Inmediatamente después de comer la energía nerviosa está sobrecargada. La energía del cerebro debe tomar una parte activa ayudando al estómago; por consiguiente, cuando la mente o el cuerpo están abrumados después de una copiosa comida, se dificulta el proceso de la digestión. La vitalidad del organismo, que se necesita para trabajar en una dirección, es desviada y se la hace trabajar en otro sentido.—Testimonios para la Iglesia, tomo 2, p. 368

Cada hábito erróneo que perjudica la salud del cuerpo, reacciona afectando la mente.—Health Reformer, 1 de febrero, 1871

El cerebro es la citadela del hombre entero, y hábitos erróneos en el comer, el vestir, o el dormir, afectan el cerebro, e impiden que alcance lo que el alumno desea,—una buena disciplina mental. Cualquier parte del cuerpo que no es tratada con consideración, enviará el mensaje del perjuicio hacia el cerebro.—Christian Education, p. 124

Es imposible para el cerebro desempeñar sus funciones de la mejor manera posible cuando se ha abusado de las fuerzas de la digestión. Muchos comen apresuradamente diversas clases de alimentos, que originan disturbios en el estómago, y así confunden el cerebro. A la hora de comer, desechad la congoja y las preocupaciones. No estéis apresurados, sino comed lentamente y con alegría, con el corazón lleno de gratitud hacia Dios por todas sus bendiciones. Y no os dediquéis a la labor cerebral inmediatamente después de una comida. Haced una moderada cantidad de ejercicio, y dad un poco de tiempo al estómago para empezar su trabajo.Obreros Evangélicos, p. 255-256

El tentado necesita comprender la verdadera fuerza de la voluntad. Ella es el poder gobernante en la naturaleza del hombre, la facultad de decidir y elegir. Todo depende de la acción correcta de la voluntad. El desear lo bueno y lo puro es justo; pero si no hacemos más que desear, de nada sirve. Muchos se arruinarán mientras esperan y desean vencer sus malas inclinaciones. No someten su voluntad a Dios. No escogen servirle. 

Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo.

Una vida pura y noble, de victoria sobre nuestros apetitos y pasiones, es posible para todo el que une su débil y vacilante voluntad a la omnipotente e invariable voluntad de Dios. —El Ministerio de Curación, p. 131 

Lecciones espirituales

Abstinencia, o temperancia, es sencillamente igual a dominio propio. Únicamente mediante la contínua ayuda de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús, podemos ser capacitados, mediante Su gracia, para controlarnos a nosotros mismos, resistir la tentación, y obedecer la voluntad de Dios.

La voluntad de Dios es revelada a través de los escritos inspirados de la Biblia, y especialmente en los Diez Mandamientos que resumen muchos principios básicos de la piedad.

Si desearíais ser como Jesús, entonces, mediante su gracia capacitadora, obedeced los Diez Mandamientos que él dio en el Monte Sinaí hace más de 3,400 años.

Obediencia a Dios es la base de toda verdadera temperancia, el fundamento de una vida exitosa y feliz en este mundo, y la seguridad de vida por la eternidad con Dios.

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. (Salmo 19: 7-8)

Es contemplando la ley como aprendemos el patrón divino para nuestra conducta y Su voluntad para nuestras vidas.

y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor. (Romanos 2:18)

Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala. (Eclesiastés 12: 13-14)

La intemperancia en la vida es pecado, y el pecado es la violación de la ley de Dios.

Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. (1 Juan 3:4)

Por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (Romanos 3:20)

Obediencia a Dios es el pasaporte al cielo. Jesús dijo:

Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. (Mateo 19: 17)

Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová. (Salmo 119: 1)

Además, tu siervo es amonestado por ellos: y en guardarlos hay grande galardón. (Salmo 19: 11)

Las recompensas de la obediencia son abundantes:

Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo. (Salmo 119: 165)

!Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar. (Isaías 48: 18)

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos. (Salmo 111: 10)

Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra. (Isaías 1:19)

Sin embargo, es sólo mediante la habilitadora gracia de Cristo como podemos guardar la ley de Dios. Separados de Cristo, somos incapaces de resistir el pecado.

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree… (Romanos 1: 16)

Jesús vino a la tierra y murió para que pudiéramos ser librados de caer en pecado.

Llamarás su nombre Jesús, pues Él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mateo 1: 21)

He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. (Juan 1: 29)

Creyendo en Cristo como nuestro Salvador, y actuando de acuerdo con nuestra fe, somos capacitados para obedecer todo lo que Dios pide de nosotros.

¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. (Romanos 3: 31)

Ésta es la base del nuevo pacto, Dios habilitándonos para obedecer sus mandamientos al aceptar y aferrarnos a Jesús, Su Hijo. Cristo es nuestro Mediador en el Cielo, y él nos fortalece para resistir la tentación y obedecer la ley de Dios (Hebreos 8: 6, 10).

La ley y la gracia están cercanamente asociados en el plan de redención. Para entender la gracia, necesitamos entender la ley.

En el principio, Dios creó al hombre y lo puso bajo la ley. El hombre no habría de ser un simple ser salvaje. Él habría de obedecer a Dios. La Ley Moral de los Diez Mandamientos después fue escrita (Éxodo 20). Otras leyes también fueron dadas en aquel tiempo.

Cuando la tierra empezó a poblarse, por ejemplo, habían leyes civiles que regulaban muchos asuntos de la nación de Israel. Se aplicaban al gobierno de la nación.

Había también leyes ceremoniales, o leyes del santuario. Éstas gobernaban los servicios religiosos de la nación, y fueron escritas en un libro que fue puesto al lado del Arca del Pacto. Estas leyes ceremoniales fueron abolidas en la cruz, pues en esa ocasión Cristo, el gran Cordero antitípico, murió por el hombre. Ya hoy en día no necesitamos traer corderos al santuario terrenal para ser sacrificados. En Cristo en el Calvario, la sombra encontró a la substancia y el tipo al antitipo—y las leyes ceremoniales quedaron abolidas. Pero sólo se abolieron las leyes ceremoniales NO LOS 10 MANDAMIENTOS.

Y existían además los Diez Mandamientos. Estos son la Ley Moral de Dios, dada por él para toda la humanidad. Es la ley universal para toda la humanidad. Nadie ha de cometer adulterio, o algún otro pecado puesto en este santo código.

Ésta era la única ley escrita por el dedo de Dios. Era la única ley puesta dentro del Arca del Pacto.

Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová. (Deuteronomio 10: 4) 

Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó. (Deuteronomio 10: 5)

La ley moral de los Diez Mandamientos es eterna. Es el pacto de Dios mismo, y es tan eterno como Dios mismo.

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma. (Salmo 19: 7)

De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. (Romanos 7: 12)

Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad. (Salmo 119: 142)

Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, Que para siempre los has establecido. (Salmo 119: 152)

¿Qué es lo que hace la ley por el pecador?

Primero, le da un conocimiento del pecado.

…porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (Romanos 3: 20)

Segundo, le muestra la culpabilidad y la condenación al no seguirla.

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. (Romanos 3: 19)

Tercero, actúa como un espejo espiritual.

Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. (Santiago 1: 23- 25)

Sin la ley el pecador es como un hombre afligido con una mortífera enfermedad, que no se percata de que la tiene. Pablo dijo:

Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. (Romanos 7:7)

¿Qué es lo que la ley no puede hacer por el pecador?

La ley de Dios no lo puede perdonar o justificar, sólo Jesús puede. Él murió para redimirnos.

…ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (Romanos 3:20)

La ley de Dios no puede impedir que caigamos en pecado, ni nos puede santificar.

¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. (Gálatas 3: 21)

La ley de Dios no puede limpiar o mantener limpio el corazón. Sólo Jesús puede echar fuera el mal, y habilitar al hombre en la obediencia.

¿Qué es lo que la gracia de Cristo hace por el pecador?

Cuando la ley de Dios y el Espíritu de Dios hayan conscientizado al pecador de su mal proceder, él sentirá su necesidad de Cristo Jesús. Yendo al Salvador, él puede recibir ayuda. Si vamos a él y confesamos, y nos apartamos de nuestro pecado, él nos perdona.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestro pecados y limpiarnos de toda injusticia. (1 Juan 1:9)

Mediante la gracia, podemos recibir perdón y justificación.

Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree. (Hechos 13: 38-39)

Mediante la gracia, podemos ser salvos del pecado, o santificados.

Llamarás su nombre Jesús, pues él salvará a Su pueblo de sus pecados. (Mateo 1: 21)

Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención. (1 Corintios 1: 30)

La gracia inspira fe, y nos anima a venir a Cristo, y permanecer con él.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2: 8-10)

La gracia nos trae el poder de Dios.

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. (Romanos 1: 16)

¿Cuál es la relación de un pecador (quien está siendo salvado por gracia) hacia la ley de Dios?

La ley llega a ser la norma de su vida.

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos. (1 Juan 5: 3)

Él permite que Cristo cumpla en él la justicia de la ley (Romanos 8: 3). Cristo escribe la ley en el corazón.

Éste es el pacto que haré… Pondré mis leyes en sus mentes, y las escribiré en sus corazones, y seré para ellos Dios, y ellos serán mi pueblo. (Hebreos 8: 10)

¿Cuál es la interrelación de gracia, fe, amor y ley?

La gracia es favor inmerecido, pero la gracia no sanciona la transgresión continuada.

¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. (Romanos 6: 15)

La fe no invalida, sino establece, la ley.

¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. (Romanos 3:31)

La fe nos proporciona poder para vencer.

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. (1 Juan 5:4)

El amor es el cumplimiento de la ley.

El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. (Romanos 13: 10)

El amor verdadero guarda los mandamientos.

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. (1 Juan 5: 3)

 

Extraído y adaptado de la Enciclopedia de los Remedios Naturales.

<< Regresar a las 8 Leyes de la Salud