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La verdadera educación

La verdadera educación es la preparación para ser misionero. Todo hijo e hija de Dios está llamado a ser misionero; somos llamados para el servicio de Dios y nuestro prójimo; y el objeto de nuestra educación debe ser el habilitarnos para este servicio.—El Ministerio de Curación, p. 375

La educación no debe ser vista como la experiencia adquirida por ir a una institución de “alto aprendizaje”, acreditada por el gobierno de algún país y de alto prestigio, por un período de varios años, y luego, cuando se gradúa la persona es entonces cuando ha ganado su educación. Más bien, desde un punto de vista bíblico, la educación de una persona comienza antes de nacer con el desarrollo prenatal, continúa durante el periodo más importante – los próximos siete años – y nunca termina mientras estemos a este lado de la eternidad.

La educación no debe ser vista como la acumulación de conocimientos, o un repertorio de hechos, sino como el desarrollo del carácter y el profundizar en el conocimiento de cómo aprender por el resto de la vida. Se nos dice que “se necesita mucho estudio para aprender a estudiar.”

Pensemos por un momento en la educación que obtienen los niños en las escuelas del mundo hoy en día, ¡oh! cuantas tareas para la casa luego de un día completo en la escuela, aveces tan complicadas que hasta sus padres no las entienden en algunos casos, tantos libros que leer, tanto que memorizar y la pregunta es: ¿donde queda la preparación y el desarrollo de un carácter semejante al de Jesús? Este tipo de educación está diseñado para crear personas egocéntricas, buscadoras de riquezas mundanales y fama en la sociedad, personas con una mentalidad “positiva hacia el progreso”, emprendedores y empresarios, pero vacíos por dentro de la Verdad. Los sistemas educativos del mundo no están diseñados para  preparar a nuestros pequeños para que estén listos para el reino de los cielos, mas bien los prepara para alejarse de el.

El conocimiento de Dios como se revela en Su Palabra es el conocimiento que debe ser impartido a nuestros hijos. Desde los primeros destellos de inteligencia, ellos debieran familiarizarse con el nombre y la vida de Jesús. Sus primeras lecciones debieran enseñarles que Dios es su Padre. Su primer adiestramiento debiera ser el de una amante obediencia. Reverentemente y con ternura, dejad que la Palabra de Dios sea leída y repetida a ellos, en porciones apropiadas para su comprensión y adaptadas para despertar su interés. Y, sobre todo, dejad que aprendan de su amor revelado en Cristo, al igual que la gran lección: ‘Si Dios tanto amó al mundo, nosotros debiéramos de amarnos a nosotros mismos.’ (1 Juan 4:11).—The Ministry of Healing, p. 460

¿Cuál es la verdadera educación?

Se trata de muchas cosas. Es religión, es la preparación de las facultades físicas, mentales y morales para el cumplimiento de todos los deberes, es la formación de cuerpo, mente y alma para el servicio divino, es la obediencia a nuestro Padre Celestial, es una formación para ser misioneros. La verdadera educación es el conocimiento de Dios.

La verdadera educación también enseña los aspectos prácticos de la vida como la limpieza y el orden, el trabajo en el huerto y el jardín (agricultura y producción de alimentos), trabajo en la cocina, construcción de viviendas, destrezas básicas y no podemos olvidar la enseñanza de la salud y el cuidado de otros (médico misionero). Y estas son sólo algunas de las cosas importantes en las que debemos instruir a nuestros hijos. Si se suman estas cosas a nuestra vida todos los miembros de la familia verán el valor de la industria en su enseñanza y modo de vivir. Veremos el beneficio en nuestras propias vidas.

La gente de este país aprecia tan poco la importancia de los hábitos de laboriosidad, que los niños no son educados para efectuar trabajo verdadero y diligente. Esto debe ser parte de la educación dada a los jóvenes. – La Educación Cristiana, p. 334

Y debemos añadir que si nuestros niños no aprenden esto cuando son jóvenes, no lo harán tampoco cuando sean mayores.

Debemos notar que el trabajo necesario para llevar a cabo la gran comisión evangélica es principalmente una labor de educación. Jesús dijo:

Id, pues, y haced discípulos …  

 

El plan divino original para la educación

El sistema de educación establecido en el Edén tenía por centro la familia. Adán era “hijo de Dios,” y de su Padre recibieron instrucción los hijos del Altísimo. Su escuela era, en el más exacto sentido de la palabra, una escuela de familia.

En el plan divino de la educación, adaptado a la condición del hombre después de la caída, Cristo figura como representante del Padre, como eslabón de unión entre Dios y el hombre; él es el gran maestro de la humanidad, y dispuso que los hombres y mujeres fuesen representantes suyos. La familia era la escuela, y los padres eran los maestros.

La educación que tenía por centro la familia fué la que prevaleció en los días de los patriarcas. Dios proveyó, para las escuelas así establecidas, las condiciones más favorables para el desarrollo del carácter. Las personas que estaban bajo su dirección, seguían el plan de vida que Dios había indicado al principio. Los que se separaron de Dios, se edificaron ciudades, y, congregados en ellas, se gloriaban del esplendor, el lujo y el vicio que hacen de las ciudades de hoy el orgullo del mundo y su maldición. Pero los hombres que se aferraban a los principios de vida de Dios, moraban en los campos y cerros. Cultivaban la tierra, cuidaban rebaños y vacadas, y en su vida libre e independiente, llena de oportunidades para trabajar, estudiar y meditar, aprendían de Dios y enseñaban a sus hijos sus obras y caminos. Tal era el método educativo que Dios deseaba establecer en Israel.

En la vida común, la familia era escuela e iglesia, y los padres eran los maestros, tanto en las cosas seculares como en las religiosas. – El Hogar Cristiano, p. 160-161  

 

El ABC de la educación

El trabajar la tierra es una de las mejores ocupaciones, que pone en actividad a los músculos y da reposo a la mente. El estudio en materia de agricultura debe ser el ABC de la educación dada en nuestras escuelas. Esta es precisamente la primera tarea que debiera iniciarse. Nuestras escuelas no debieran depender de productos importados en lo que se refiere a cereales, verduras y frutas, que tan esenciales son para la salud. Nuestros jóvenes deben ser instruidos en el desmonte de árboles y en la labranza dela tierra tanto como en las ramas literarias. Varios maestros debieran ser elegidospara vigilar a cierto número de alumnos en su trabajo y trabajar con ellos. De este modo los mismos maestros aprenderán a llevar responsabilidades como coadjutores. Los alumnos capaces debieran ser enseñados también a llevar responsabilidades y a ser colaboradores de los maestros. Todos debieran consultar juntos en cuanto a los mejores métodos de llevar adelante el trabajo.

El tiempo es ahora demasiado corto para llevar a cabo aquello que debía haberse hecho en generaciones pasadas. Pero aun en estos últimos días podemos hacer mucho en el sentido de corregir los males existentes en la educación de los jóvenes. Y por cuanto el tiempo es corto, debiéramos estar activos y trabajar celosamente para dar a los jóvenes una educación compatible con nuestra fe. Somos reformadores. Queremos que nuestros hijos estudien de modo que obtengan el mayor beneficio. Para lograr esto, se les ha de proporcionar la ocupación que dé ejercicio a los músculos. La labor diaria y sistemática debiera constituir una parte de la educación de los jóvenes, aun en este último período. Mucho puede lograrse ahora de esta manera. Siguiendo este plan, los alumnos obtendrán amplitud de espíritu y vigor de pensamiento, y en un tiempo dado podrán ejecutar más trabajo mental que lo que podrían estudiando solamente. Y así podrán salir del colegio con constituciones intactas y con fuerza y valor para perseverar en cualquier puesto en que la providencia de Dios los coloque.

El ejercicio que enseña a la mano a ser útil y disciplina al joven para llevar la parte que le toca de las cargas de la vida, proporciona fuerza física y desarrolla cada facultad. Todos debieran buscar algo que hacer que sea beneficioso para sí mismos y para otros. Dios ordenó el trabajo como una bendición y solamente el obrero diligente halla la verdadera gloria y gozo de la vida. 

El cerebro y los músculos deben utilizarse proporcionalmente si se quiere conservar la salud y el vigor. Los jóvenes pueden entonces aportar al estudio de la Palabra de Dios una percepción sana y nervios bien equilibrados. Tendrán pensamientos saludables y podrán retener las cosas preciosas deducidas de la Palabra. Se asimilarán sus verdades y como resultado tendrán fuerza intelectual para discernir lo que es verdad. Luego, según la ocasión lo requiera, podrán dar, con mansedumbre y con temor, a todo aquel que lo demande, razón de la esperanza que hay en ellos. — La Educación Cristiana, p. 300-301

 

El círculo de la familia es una escuela

En su sabiduría el Señor ha decretado que la familia sea el mayor agente educativo. En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela, allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias educativas del hogar son un poder decidido para el bien o para el mal. Son, en muchos respectos, silenciosas y graduales, pero si se ejercen de la debida manera, llegan a ser un poder abarcante para la verdad y la justicia. Si no se instruye correctamente al niño en el hogar, Satanás lo educará por instrumentos elegidos por él. ¡Cuán importante es, pues, la escuela del hogar!

Consideremos el círculo de la familia como una escuela, en la cual preparamos a nuestros hijos para el cumplimiento de sus deberes en el hogar, en la sociedad y en la iglesia. – El Hogar Cristiano, p. 161 

 

La educación en el hogar es primordial

Es un hecho triste, aunque universalmente admitido y deplorado, que la educación en el hogar y la preparación de la juventud actual han quedado descuidadas.

No hay campo de acción más importante que el señalado a los fundadores y protectores del hogar. Ninguna obra encomendada a seres humanos entraña consecuencias tan trascendentales como la de los padres y madres.

Los jóvenes y niños de la actualidad determinan el porvenir de la sociedad, y lo que estos jóvenes y estos niños serán depende del hogar. A la falta de buena educación doméstica se puede achacar la mayor parte de las enfermedades, así como de la miseria y criminalidad que son la maldición de la humanidad. Si la vida doméstica fuera pura y verdadera, si los hijos que salen del hogar estuvieran debidamente preparados para hacer frente a las responsabilidades de la vida y a sus peligros, ¡qué cambio experimentaría el mundo! – El Hogar Cristiano, p. 161 

 

Todo lo demás es secundario

Todo niño traído al mundo es propiedad de Jesucristo y por precepto y ejemplo debe enseñársele a amar a Dios y a obedecerle; pero la gran mayoría de los padres han descuidado la obra que Dios les dió y nc han educado ni preparado a sus hijos, desde el amanecer de la razón, para que conozcan y amen a Cristo. Mediante un esfuerzo esmerado los padres deben observar el despertar de la mente receptiva y considerar todo lo que respecta a la vida del hogar como secundario frente al deber positivo que Dios les ha impuesto: el de educar a sus hijos en la disciplina y admonición del Señor.

Los padres no deben permitir que las preocupaciones comerciales, y las costumbres, máximas y modas del mundo los dominen al punto de hacerles descuidar a sus hijos en la infancia y dejar de darles las instrucciones apropiadas a medida que transcurren los años.

Una de las grandes razones de que haya tanto mal en el mundo hoy estriba en que los padres dedican su atención a otras cosas que la que es de suma importancia: cómo adaptarse a la obra de enseñar a sus hijos con paciencia y bondad el camino del Señor. Si pudiera descorrerse la cortina, veríamos que debido a esta negligencia muchísimos hijos que se han extraviado se perdieron y escaparon a las buenas influencias. Padres, ¿podéis tolerar que así suceda en vuestra experiencia? No debiera haber para vosotros obra tan importante que os impida dedicar a vuestros hijos todo el tiempo que sea necesario para hacerles comprender lo que significa obedecer al Señor y confiar plenamente en él… 

Y ¿qué cosecharéis como recompensa de vuestro esfuerzo? Hallaréis a vuestros hijos a vuestro lado, dispuestos a cooperar con vosotros y a echar mano de las tareas que sugiráis. Encontraréis facilitada vuestra obra. – El Hogar Cristiano, p. 162 

 

Agentes de Dios en el hogar

Los padres deben considerarse en un sentido especial como agentes de Dios para instruir a sus hijos, como lo hacía Abrahán, a fin de que anden en el camino del Señor. Necesitan escudriñar diligentemente las Escrituras, para saber en qué consiste el camino del Señor, a fin de enseñarlo a su familia. Miqueas dice: “¿Y qué es lo que Jehová pide de ti, sino hacer justicia, y amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?” Miqueas 6:8 (VM). A fin de ser maestros, los padres deben aprender, obteniendo constantemente luz de los oráculos de Dios e introduciendo por sus preceptos y ejemplo esta preciosa luz en la educación de sus hijos.

Por la luz que Dios me ha dado sé que el esposo y la esposa deben ser en el hogar ministro, médico, enfermera y maestros, que vinculen a sus hijos consigo y con Dios, que los preparen para evitar todo hábito que en algo pudiera militar contra la obra de Dios en el cuerpo, y que les enseñen a cuidar de toda parte del organismo viviente.

La madre debe destacarse siempre en esta obra de educar a los hijos; aunque recaen sobre el padre deberes graves e importantes, la madre, por tratar casi constantemente con los hijos, especialmente durante sus tiernos años, debe ser siempre su instructora y compañera especial. Debe preocuparse mucho por cultivar el aseo y el orden en sus hijos y por dirigirlos en la adquisición de hábitos y gustos correctos; debe enseñarles a ser laboriosos y serviciales; a valerse de sus recursos, a vivir, actuar y trabajar como estando siempre a la vista de Dios.

Las hermanas mayores pueden ejercer una fuerte influencia sobre los miembros más jóvenes de la familia. Estos, al ver el ejemplo de los mayores, serán regidos más por el principio de la imitación que por los preceptos con frecuencia repetidos. La hija mayor debe considerar siempre como deber cristiano que le incumbe ayudar a la madre a llevar sus muchas y pesadas cargas.

Los padres deben estar mucho en casa. Por precepto y ejemplo deben enseñar a sus hijos a amar y temer a Dios; a ser inteligentes, sociables y afectuosos; a cultivar hábitos de laboriosidad, economía y abnegación. Por manifestar a sus hijos amor, simpatía y aliento en casa, los padres pueden proveerles de un retiro seguro y bienvenido contra muchas de las tentaciones del mundo. – El Hogar Cristiano, p. 163 -164 

 

La preparación para el conflicto venidero

Satanás está reuniendo sus huestes. ¿Estamos nosotros individualmente preparados para el terrible conflicto que tenemos en puertas? ¿Estamos preparando a nuestros hijos para la gran crisis? ¿Nos estamos preparando a nosotros mismos y a nuestras familias para comprender la posición de nuestros adversarios y sus modos de guerrear? ¿Están nuestros hijos adquiriendo hábitos de decisión, a fin de ser firmes e inquebrantables en todo lo que se refiere a los principios y al deber? Ruego a Dios que todos podamos comprender las señales de los tiempos y prepararnos a nosotros mismos y a nuestros hijos para que en el tiempo de conflicto Dios sea nuestro refugio y defensa. – El Hogar Cristiano, p. 164 

 

Aún hay más…

La verdadera educación es una preparación para ser misionero. Todo hijo e hija de Dios está llamado a ser misionero; se nos llama a servir a Dios y a nuestros semejantes, y el objeto de nuestra educación debe ser capacitarnos para este servicio. – El Ministerio de Curación, página 307

Los padres deben comprender que la educación de sus hijos constituye una obra importante en la salvación de las almas. El campo ofrece oportunidad para una abundante ejercitación en la práctica de hacer lo que debe ser hecho y que proporcionará salud física mediante el desarrollo de los nervios y los músculos. ‘Fuera de las ciudades’, es mi mensaje para la educación de nuestros hijos. – De la Ciudad al Campo

El tiempo dedicado al ejercicio físico no está perdido. El alumno que estudia constantemente sus libros, y hace poco ejercicio al aire libre, se perjudica a sí mismo. Un ejercicio equilibrado de los diversos órganos y facultades del cuerpo, es esencial para el mejor funcionamiento de los mismos. Hay pérdida de fuerza física y mental cuando el cerebro está constantemente recargado mientras los otros órganos quedan inactivos. Las facultades físicas quedan privadas de su tono sano, la mente pierde su frescura y vigor, y el resultado es una excitación mórbida.

A fin de que hombres y mujeres tengan mentes bien equilibradas, todas las facultades del ser deben ser puestas en uso y desarrolladas. Hay en este mundo, muchas personas más desarrolladas en un sentido que en otro, porque un conjunto de facultades ha sido cultivado, mientras que el otro se ha atrofiado por la inacción. La educación de muchos jóvenes fracasa porque estudian demasiado, mientras descuidan lo que pertenece a la vida práctica. Para que el equilibrio de la mente pueda conservarse, debe combinarse un juicioso sistema de trabajo físico con el trabajo mental, a fin de que haya desarrollo armonioso de todas las facultades. – La Educación Cristiana, p. 278

Ahora, como en los días de Israel, todo joven debe ser instruido en los deberes de la vida práctica. Cada uno debe adquirir cierto conocimiento de algún ramo manual por medio del cual, si fuera necesario, pudiera ganarse la vida. Esto es esencial, no sólo como una salvaguardia contra las vicisitudes de la vida, sino por su influencia sobre el desarrollo físico, mental y espiritual. Aun cuando fuese seguro que uno no habría de necesitar recurrir al trabajo manual para su sustento, se le debiera enseñar a trabajar. Sin ejercicio físico, nadie puede tener una constitución sana y salud vigorosa; y la disciplina del trabajo bien regulado, no es menos esencial para obtener un espíritu fuerte y activo que para adquirir un carácter noble.

Los alumnos que han obtenido conocimiento de los libros sin adquirir un conocimiento del trabajo práctico no pueden aseverar que tienen una educación simétrica. Las energías que debieran haberse consagrado a los quehaceres de diversos ramos, han sido descuidadas. La educación no consiste en usar solamente el cerebro. El trabajo físico es parte también de la educación esencial para todo joven. Falta una fase importante de la educación si no se enseña al alumno a dedicarse a un trabajo útil.

El ejercicio saludable de todo el ser dará una educación amplia y abarcante. Todo estudiante debe dedicar una parte de cada día al trabajo activo. Así adquirirá hábitos de laboriosidad y se fomentará en él un espíritu de confianza propia, y al mismo tiempo estará a salvo de muchas prácticas malas y degradantes que son a menudo resultado de la ociosidad. Y todo esto está de acuerdo con el objeto primordial de la educación, porque al estimular la actividad, la diligencia y la pureza, nos ponemos en armonía con el Creador. – Consejos para los Maestros, p. 293

La ocupación útil les fue señalada como una bendición, para fortalecer el cuerpo, expandir la mente y desarrollar el carácter.La Educación, pág. 18.

Un regreso a los métodos más sencillos será apreciado por los niños y los jóvenes. El trabajo en la huerta y en el campo constituirá una variación agradable en la cansadora rutina de las lecciones abstractas, a las cuales sus jóvenes inteligencias no debieran jamás ser limitadas. Esta variación será especialmente valiosa para el niño nervioso que encuentra en los libros lecciones agotadoras y difíciles de recordar. Hay para él salud y dicha en el estudio de la naturaleza y las impresiones hechas no desaparecerán de su mente, por cuanto estarán asociadas con objetos que se hallan constantemente ante sus ojos.La Educación Cristiana, p. 300

Estas citas que acabamos de leer encierran el verdadero significado y propósito de la verdadera educación.

Dios nos ha dado el material necesario para poder educar correctamente a nuestros hijos en estas áreas, está en nosotros el tomar ventaja y hacer de provecho dicho material por el bien de ellos.

Material de ayuda y lecturas recomendadas:

1 – SERIE INSTRUCCIONES PARA EL HOGAR

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