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Será que estamos haciendo algo mal al orar

¿Será que estamos haciendo algo mal al orar?, ¿Escucha Dios mis oraciones?, ¿Haz sentido que pierdes el tiempo al orar?, ¿Te preguntas si tus oraciones son sinceras?, estas y otras preguntas similares son el sentir de muchos. Si no sabes como orar puede ser que esta sea tu preocupación de cada día al tratar de hablar con Dios o tal vez esta sea la razón por la cual no oras más, yo no lo se pero sí se lo que se siente pues he estado ahí también en muchas ocasiones.

Debemos aprender a orar. Debemos reflexionar en como oramos si es que lo hacemos y sobre todo seguir el modelo que Jesús mismo nos dejó. Nunca antes había pensado sobre como son mis oraciones hasta que leí como un autor expresa su idea sobre la oración modelo que Jesús le enseño a sus discípulos “El Padre Nuestro”, la cual podemos leer en Mateo 6:9-13 y Lucas 11:2-4. Se que te hará pensar más a ti también, por eso lo comparto contigo.

Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirlo. La oración no baja a Dios hasta nosotros, antes bien nos eleva a él. Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar a Dios sus necesidades diarias y a echar toda su solicitud sobre él. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían oídas, nos es dada también a nosotros.

Jesús dijo, “De esta manera ora.”

No se refiere a Su oración, sino nuestra oración. Es la oración de aquellos que quieren seguirle. Es también por eso que esta oración debe ser algo que fluye de un corazón verdaderamente convertido. Debe ser una definición de nuestro espíritu y actitud. Un autor lo expresó así:

No puedo decir “nuestro” si vivo solo para mí.

No puedo decir “Padre” si no me esfuerzo cada día para actuar como su hijo.

No puedo decir “que está en el cielo” si no estoy guardando tesoros allí.

No puedo decir “santificado sea tu nombre” si no estoy luchando por la santidad.

No puedo decir “vuestro reino” si no estoy buscando acelerar la bendita esperanza de su venida. 

No puedo decir “hágase tu voluntad” si soy desobediente a su palabra.

No puedo decir “en la tierra como en el cielo” si no le sirvo aquí y ahora.

No puedo decir “danos este día nuestro pan” si estoy egoístamente acaparando y guardando cosas para el futuro.

No puedo decir “perdónanos nuestras deudas” si guardo rencor contra alguien.

No puedo decir “no nos dejes caer en la tentación” si me pongo deliberadamente en el camino de la tentación.

No puedo decir “líbranos del mal” si no anhelo la santidad.

No puedo decir “tuyo es el reino” si no le doy a Jesús el trono de mi corazón.

No puedo atribuirle “el poder” si temo lo que pueden hacer los hombres.

No puedo atribuirle “la gloria” si busco mi propio honor.

No puedo decir “por siempre” si estoy viviendo sólo por premios terrenales temporales.

Cuando oramos la oración del Señor, debe ser en un espíritu de completa entrega. Y si vamos a estar listos cuando Jesús venga, necesitamos aprender a orar como Jesús enseñó. La esencia de la oración está ligada a amar a Dios con todos nuestros corazones, porque realmente no podemos amarlo si no lo conocemos. Si no estamos comunicando nuestras penas y nuestras alegrías, incluso nuestros secretos más íntimos, ¿cómo podemos amarlo?

Jesús nos invita a orar

El Señor nos da el privilegio de buscarlo en forma individual en oración ferviente, o de descargar el alma ante él, sin ocultar nada a Aquel que nos ha invitado: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. ¡Oh, cuán agradecidos debemos sentirnos de que Jesús esté dispuesto a llevar todas nuestras dolencias, y lo puede hacer, fortaleciéndonos y sanando todas nuestras enfermedades si ha de ser para nuestro bien y para su gloria!

“Venid a mí”, es su invitación. Cualesquiera que sean nuestras ansiedades y pruebas, presentemos nuestro caso ante el Señor.

Presentemos a Jesús todas nuestras necesidades

Son pocos los que aprecian o aprovechan debidamente el precioso privilegio de la oración. Debemos ir a Jesús y explicarle todas nuestras necesidades. Podemos presentarle nuestras pequeñas quejas y perplejidades, como también nuestras dificultades mayores. Debemos llevar al Señor en oración cualquier cosa que se suscite para perturbarnos o angustiarnos. Cuando sintamos que necesitamos la presencia de Cristo a cada paso, Satanás tendrá poca oportunidad de introducir sus tentaciones. Su estudiado esfuerzo consiste en apartarnos de nuestro mejor Amigo, el que más simpatiza con nosotros. A nadie, fuera de Jesús, debiéramos hacer confidente nuestro. Podemos comunicarle con seguridad todo lo que está en nuestro corazón.

Presenta a Dios tus necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores. No podéis agobiarlo ni cansarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza, no es indiferente a las necesidades de sus hijos. “Porque el Señor es muy misericordioso y compasivo”. Santiago 5:11. Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aún por nuestra presentación de ellas. Llévale todo lo que confunda tu mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que él no la pueda soportar; él sostiene los mundos y gobierna todos los asuntos del universo.

Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que él no la note. No hay en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que él no pueda leer, ni perplejidad tan grande que él no pueda desenredar.

Les invitamos a que inviertan más tiempo en sus rodillas, pero si no pueden estar de rodillas, te aconsejo que comoquiera ores.  Aprovecha el “pan diario” de la Palabra de Dios y díle a Dios tu deseo de ser transformado(a) de egoísta en desinteresado(a). Oremos los unos por los otros más que cualquier otra cosa.

Si alguna vez sientes que Dios no oye tus oraciones, solo ora más y con más fervor con un corazón sincero y te aseguro que Dios te escuchará, y recuerda que el contesta las oraciones según Su voluntad y te dará lo que mejor te beneficiará, no necesariamente lo que tú crees que es lo mejor, pues el conoce hasta lo más profundo de tu interior.

 


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Dios te bendiga
Ministerio En Los Pasos De Enoc

 

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