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El alimento que comemos

El cuerpo humano fue creado por Dios en el sexto día de la semana de la creación. Es maravillosamente formado.

Debido a ésto, tenemos una especial responsabilidad, como hijos suyos, de obedecer cuidadosamente sus leyes de salud. Él ha provisto abundantemente de las cosas de la naturaleza para nuestro cuidado, y es nuestra responsabilidad usar estas bendiciones para mantenernos en buena salud y así poder mejor ministrar a las necesidades de los que nos rodean.

Podemos vivir como vivió Daniel, en plena obediencia a todas las leyes de Dios. Un aspecto básico de ésto es la dieta que escogemos. Nuestra salud física es mantenida por aquello que comemos, pues lo que ponemos en nuestro cuerpo afecta todos los órganos y tejidos. Una dieta incorrecta, o un apetito mal complacido de una dieta aún siendo buena, impide grandemente la eficiencia mental y física. Una dieta impropia no sólo perjudica nuestros cuerpos, también mantiene nuestras mentes sin funcionar a máxima capacidad. Por ejemplo, un hombre intemperante no puede ser un hombre paciente.

Comiendo la cantidad correcta del alimento apropiado, y sólo a las horas correctas, es lo que se necesita. La comida debiera ser de una calidad sencilla y saludable, y ser masticada lentamente en una atmósfera de alegre gratitud a Dios por sus muchas bendiciones. Para poder entender estos asuntos bien, necesitamos individualmente razonar de causa a efecto, estudiar la Palabra de Dios, y actuar por principio. No permitiendo que las modas y costumbres del mundo se transformen en nuestro criterio.

Todo nuestro gozo o sufrimiento puede ser trazado a la obediencia o transgresión de la ley natural. Hacer claras estas leyes, y recomendar obediencia a las mismas en la fortaleza de Dios es la obra especial que debemos hacer en nuestra vida. Hombres de Dios en los tiempos bíblicos obedecieron atentamente las leyes morales y de salud, y debiéramos obedecerlas hoy. Un aspecto significativo de ésto es el hecho de que el cuerpo es el único medio a través del cual la mente y el alma son desarrollados para el mejoramiento del carácter. Cuán importante es, entonces, que hagamos todo en nuestro poder entregándonos a la obediencia a Dios para nuestras vidas. Ésta es la mayor obra que podemos hacer. Y podemos estar agradecidos que Dios nos fortalecerá, mediante su gracia habilitadora, para complir su voluntad.

La dieta original, dada por Dios a nuestra familia humana, consistía en granos, frutas, nueces, y vegetales. Estos alimentos, preparados en la manera más sencilla y natural como sea posible, son los más sanos y nutritivos. Imparten una fortaleza, un poder de resistencia, y un vigor de intelecto, no conseguidos mediante una dieta más compleja y estimulante.

Esta dieta que Dios dio a nuestros primeros padres, no incluía carne. Es contrario al plan de Dios el que la vida de cualquiera de sus criaturas sea tomada para poder servir de alimento en nuestras mesas. Él desea llevarnos de regreso al plan original que no incluía carne. No desea que nos mantengamos de animales muertos.

Nuestra dieta debiera ser sencilla, y compuesta de alimento sencillo, preparado de una manera sencilla. Por ésto queremos decir: un alimento sencillo y saludable, tanto crudo como apropiadamente cocinado, libre de especias irritantes, grasas, carne de animal, y mezclas complicadas. La comida cruda es buena, pero nuestro sistema también necesita alimento calentado. Comiendo sólo alimentos fríos extrae vitalidad del cuerpo para realizar un calentamiento en el estómago antes de que se realice la digestión. También es recomendable el comer menos variedad de alimentos en una sentada, y no olvidar hacerlo con agradecimiento. Un corazón alegre facilitará la digestión de los alimentos. Alimentos preparados de manera sencilla serán más nutritivos para nuestra familia y visitas. El comer de manera pervertida con muchos platillos, mixturas y mal preparados es glotonería. Y ésto, desde luego, no es deseable.

La dieta también necesita ser adecuada. No consideréis asunto de indiferencia lo que coméis. Vuestra dieta no debiera estar empobrecida, sino nutritiva, pues sólo de esta manera puede el cuerpo producir buena sangre. Una salud perfecta depende de una circulación perfecta, y ésto no puede realizarse sin una sangre saludable.

Frutas, granos, vegetales, y nueces, preparados de manera sencilla libres de carnes, especias o grasa de cualquier clase, constituyen la dieta más saludable. Se requiere pensamiento agudo para preparar alimento nutritivo. Este esfuerzo requiere fe en Dios, sinceridad de propósito, y el deseo de ayudar al prójimo. Somos mortales y debemos suministrar al cuerpo de alimento que le dará el sustento apropiado.

Estúdiense los hábitos personales de dieta, e investíguese de causa a efecto. No desearíamos una dieta rica, grasosa o complicada; pero tampoco queremos una que esté empobrecida y mezquina. Existen alimentos saludables que necesitamos. No los evitéis.

Sin embargo, en algunos casos, se encontrarán ciertos artículos de comida que no son agradables a nuestro sistema. Por ejemplo, los frijoles molestan a algunos. En tales casos, cámbiese la dieta; úsese menos de algunos alimentos; trate de usar otros. Y esté pendiente a las combinaciones de alimentos; algunas son saludables y otras no. Estúdiese individualmente este asunto y llegad a vuestras propias conclusiones en cuanto a lo que habréis de comer. No hay duda de que existe generalmente una amplia variedad de alimentos de los cuales seleccionar.

Al hacer dichas selecciones, tened en mente el clima. Ciertos alimentos pueden ser apropiados para cierto país pero no para otro, o para cierta estación del año y no para otra. Entonces, también existe el asunto del estilo de trabajo. Si se está empeñado en trabajo físico pesado, se puede participar de alimentos algo más variados que lo que lo hiciera una persona de trabajo sedentario.

Entre más cálido el clima, menos severo debiera ser el trabajo físico, y menos alimento deben necesitarse. En conexión con ésto, demasiada azúcar en la dieta, en clima caliente, puede causar problemas.

Sin embargo, ninguna línea precisa de dietas es recomendada para los que viven en diferentes estaciones, climas, o países. Al depender en Él por dirección, Dios os guiará de día en día.

En esas tierras donde existe una abundancia de frutas frescas, granos, y nueces, el alimento a base de carne no es necesario (de hecho no es necesario en ninguna parte del mundo, pues hoy en día toda carne está contaminada y no es el plan de Dios que comamos carne). Y en países donde existe una abundancia de frutas todo el año, debiéramos aprovecharlas.

Dios guiará a sus hijos en el desarrollo de recetas sencillas y saludables que ayudarán a muchos. Desarrollad vuestros talentos y aprended cómo preparar comidas más saludables.

Para poder mejor entender estas cosas, necesitamos entender mejor el proceso de una digestión normal dentro de nuestros cuerpos. El sobrecomer perjudica al estómago y debilita todos los órganos de la digestión. La enfermedad es lo que sigue. Se necesita demasiada fuerza vital al tratar de digerir tanto alimento. El efecto inmediato pudiera ser dolores de cabeza, la indigestión, las punzadas, o la temporal paralización de la digestión. Cómanse buenos alimentos en menos cantidad. No permitáis que cosa alguna pase por vuestros labios que en manera alguna debilite vuestra salud o vida.

Aquello que necesitamos más es alimento espiritual—el estudio de la Palabra de Dios,— pues eso nos proporcionará poder para discernir en la selección de nuestros alimentos y en la cantidad de calorías que ingerimos.

El sobrecomer ejerce un peor efecto sobre el cuerpo que el sobretrabajar. El exceso de alimento sólo obstruye el sistema, recarga la vida, y conlleva a la enfermedad. Demasiado alimento, aun de buena calidad es perjudicial. Cómase con moderación los alimentos apropiados, y sólo en períodos regulares.

No se estudie, o realice trabajo pesado o ejercicio violento inmediatamente después de una comida. Tan pronto como uno termina de comer, tanto la sangre como la fuerza mental se necesitan para ayudar la digestión. Cuando se termina de comer, sálgase afuera y tómese una caminata corta, con la cabeza levantada y los hombros extendidos. Este ejercicio ligero ayudará en gran manera la digestión. La mente es así apartada de uno mismo a las cosas de la naturaleza. Y ése es otro beneficio de una caminata después de comer.

Existe demasiada gente que se mortifica por lo que come. Cómase con alegría, con un sentido de gratitud a Dios. Hágase lo mejor, y luego prosígase con el trabajo cotidiano creyendo que Él hará lo mejor. Si estáis en constante temor que vuestro alimento os perjudicará, lo más probable es que así será. Olvídense los problemas. Pensad en algo alentador y confiad que todo saldrá bien.

Aire puro y fresco, respirado por los pulmones y no impedido por ropa apretada o fajas o cinturones, ayudará en gran manera la digestión. No existe detalle que no sea importante. Es mejor que la ropa cuelgue de los hombros en lugar de usarse fajas. Evítese el comprimir o doblegar los pulmones o el abdomen.

No pase la mayor parte del tiempo mortificándose a usted mismo. Actuad por principio, y vivid para bendecir a otros.

Existe una variedad de alimentos que es mejor elminar o minimizar en nuestras dietas. Una comida de sólo alimentos fríos no debiera ser tomada. Caliéntela primero. Bebidas y comidas muy calientes debilitan el estómago; los alimentos muy fríos requieren un gran desgaste de fuerza vital para poderlos calentar en el estómago antes de que empiece la digestión. El agua fría bebida con los alimentos disminuye el flujo salivar. Entre más frío sea el alimento o el agua, más perjudicial será el daño al estómago. Agua helada o limonada helada detiene la digestión hasta que el estómago se calienta. Los alimentos que son así “lavados” con líquidos, producen una pobre digestión. Cuando los líquidos son tomados con las comidas, el estómago debe absorber el líquido antes de poder empezar a digerir la comida. El sobrecargar así el estómago, puede causar más serios problemas después.

Cuando uno se sienta a comer, tómese tiempo. Mastíquese la comida con lentitud, y no uséis una gran variedad de alimento en una sentada. El beneficio derivado de la comida depende menos de la cantidad, que en cuán cabalmente fue masticada y digerida. La cantidad de tiempo que el alimento permanece en la boca y cuán bien es masticado, es asunto muy importante para una digestión completa. Para poder lograr ésto con efectividad, es necesario comer con lentitud.

No se coma una gran variedad de alimentos en un mismo plato; tres o cuatro tipos de alimentos es suficiente. Es más importante que comamos aquello que esté de acuerdo con nuestro sistema, que el comer de cada platillo que se nos presenta.

Se hace bien al no mezclar frutas con vegetales en una misma comida. Varíense las comidas de día en día. Todos los alimentos mezclados y complicados son perjudiciales para la salud.

Y, sobre todo, que no se coma demasiado. Esta es una de las vías más rápidas hacia la enfermedad y la muerte. Especialmente debieran ser cuidadosas en este punto las personas de trabajo sedentario.

Es mejor que pasen cinco horas entre las comidas. Dos comidas al día es mejor que tres, especialmente para los que hacen relativamente poco ejercicio. Cenas tardías, justo antes de acostarse por la noche, son particularmente dañinas. Si es que se haya de tomar, la tercer comida debiera ser ligera y varias horas antes de acostarse.

Tómense los alimentos en tiempos regulares, y no se coma nada entre comidas.

La fruta es una bendición maravillosa de Dios. Cuando esté a nuestro alcance, debiéramos apovecharla. La fruta fresca, recién cortada, es especialmente buena. Haríamos bien en cocinar menos la fruta y comerla mejor cruda. Pero también puede preservarse en potes de vidrio sellados para uso en el invierno. Frutas de diferente clase—pero no demasiada variedad—en una comida, es algo muy recomendable. Pero aun la fruta no debiera comerse después de haberse uno llenado de una comida regular.

Nunca comáis fruta si existe alguna pudrición. Los vegetales y frutas descompuestos, se fermentan en el estómago e intoxican la sangre. Como se haría con los granos, nueces, y vegetales, así prepárese la fruta en manera tan sencilla como fuera posible.

Los de trabajo sedentario harían bien, de tiempo en tiempo, en participar de una dieta de sólo fruta por un día o dos.

Las frutas son muy beneficiosas en la dieta. Las manzanas son una de las frutas más recomendables para casi toda época del año.

Los granos son otra bendición de nuestro Creador. Cuando se comen los granos y vegetales, se está obteniendo la nutrición de primera mano; pero cuando se come la carne, se está recibiendo la nutrición de segunda mano. Las necesidades del sistema pueden ser mejor suministradas, y la fuerza muscular mejor sostenida, sin el uso de carne animal. Los granos, junto con las legumbres, son alimentos que se guardan bien sin dañarse. No uséis grasa al cocinar vuestros granos. Este principio se aplica tanto a la preparación de frutas como de vegetales.

Los granos para la mazamorra o para cocinar, debieran recibir varias horas de cocinamiento. Pero aun así, son menos saludables que los alimentos secos que requieren cuidadosa masticación. Por esta razón, si la dieta consiste mayormente de cereales, eso no asegura la salud a los órganos digestivos, pues son demasiado líquidos. Mas bien, cómanse frutas, vegetales y pan.

El pan debiera ser cabalmente horneado, y debiera estar liviano y seco. No se use el polvo de hornear o el bicarbonato de sodio cuando se lo prepara. La fuerte alcalinidad de la soda perjudica al estómago. Úsese el agua al perparar el pan, en lugar de usar leche. El pan hecho con leche no se guarda por tanto tiempo, y se fermenta en el estómago. Nunca comáis pan recién salido del horno (pan hecho con levadura), hasta no haber pasado las veinticuatro horas. El pan de tres o cuatro días es más saludable. (Ésto se debe a que ya no queda levadura en él). Pero el pan sin levadura puede ser comido recién salido del horno.

Zwieback es pan que ha sido horneado por segunda vez. (“Zwieback” significa “horneado dos veces”) Ésto transforma el pan en uno de los alimentos de más fácil masticación y digestión. Córtese el pan en tajadas, y luego pónganse en un horno para no sacarlo hasta que el último vestigio de humedad desaparezca. Entonces permítase que las tajadas se tuesten ligera y cabalmente. Si se mantiene en lugar seco, el zwieback se guarda bien por más tiempo, y puede ser recalentado antes de usarse. Siendo que es tan fácil de digerir, el zwieback es buena combinación con la fruta, en una cena.

Cuidaos de pan parcialmente cocinado. Si es suave, masoso, o pegajoso por dentro, no lo comáis. Los bollos calientes y hechos con levadura, no debieran consumirse.

El pan integral es mucho mejor que el pan blanco. Los panes y galletas dulces hechos con soda, causan problemas en el estómago.

Agradeced a Dios por los buenos vegetales que podemos servir a nuestras familias. Nos proporcionan una sólida nutrición. Cuando se los toma directamente de la hortaliza, es mejor. Los hombres fuertes y trabajadores necesitan un buen suministro de vegetales. Tal dieta sencilla es la mejor para nosotros.

Dios desea traer a su pueblo de regreso a las frutas sencillas, los vegetales, y los granos. Éstos poseen las propiedades nutritivas que nuestros cuerpos necesitan. Es éste el alimento que se necesita, no la carne o la grasa.

Hay aquellos que no son capaces de digerir algunos vegetales tan bien como otros.

Evítense las frituras, o cualquier clase de alimento que ha sido preparado con grasa o mantequilla (o margarina). Éstos atrofian el sistema y conllevan a problemas serios después.

Verduras crudas o cocinadas están entre los alimentos más nutritivos. Pero nunca uséis vegetales podridos.

Haríamos bien en conseguir un pedazo de tierra para poder sembrar vegetales y frutas.

El azúcar es un real problema. La gente usa demasiada en la preparación de alimentos, y eso provoca la fermentación en el estómago. La leche y el azúcar, combinados, es una de las peores mixturas, sin embargo ambos son mezclados en los panes, los budines, la pastelería, y otras cosas.

El azúcar atrofia el sistema. Algunos tratan de hacer que el azúcar sustituya el lugar de la buena comida bien preparada. Pero el resultado es la enfermedad y el malestar. El azúcar, en demasía en la dieta, es peor que el consumo de carne. Evitad comer los alimentos muy endulzados en su preparación. Los confetis y cosas similares, es mejor que no se consuman.

Un poco de endulzamiento, como lo que proporciona la miel mezclada con las preservas, es bueno. No es malo usar un poco de leche (no de animal – se puede hacer leche de soja u otros granos como almendra, arroz y otros) o un poco de endulzamiento. Pero sólo un poco de azúcar es todo lo que se necesita. Algunos añaden demasiada azúcar en las gachas, o usan la leche y el azúcar mezclados. Pero ésto no es saludable. La leche, los huevos, y el azúcar, mezclados en recetas, tampoco son buenos.

Los pasteles, la pastelería y los budines podrán tener buen sabor, pero ésto no los hace buenos para nuestra salud. Muchos de estos postres son perjudiciales. Las suntuosas cenas, salsas demasiado condimentadas, manjares dulces, tortas dulces, budines dulces, y los flanes, serían mejor si fueran eliminados por completo de la dieta. A menudo se añaden especias irritantes, lo cual sólo empeora la mezcla. Las jaleas, las mermeladas, y todo lo demás, son una causa activa de la indigestión.

Mas bien úsense frutas. La fruta, fresca o preservada en potes, puede proveer a la familia de una nutrición que los otros deleites, ya mencionados, no pueden. Pero pasteles sencillos y naturales, con algo de endulzamiento pueden ser buenos.

Otros postres que valen la pena, incluirían un simple pastel con pasas, budín de arroz integral con pasas, ciruela pasa, e higos.

Siempre tened cuidado en cuanto a los endulzados. No son realmente necesarios, y pueden ser perjudiciales para el sistema.

Las especias y los condimentos, tan frecuentemente usados en nuestro mundo, son perjudiciales para la digestión. Entre menos excitantes los alimentos, mejor. La mostaza, pimienta, especias, conserva en vinagre, y artículos similares sólo irritan al estómago y afiebran la sangre. Los condimentos ejercen un efecto similar sobre el estómago como lo hace el alcohol. Y ambos ayudan a que se desee algo más excitante cada vez.

En realidad, el uso de alimentos condimentados desarrolla un apetito que lleva hacia el alcoholismo. Y sin embargo, muchos ponen estos artículos de comida delante de sus hijos—comidas condimentadas, salsas ricas, pasteles, y pastelería. Esta comida altamente condimentada, irrita al estómago y causa un deseo por estimulantes más fuertes.

Aquellos que se han complacido con tales alimentos, encuentran difícil sentarse a participar de una comida sencilla y saludable. Pero si se es persistente, el disfrute de alimento sencillo retornará.

No se use demasiada sal en vuestra dieta. Algunos recomiendan un régimen sin sal, pero éso no es bueno. Se necesita un poco de sal en la dieta, pero sólo un poco.

Los encurtidos no debieran ser comidos. (El polvo de hornear y la soda son poductos con demasiada alcalinidad que permanecen excesivamente alcalinos en el sistema; y los encurtidos son lo opuesto; son excesivamente ácidos y de igual manera trastornan el delicado canal intestinal.) Haríamos bien si los encurtidos, el vinagre, la mostaza, los pasteles de comida picante, y cosas similares, fueran completamente omitidos de la dieta.

La gente a menudo usa el vinagre y el aceite en sus ensaladas. (La mayonesa es una combinación de vinagre, aceite, y huevo crudo.) Sin embargo el vinagre causa una fermentación en el estómago, y el alimento no se digiere sino que se pudre y deteriora. Como consecuencia de tal dieta, la sangre no se sustenta, sino que se llena de impurezas. Eventualmente se desarrollan problemas del hígado y de los riñones.

El efecto de la mantequilla en el cuerpo es vastante diferente que el de la crema. (Químicamente, la crema es compuesta de gotas de aceite rodeadas de agua, y por ende es más fácil de digerir. Cuando es batida, la crema se transforma en mantequilla, lo cual es gotas de agua encerradas en un océano de aceite endurecido. Esta sustancia grasosa causa muy serios problemas en el sistema digestivo, y después en el torrente sanguíneo. Nunca se coman cosas grasosas.) Es mejor deshacerse de la mantequilla por completo.

Se ha dicho que un poco de leche o crema en la dieta es de ayuda, pero necesitamos saber que es mejor ir eliminando los mismos. Hoy en día no hay seguridad en el uso de huevos, leche, o crema. Ésto se debe al aumento de las enfermedades en los animales. Dios dará habilidad a su pueblo en la preparación de alimentos sin el uso de estas substancias.

Los animales de los cuales se obtiene la leche y los huevos no siempre están sanos. En muchas ocasiones pudieran estar tan enfermos, al grado que una vaca, aparentemente sana en la mañana, se muere por la noche. Lo que quiere decir que ya estaba enferma por la mañana, y su leche estaba contaminada, pero usted no lo sabía.

El queso nunca debiera ser introducido en el sistema. Es totalmente inadecuado como alimento.

La manteca de cerdo y la grasa atrancan el sistema. El cuerpo no puede metabolizarlos. Manténgase la grasa fuera del sistema. Ella contamina cualquier preparación de alimento. Hace que la comida sea difícil de digerir (y produce un atrofiamiento de las arterias, provocando así los ataques cardíacos.) Por ejemplo, las papas fritas no son saludables, pues la grasa y la mantequilla es usada para prepararlas. Mas bien, sírvanse las papas horneadas o hervidas, con crema y una pizca de sal.

Cómase sólo alimento que esté libre de grasa. Tal dieta resultará siendo una bendición, y evitará después el sufrimiento y la congoja.

Las aceitunas pueden estar preparadas de tal manera que pueden comerse en cada comida con buenos resultados. Pueden tomar el lugar de la mantequilla. Las aceitunas y las nueces, junto con las otras proteinas vegetales, pueden suministrar y sustituir las proteinas de la mantequilla y las carnes.

Las nueces y sus derivados se están usando más a menudo en lugar de las carnes. Debe tomarse cuidado para no usar demasiadas nueces. Tómese tiempo para aprender cómo preparar los alimentos a base de nueces, pero no se usen en demasía.

Alguna clase de nueces no es tan saludable como otra. No se reduzca la dieta a unos cuantos artículos compuestos mayormente de nueces. No debieran ser usadas en abundancia. Combinadas en proporciones desmesuradas con otros artículos en las recetas, hacen la comida tan complicada que no puede ser correctamente asimilada. Una décima a una sexta parte de nueces es la combinación a usar en la preparación de las recetas.

Las almendras son preferibles a los maníes, pero el maní, en cantidades limitadas, puede ser usado con los granos para preparar platillos nutritivos.

El agua es el mejor líquido para limpiar los tejidos del cuerpo, pero tómese entre las comidas y no junto con las comidas. Especialmente se recomienda no usar bebidas muy calientes o muy frías con las comidas. El agua caliente tomada media hora antes de la comida es saludable.

El té, café, tabaco, alcohol, y los narcóticos, no son buenos para el cuerpo y nunca debieran ser usados. Tales cosas pudieran primero aparecer como estimulando y excitando los nervios, pero después resultarán los nervios temblorosos y la falta de dominio propio. Los nervios cansados necesitan reposo y tranquilidad, no estimulación artificial. La intemperancia empieza en nuestras mesas, con el uso de alimentos insalubres. Entonces se recurre a los estimulantes, y los nervios, artificialmente excitados, extraen de la energía en reserva. Después resulta la enfermedad y la postración de los nervios. La única seguridad reside en prescindir totalmente de ellos.

Tened cuidado con la cidra de manzana. A menudo es hecha de manzanas medio descompuestas o con lombrices. Y pudiera tener algún contenido de alcohol.

Jugos de fruta frescos y bien preparados son saludables y una bendición de Dios.

Cuán agradecidos debiéramos ser que el Dios del cielo nos ha provisto con cuerpos maravillosamente diseñados, y con tantísimas bendiciones en la naturaleza para mantenernos en buena salud. Él es nuestro Creador y ¡cuánto le amamos! Usemos cuidadosamente cada una de las Ocho Leyes de la Salud—aire puro, luz solar, temperancia, dieta apropiada, el uso del agua, el ejercicio, el descanso, y confianza en el poder divino,—para mantener nuestros cuerpos en la mejor salud y rindiendo nuestro servicio cotidiano en honor a nuestro Creador.

Un breve resumen de algunos de los principios en esta valiosísima instrucción incluiría varios de estos puntos:

La comida debiera ser sencilla, apetitosa, pero no complicada, o caliente, fría o demasiado líquida. Cómase lentamente y en horas regulares, masticando bien, y sin sobrecomer. La dieta misma debiera consistir en frutas, vegetales (especialmente verduras), granos, y algunas nueces. Ejerced precaución con los alimentos demasiado procesados, endulzados, o condimentados. Hágase un ligero ejercicio después de las comidas, no coma nada de alimento entre las comidas. A través del día, sea alegre, positivo, y viva para ayudar a bendecir a otros. Llene de gratitud sus pensamientos, y alábese siempre a Aquel que siempre se preocupa por nosotros.

Principios adicionales

Dios dio a nuestros primeros padres el alimento que él había diseñado para la raza humana. El fruto de los árboles en el huerto era el alimento para las necesidades del hombre [Génesis 1:29; y después, cosechas del campo, Génesis 3: 17-18]. Dios no dio permiso para el consumo de alimento a base de carne animal hasta después del diluvio. Todo alimento para el hombre había quedado destruido, y por tanto el Señor, previendo la necesidad del hombre, dio a Noe permiso de comer de los animales limpios que él había introducido al arca [Génesis 9:3].

La gente que vivió antes del diluvio comía alimentos de origen animal y gratificaba su apetito hasta que se colmó la copa de la iniquidad, y Dios limpió la tierra de su contaminación moral mediante el diluvio. Entonces descansó sobre la tierra la tercera maldición terrible. La primera maldición se pronunció sobre la posteridad de Adán y sobre la tierra, a causa de la desobediencia. La segunda maldición vino sobre la tierra después que Caín mató a su hermano Abel. La tercera y más terrible maldición de Dios vino sobre la tierra con el diluvio.

Después del diluvio la gente comía mayormente alimentos de origen animal. Dios vio que las costumbres del hombre se habían corrompido, y que él estaba dispuesto a exaltarse a sí mismo en forma orgullosa contra su Creador y a seguir los dictámenes de su propio corazón. Y permitió que la raza longeva comiera alimentos de origen animal para abreviar su existencia pecaminosa. Pronto después del diluvio la raza humana comenzó a decrecer en tamaño y en longevidad. [Compare Génesis 5: 3-32 con 11: 10-26]. —Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 445-446

Al señalar el alimento para el hombre en el Edén, el Señor demostró cuál era el mejor régimen alimenticio; en la elección que hizo para Israel enseñó la misma lección. [Salmo 105: 37]. Sacó a los israelitas de Egipto, y emprendió la tarea de educarlos para que fueran su pueblo. Por medio de ellos deseaba bendecir y enseñar al mundo. Les suministró el alimento más adecuado para este propósito, no la carne, sino el maná, “el pan del cielo”. [Éxodo 16; Salmo 78: 24]. Pero a causa de su descontento y de sus murmuraciones acerca de las ollas de carne de Egipto les fue concedido alimento animal, y esto únicamente por poco tiempo. Su consumo trajo enfermedades y muerte para miles. [Números 11: 4-12, 31-33; Salmo 78: 17-37]. Sin embargo, nunca aceptaron de buen grado la restricción de tener que alimentarse sin carne. Esto siguió siendo causa de descontento y murmuración, en público y en privado, de modo que nunca revistió carácter permanente.—Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 446

Si ellos hubieran estado dispuestos a negarse la satisfacción del apetito en obediencia a las restricciones divinas, la debilidad y la enfermedad habrían sido desconocidas entre ellos. [Éxodo 23: 25; Salmo 107: 4-9]. Sus descendientes habrían poseído fuerza física y mental. Habrían tenido claras percepciones de la verdad y del deber, un discernimiento agudo, y un juicio sano. Pero no estaban dispuestos a someterse a los requerimientos de Dios, y dejaron de alcanzar la norma que él había establecido para ellos, y de recibir las bendiciones que habrían sido suyas. Murmuraron bajo las restricciones de Dios, y codiciaron las ollas de carne de Egipto. [Salmo 106: 13-15]. Dios les permitió tener carne, pero esto les acarreó una maldición. [1 Corintios 10: 5-6]. —Consejos sobre el Régimen Alimenticio, p. 451

Lecciones espirituales

Tenemos nuestro alimento físico, del cual necesitamos participar diariamente. Éste debiera ser de buena calidad. Pero, además, necesitamos alimento espiritual cada día.

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. (Deuteronomio 8:3)

Al peregrinar los israelitas por el desierto, Dios les proveyó maná del cielo para su alimento diario. Era algo nutritivo y sólido. Pero, como lo revela el texto ya citado, el derramamiento del maná habría de servir como una lección objetiva. El pueblo de Dios siempre habría de recibir alimento de él cada día de sus vidas.

Pero él [Jesús] contestó y dijo: Escrito está, no tan sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. (Mateo 4:4)

Hemos de recibir ese alimento espiritual de las Sagradas Escrituras. Sólo Dios puede suplir las necesidades del alma. Hemos de participar de la Palabra de Dios. Jesús es la Palabra viviente, y sus palabras se encuentran en la Biblia.

En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros. (Juan 1: 1, 14)

En él estaba la vida; y la vida era la luz de los hombres. (Juan 1: 4)

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6: 35)

Jesús es el maná espiritual del cielo.

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. (Juan 6: 57-58)

El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. (Juan 6: 63)

Al estudiar la Biblia con oración, participamos de esta vida en Cristo.

Hemos sido comprados con precio, y no somos más nuestros (1 Corintios 6: 19-20). Pertenecemos a Dios y hemos de comer el alimento que él nos provee.

Conduciéndonos de esa forma nos proporcionará la más profunda felicidad en esta vida, y podremos ser salvos para vida eterna.

Recibid el maná diario. Estudiad la Palabra de Dios con oración cada día, y vividla en la vida cotidiana. Si fuéreis humildes y sumisos, Dios usará ésto para transformaros, y, a su vez, ayudar a otros.

“Los justos comerán para la satisfacción de sus almas.”—Proverbios 13: 25

“ÉI te amará, y te bendecirá, y te multipliará.”—Deuteronomio 7: 13

 

 

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